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Venezia - dic.03/enero04

Thursday, August 26, 2004

Algo me esperaba en el Ducale - 26-12-1996 -
Algo me estaba esperando en el Ducale.
Nunca entendí nada de pintura y tampoco me gustaba, fue siempre para mi un territorio totalmente desconocido y carente de interés.Un buen día hace algunos años estando en Venezia entré a visitar el Palazzo Ducale, un sitio repleto de las mejores y maravillosas obras de arte imaginables. Fue residencia de los Dux del Véneto en sus mejores épocas de magnificencia y capital de la Sereníssima. La historia dice que Napoleón conquistó a la Serenissima República de Venezia el 12 de mayo de 1797 y que la cedió a la corona austríaca. Era el fin de un milenio de esplendor imperial. En 1866, Venezia se incorporó al nuevo Reino de Italia. Eramos un grupo de cinco y caminábamos atontados las estancias y salas admirando techos artesonados, esculturas, pinturas y decoraciones renacentistas mil. Es impresionante contemplar el esplendor en que vivían esos Señores, se le corta a uno la respiración de verlo.En el Palazzo Ducale -contiguo a la Piazetta de la gran Basílica de San Marcos y de frente al canal grande- trabajaron los mejores artistas que tuvo la humanidad. Algo me esperaba ahí dentro y yo no lo sabía. De pronto vi una puerta con una escalera angosta y me aparté del grupo, una corta escalera que subía hacia algún lado. Entré y subí, arriba había tres puertas con el cartel "vietatto passare", tenía que bajar entonces.Me doy vuelta para descender y algo me llamó la atención... en el rellano, ese espacio muerto que queda arriba del cajón de la escalera, tenía frente a mis ojos una enorme pintura afrescada con un señor que llevaba un chico sobre los hombros.Algo me pasó, no sé decir qué... algo me hizo detener y me senté en un escalón a ver eso... recuerdo la piernas y brazos musculosos del personaje, y el movimiento de torsión que resultaba impreso en la obra. Me pareció una pintura notable, me encandiló y dejó perplejo.No sé cuánto tiempo estuve sentado ahí, solo, tal vez 15 o 20 minutos, no importa cuánto. El hecho palmario es que había recibido el flechazo del arte y el mundo se transformó. En esos minutos me olvidé de todo y mis ojos se confundieron con esa pintura, por un momento fue todo uno, más tarde me di cuenta que había perdido la conciencia de mí mismo. Al bajar me encontré con el resto del grupo que me estaba buscando y me preguntaba dónde me había metido. No me importó ni les dije. Busqué desesperado a algún guardián de los tantos que andan por ahí y lo interrogué por quién había pintado esa maravilla que estaba ahí arriba encajonada. El buen hombre me dijo en perfecto italiano: "questo e del Tizziano Vecellio, signore".De ahí en más el fresco y su pintor fueron para mí una obsesión y al salir del Ducale compré un libro con la obra de Tizziano esperando encontrarlo pero no tuve suerte, tenía muchas estampas pero no la del atleta ese con el chico sobre los hombros.Me pregunté muchas veces qué fue lo que me pasó, qué hizo que a partir de ahí comenzara yo a apreciar el arte de la pintura... -En tren de encontrar alguna respuesta al enigma recordé las musculosas piernas de mi padre que tanto me llamaban la atención de chico, me vino también la seguridad que lleva un niño montado a hombros de un adulto y varias cosas más, todos recuerdos infantiles. Confieso que no tengo una respuesta certera, lo único que sé es que algo me estaba esperando en el Ducale y el encuentro se produjo.Ya de regreso a la patria no perdí ocasión de hurgar en las librerías especializadas tratando de encontrar lo que me había impactado pero no tuve éxito: ese fresco no aparece en los catálogos de Tizziano.Hace pocos días me volvió la pregunta y lo busqué en Internet hasta que lo encontré. Se trata del San Cristobal, pintado en el año 1524 a sus aprox. 36 años. Cierro los ojos y lo tengo presente tal como aquel día de diciembre del 96 en el Palazzo Ducale, justo el día en que mi hija la mayor cumplía 19 años.Recuerdo que -antes de saber quién era el pintor- mientras miraba embobado el fresco me lo imaginaba subido a los andamios de madera trabajando solo ahí arriba tal vez unas cuantas semanas o meses.Qué pensaría ahí encaramado pintando a la luz de hachones de fuego? Qué sentido tendría para ése hombre realizar tan ardua tarea? Cómo sería su vida cotidiana, sus comidas, su familia y amores? Por qué se dedicó a la pintura y no a cualquier otra cosa?
Hubiera imaginado tal vez que su nombre iba a quedar para los siglos y que cientos de años más adelante un turista argentino se iba a sentar justo ahí en esa banal escalera para descubrir el valor de una pintura...? Mientras tanto y absolutamente abstraído en la imagen de Cristobal cargando al niño yo hablaba interiormente con Vecellio, lo veía de espaldas a mí pintando su fresco, observando cada una de las pinceladas. Los siglos de distancia no significaron nada, el encuentro se había producido, algo me estaba esperando en el Ducale y la fortuna quiso que lo encontrara.

Thursday, February 05, 2004

FIRENZE Y EL SINDROME DE STENDHAL
Si usted es de aquellos que, cuando abandonan una ciudad, se preguntan, para poner en orden los recuerdos, “¿Qué te llevarías a casa de todo lo que has visto?”, entonces no encontrará ciudad que se lo ponga más difícil que Florencia. No en vano aquí nació una exquisita enfermedad que ha hecho estragos en los tiempos modernos en los que, como afirma Boris Groys, el turismo se ha destacado como negocio esencial de nuestra sociedad hasta el punto de que ya es el turismo el que crea los lugares que se convierten en sus templos. Esa exquisita enfermedad nació en la iglesia de la santa Croce y aquejó a Stendhal, encargado por tanto de prestar su apellido al mal. Tras un largo día paseando por Florencia, entrando en iglesias y museos, tratando de no perder detalle para alimentar su Diario, admirando tallas, estatuas, fachadas, cúpulas, frescos, repentinamente sintió una extraña angustia acompañada de vértigos. Recurrió a un médico que, tras tomarle el pulso y mirarle los globos blancos de los ojos, le dijo que padecía una sobredosis de belleza.

Había nacido el síndrome de Stendhal, enfermedad que debe ser algo más que una mera anécdota cuando es concienzudamente estudiada, diagnosticada y medicada por los profesionales (hasta el punto de que los mejores especialistas trabajan en un departamento exclusivo del Hospital Santa María Novella). Admitirán que ningún lugar mejor para empezar nuestro paseo florentino que la iglesia en la que nació una enfermedad tan prestigiosa.

Alguien ha dicho que Santa Croce parece un inmenso establo, y en efecto esa impresión puede sacudirnos al reparar en sus techos de madera, y su iluminación pobre. El aspecto exterior no deja sospechar lo que encontraremos dentro, pues la fachada es muy reciente y el mármol blanco que la singulariza no casa del todo con un interior que data de finales del siglo XIII. No hay que olvidar que es una iglesia franciscana, orden que tenía la pobreza como mérito grande para el ascenso a los cielos.

Lo que primero impresionará al Stendhal inevitable que llevamos dentro es el suelo: está tapizado de tumbas hasta el punto de que no será raro acoger la sensación de que hemos entrado en un cementerio. Puestos a hablar de tumbas, uno de los lugares más reclamados del interior de la iglesia es la de Miguel Ángel, que no está en ningún suelo, sino que está custodiada por un conjunto escultórico. Aunque ya que estamos comparando tumbas, hay que decir que una de las más imponentes es la de Galileo Galilei, si bien se trata de un monumento de pega: quiero decir que allí no están los restos del sabio —o no estaban hasta ahora, no sé si eso habrá cambiado— pues la Iglesia condenó como hereje a quien dijo que la Tierra se movía y no se permitió que se le diese sepultura sagrada. Así que su verdadera tumba está -o estaba hasta que el Papa lo redimió de sus terribles y heréticos aciertos- en una capilla a la que no se consiente el acceso de nadie.

De todas maneras, si algo significa de veras Santa Croce no es la colección de muertos ilustres que guarda, sino la inolvidable viveza de los frescos que pintó Giotto, que ha sido denominado el primer pintor moderno. En efecto, su logro esencial consistió en corregir las tradiciones recibidas para arrimar la pintura a un realismo que escapara enérgicamente de la necesidad de lo simbólico. Eso aparte, la radiante pureza de sus colores -muy maltratados por el tiempo, porque pintó sobre yeso fresco, y devueltos a su pureza original por una minuciosa restauración- hacen de sus obras radiantes piezas de un mundo singularísimo.

Se dice que la Santa Croce forma junto con el Duomo y Santa María Novella los símbolos sacros primordiales del orgullo florentino. En efecto, los tres templos fueron pagados por el municipio. El Duomo no pueden llevárselo a su casa aunque lo elijan como lo más inolvidable que vieron en Florencia. La cúpula de teja del Brunelleschi, tan gigantesca, es la proeza mayúscula de un Renacimiento que no cesó de producir proezas. Erigida en el esplendor de la República de Florencia, cuando a la expansión política acompañaban la económica y la urbanística, expresaban el deseo florentino de ascender a su ciudad a la categoría de las grandes. De hecho, el Duomo es la cuarta iglesia de la cristiandad, en cuestión de tamaño.

Si la cúpula de Brunelleschi puede verse desde cualquier punto de Florencia (y de Italia, que diría un florentino), y anuncia cierta ampulosidad, ésta quedará desmentida en cuanto nos internemos en la catedral, de una sobriedad llamativa. Es una pena que se desatendiera la orden de Brunelleschi de decorar el interior de su cúpula con mosaicos: se prefirió recurrir a los consabidos frescos, con escenas del Juicio Final, meritorios pero fatigantes, sobre todo porque oponen al racionalismo evidente del arquitecto una pomposidad que no acaba de casar con él. Como de cuento es el Campanile que diseñó Giotto y que es vecino del Duomo: puede saberse la hora del día dependiendo de si la sombra de Brunelleschi se proyecta sobre el Campanile de Giotto o si la de éste afecta a la cúpula del primero. Hay que subir más de cuatrocientos escalones para alcanzar la cima y echar un vistazo a la plantación de tejados que es Florencia. Sólo con visitar pacientemente el Duomo y el Campanile, ya sentirán leves vértigos stendhalianos, pero si aún le quedan ganas, merece la pena echar una ojeada a las puertas de bronce del Battistero, sobre todo a las que Miguel Ángel bautizó como puertas del Paraíso. Pero nada de esto se podrán llevar a casa, más que metafóricamente.

Esplendor gentil
Donde sí se alinean cientos de joyas que, no lo duden, enriquecerían su salón con una lumbre antigua, hermosa y elegante es en la legendaria Galería Uffizi. Ya los edificios que alojan una de las más impresionantes colecciones del mundo son joyas por sí mismos (quiero decir, que si estuvieran vacíos merecerían igualmente una visita). Son obras de Vasari, y albergan tanto la memoria de lo que fue Florencia —en el sentido más literal del término, porque se guardan allí los archivos de la ciudad— como la ambición de un apellido que es inseparable del nombre de la ciudad (y que no me perdonaré haber tardado tanto en citar): los Médicis.

De las muchas villas que fueron propiedad de los Médicis procede gran parte de la interminable colección de obras que atestan estos edificios. No es sólo una monumental pinacoteca -de hecho es famoso que el historiador del Imperio Romano Edward Gibbon se complacía en decir que a los Uffizi había que ir a ver las esculturas clásicas, y Shelley ni siquiera reparó en los cuadros de las paredes, pues sólo dedicaba atención a discóbolos, pensadores y atletas de mármol-.

Igual que la enfermedad de Stendhal nació en la Santa Croce, el movimiento prerrafaelista inglés nació en los Uffizi, pues fue el interés del crítico de arte y esteta sin desmayo John Ruskin, el que dio aliento nuevo al interés por la pintura renacentista en la que los pintores ingleses del XIX encontraron un magisterio que trataron de imitar. Para no hacer de este párrafo un largo catálogo de nombres propios, diremos que lo más aconsejable para quienes no quieran exponerse al riesgo de padecer allí mismo las sacudidas del síndrome de Stendhal, es dedicar sus fuerzas primeras a la Sala 2, donde Cimabué, Giotto -con un retrato de la Virgen en el que se inventa el realismo- y otros pintores del XIII compiten con obras de una delicadeza, y a la vez una potencia expresivas, difíciles de adjetivar.

Más adelante están los archiconocidos Duques de Urbino que pintó Piero della Francesca. Como se sabe, el duque exigió ser fielmente representado, no mejorado: incluso posó de perfil para que se hiciera evidente su defecto principal, del que se sentía muy orgulloso: una nariz excesiva que debía su tamaño a un espadazo bélico. Unas salas más allá les sobrecogerá El Nacimiento de Venus de Boticcelli, o El Bautismo de Cristo de Verrocchio. Y hay que hacer una visita a La Tribuna, que es una estancia octogonal donde se representa el cosmos y en la que está la sensualísima Venus del siglo III antes de la Cruz.

Es difícil elegir entre tanta Venus -está la de Tiziano, por ejemplo, de la que Lord Byron afirmó que es la Venus definitiva-. Y no se me puede olvidar que destaca también alguna obra maestra de Caravaggio, como El Baco, o alguna obra maestra de Rafael como La Virgen del Jilguero. Se sale de los Uffizi un poco mareado, es cierto, confundiendo nombres e imágenes, sin estar del todo seguro si la Virgen del Cuello Largo es de Parmigiano o de Tiziano.

Imaginemos a Stendhal saliendo de los Uffizi, buscando un poco de aire y acabando en la Piazza della Signoria, la más famosa de Florencia, con su colección de mármoles, bronces y piedras exquisitamente talladas. Sentados en los peldaños de la plaza, decenas de personas tratan de recuperarse, pero no hay lugar donde se pose la mirada que no sea obra de arte. Como se ve es muy difícil elegir algo que llevarse a casa.

Pero la competencia seguirá endureciéndose si se llega a la fortificación del Bargello, donde se instala el Museo Nacional de Escultura y donde Miguel Ángel compite con el gran Benvenutto Cellini y Donatello con Brunelleschi. Y falta todavía acudir a presentar nuestros respetos a la belleza del David de Miguel Ángel, tan impresionante —aunque reconozco que a mí me impresiona más el Perseo de Cellini— allí al fondo de un pasillo de la Galería de la Academia de Bellas Artes de Florencia, que fue la primera escuela de arte fundada en Europa, y cuya colección no tenía otro objeto al principio que proporcionar modelos a los alumnos. Pueden sobrecogerse con los maravillosos Prisioneros de Miguel Ángel -esas figuras que hacen esfuerzos por salir de la pieza de mármol que los encierra- y hacer la obligada visita a la pieza maestra de Buonarotti: pieza de cuatro metros de altura que una vez estuvo expuesta en la Piazza della Signoria hasta que, a finales del XIX, la guardaron en las salas de la Academia.

Hay decenas de museos en Florencia —la Casa de Dante merece una visita, por ejemplo— e incontables iglesias, cada cual con algún retablo maravilloso —en San Marco, los frescos tan puros de Fra Angelico— y no sé cuántos palacios con colecciones imponentes. Florencia es prácticamente obra de una familia de banqueros, los Médicis, que durante tres siglos se enorgullecieron en una creación en la que todo se diría resueltamente medido. Su escudo se ve por todas partes, su nombre aparece una y otra vez en los catálogos de los sitios que hay que visitar. Su historia, en la que no faltan los componentes de novela negra y los de novela erótica, está llena de meandros, laberintos, pasiones. Convirtieron la Toscana en ombligo del mundo, impulsando a pintores, poetas y científicos (por ejemplo beneficiaron a Galileo Galilei alentándolo en sus investigaciones astronómicas).

No es de extrañar que Florencia esté llena de orgullo por su pasado. Lo decía Stendhal: “Pregúntele a los florentinos qué es lo que son y responderán diciendo qué es lo que fueron”. Que su principal problema hoy sea la horda turística ha exigido que la ciudad se defienda a sí misma: al parecer van a imponer una especie de impuesto artístico para limitar las visitas o para conseguir que la conservación de sus tesoros recaiga en los turistas. Desde luego no sólo de arte vive el turista, aunque sí sólo del turismo viva hoy una ciudad como Florencia. El pasado no nos ha dejado hablar de las preciosas obras arquitectónicas de uno de los grandes arquitectos del siglo XX: Michelucci, autor de la maravillosa estación de tren y de la iglesia de San Juan Bautista (dos obras financiadas por el fascismo, pues a Mussolini le encantaba la arquitectura y potenció a los arquitectos racionalistas).

Es difícil decidir qué se llevaría uno a casa de una ciudad como Florencia. Se queda prendado de los colores del Ponte Vecchio, recuerda todo lo que ha visto, se acuerda del síndrome de Stendhal, y acaba decidiendo que tiene que volver para decidir con más confianza. Autor: Juan Bonilla.
EL SINDROME DE STENDHAL
Gran sensibilidad receptiva, avidez, hambre de contemplar la belleza artística y predisposición anímica son las principales características que tienen que coincidir en una persona para que padezca el denominado síndrome de Stendhal, que se puede definir como "la situación anímica que se produce al observar obras de belleza impresionante, fundamentalmente en un corto espacio de tiempo y acumuladas en una ciudad", ha explicado Jesús Martínez-Falero, patólogo digestivo, en su discurso de ingreso en la Real Academia Conquense de las Artes y las Letras sobre El arte, el artista creador y su mundo.

Martínez-Falero, que se jacta de ser el único médico que pertenece a la citada academia, destaca que "todos nos beneficiamos con el regalo que supone para el espíritu contemplar una obra de arte o escuchar una sinfonía que podemos aplicar como terapéutica consoladora en las horas tristes". Martínez-Falero, miembro también de otras tantas academias, se pregunta qué le puede ocurrir al espectador que contempla el arte.

Ciudades artísticas
Para ello, cita el síndrome de Stendhal, que lleva el nombre del escritor francés de finales del XVIII y principios del XIX. Stendhal ya describió este síndrome en su libro de viajes Roma, Nápoles y Florencia, publicado en 1917. "Los expertos que lo han estudiado después -afirma- coinciden en que se produce en personas que contemplan la extraordinaria belleza artística, acumulada en una ciudad en poco tiempo y ávidas del arte".

Suelen ser turistas de mediana edad, en mayor proporción mujeres, que viajan solas, procedentes de ciudades tranquilas, de vida ordenada, monótona y sin grandes estímulos artísticos, que "después de visitas sucesivas a bellos recintos arquitectónicos, repletos de pinturas y esculturas, son víctimas de un estado de ánimo que se manifiesta en un cuadro clínico con variantes en cada caso, pero que generalmente se presenta con angustia, confusión, excitación, temblor, palpitaciones en el corazón, sudoración, zumbido de oído; todo de aparición súbita y con un evidente sustrato vegetativo". J. Escudero

Wednesday, February 04, 2004

POST-SCRIPTUM

La Plata, miércoles 4 de febrero 2004
Hola a todos. Me quedó por contarles una alternativa del viaje de regreso. El domingo debí salir de Spresiano en tren hacia Venezia Mestre para desde ahí combinar hacia Milano. Como tenía que esperar cinco horas hasta la partida del vuelo a Frankfurt, gracias a una sugerencia de Yeyo dejé la valija en el “bagallero” de la estación central de trenes de Milano y enfilé directo a hacer algo que valía la pena. Antes de proseguir voy a contar otra cosa.

Ya me cansé de relatar lo evidente: los italianos se manejan con una moneda y unos valores muy distintos a los nuestros, su relación ingresos-egresos nada tienen que ver con la propia tercermundista; nos resulta demasiado elevada por no decir casi imposible. En la Términi de Milano intenté comer algo y me arrimé a un bolichito de los tantos que hay, miré y miré hasta que me decidí por un “panini” o sea un sanguchito de jamón y queso (de dorapa)… E.3 o sea $10 argentinos. Iba a acompañarlo con una Coca Cola pero desistí, no iba a pagar E.2.50 por un vaso de Coca.

La Estación Central de trenes de Milano es grandiosa, digna del potencial económico que representa la ciudad. Decir gigantesca es poco, muy sólida en su construcción mezcla ladrillos y enormes piedras con estatuas y gigantescos leones que tiran toneladas de agua por la boca. Como en todos los otros lados donde estuve en éste se observa lo mismo… pasan miles y miles de personas por día y los pisos brillan, los mármoles relucen, casi no hay papeles tirados, todo funciona. Los mosaicos del pavimento semejan a los de Acquileia, hechos con esas piedritas policromadas tamaño media ficha de dominó que dibujan animales y bellas formas simétricas. Me llamó la atención la monumentalidad del edificio con sus tres o cuatro niveles de escalinatas. Al lado hay una plaza llamada “Duque de Aosta”. El bagallero me costó E.3 pero es por 9 hs.

Tomé el subterráneo (E.1) y me fui a conocer IL DUOMO di MILANO, una deuda que tenía con mi vista. Son nada más que cuatro estaciones, en la cuarta –San Donato- te bajás, salís por las escaleras mecánicas y te topás de frente con el monstruo gótico. Ay! hermano! ... madre mía lo que es esa chiesa… son infinitas agujas que se elevan al cielo queriendo agujerearlo rodeadas por miles de estatuas empotradas, arbotantes y gárgolas. Adentro se te caen las medias (se me caen de vuelta porque ya se me cayeron mil veces)… faaaa !!! Que Zeus, Dios, Abraham, Zoroastro y toda la runfla divina bendigan a los arquitectos que idearon semejante monumento y a los obreros que lo levantaron. Adentro me compré el librito de 20 carillas más barato que había (E.2) para poder dar una somera idea a mis amigos: 5 naves, 52 columnas que no abrazan una ni 20 tipos tomados de las manos, 158 mts. de largo, 93 mts. en el transepto, 45 mts.de altura hasta el techo en la nave central y 108 en la cúpula, 12.000 mts.2 cubiertos, 3.600 estatuas, 164 ventanas, 150 gárgolas, 4 órganos y unas vidrieras de vitraux que te hacen temblar, al igual que los mármoles del pavimento. Lo comenzaron a construir en el año 1386 y lo inauguraron en 1577, y aunque parezca mentira… en 1943 los genios militares lo bombardearon (los milicos tienen la puta costumbre de ir casi siempre a contramano de las manifestaciones culturales de los siglos).

Hay una estatua en particular que me conmovió, es la de San Bartolomeo deshollado llevando su propia piel sobre los hombros cual un digno manto; la talló un tal Marco D’Agrate en 1562. Il Duomo di Milano no es sólo de estilo gótico pero el abside sí lo es enteramente y es el más grande de todas las catedrales góticas de Europa.

Y ya que estaba en la ciudad de los Señores Sforza no me iba a ir enseguida de manera que entré en una enorme galería que está al costado del Duomo llamada Pasaje Vittorio Emanuele II, totalmente techada y muy bonita en su magnificencia y estilo. Alguien me dijo que es una de las galerías más renombradas de Europa y supongo que lo es porque la vi, la caminé, la juné bien de piso a techos y comprobé lo que me dijeron. Hice unos 200 mts. por dentro y desemboqué en otra plaza que tenía en el medio una gran estatua dedicada al maestro Leonardo da Vinci rodeado por sus cuatro discípulos (Andrea del Sarto y los otros tres). Leonardo mira hacia el suelo muy reconcentrado pero enfrente de él hay un edificio que me llamó la atención; le pregunté a unos estudiantes que estaban charlando en un banco y una de las chicas me dijo “Ma! Signore! … questo e l’edifici piu bello dil mondo, e la Scala de Milano, il palazzo di la música !!!” Tante grazie signorina !!!. En efecto, tenía delante de mis ojos La Escala de Milán, tal vez el más célebre monumento a la música que exista. Lo único que lamenté es que no estuviera Zulma conmigo convidándome con chocolate fondente.

Desandé rápido mis pasos queriendo llegarme hasta el refectorio de Santa María delle Grazie para ver La Cena del Vinci pero no me daba el tiempo así que regresé a la estación del tren, retiré mi valija y me fui al aeropuerto de Malpensa. Gracias Yeyo por el dato. Mario

Saturday, January 31, 2004

Spresiano, sábado 31 de enero 2004
Queridos amigos, ésto se acaba. Mañana domingo salgo temprano de regreso a mi Patria via Milano, Frankfurt, Buenos Aires. El lunes por la mañana estaré llegando al Rio de La Plata. Les mando un abrazo por anticipado y espero verlos a la brevedad. Este relato termina acá. Arrivederchi !!! Buona domenica e chi vediamo !!!. Mario


ATENCION. ESTE « CUADERNO DE BITACORA » LO COMENCE A ESCRIBIR EL 24 DE DICIEMBRE 2003 Y VA DE ADELANTE PARA ATRAS, VALE DECIR QUE LO ULTIMO ESCRITO ES LO QUE PRIMERO APARECE. PARA LEERLO DESDE EL COMIENZO HAY QUE IR AL ARCHIVO DE DICIEMBRE Y COMENZAR DESDE ABAJO HACIA ARRIBA, LUEGO HACER LO MISMO CON ENERO. IMAGINO YA SE VAN A DAR CUENTA. MARIO WWW.ZULMARIO.BLOGSPOT.COM
JOSEMARIOVIDAL@YAHOO.IT
TIZZIANO y GIORGIONE. El año 1508 es fundamental en la historia de los comienzos de Tizziano: en esta fecha es encargado con Giorgione de decorar al fresco el Fondaco dei Tedeschi. Tizziano debe pintar la fachada que da a la Mercería, mientras que a Giorgione se le confía la fachada principal, la del Gran Canal. De estos trabajos subsisten algunos fragmentos, conservados en L’Accademia y en la Sopritendenza ai Monumenti (Venecia), y la serie de grabados realizados por Zanetti en el siglo XVIII. Si juzgamos por estos escasos testimonios, Giorgione es el verdadero y principal maestro de Tizziano, al que enseña su manera de sugerir las formas más que subrayarlas, así como su sentimiento de la naturaleza. Pero es verdad también que, desde sus comienzos, el alumno se diferencia del maestro, con quien no comparte ni el lirismo contemplativo ni la indiferencia por las realidades terrestres.

Dotado de un temperamento dramático y de una fogosa energía, TIZZIANO saca provecho de la lección naturalista del siglo XVII veneciano y la aplica con fuerza a los frescos de la Scuola del Santo, en Padua (Milagro del recién nacido, San Antonio cura a un joven, El Marido celoso), realizados en 1511. En estas escenas, Tizziano organiza el espacio en una composición cadenciosa que escanda una sucesión de volúmenes envueltos en colores contrastantes y atrevidos: en ellos, hombres y mujeres «verdaderos» viven pasiones precisas en un paisaje tratado como en un decorado de teatro, en un espacio del que son amos, trascripción de un fenómeno en continuo cambio más que la atmósfera inefable de Giorgione.

La critica actual considera anteriores al período 1508-1511 o contemporáneas a éste algunas obras en las que Tizziano revela su desligamiento progresivo del mundo giorgionesco; pertenecerían a los comienzos del maestro cuatro paneles de «cassone» que representan el Nacimiento de Adonis, el Bosque de Polidora (Padua, Museo Cívico), Endimión (Menon, Penn., Barnes Foundation) y Orfeo y Eurídice (Bérgamo, Accad. Carrara). En ellos se reconoce ya una sensibilidad abierta a los efectos espaciales cromáticos, desconocida para Giorgione, con la que Tizziano explota las novedades temáticas y el descubrimiento del color «constructivo». A este período inicial pertenecen la Circuncisión (New Haven, Yale University Gal.), la Huida a Egipto (Ermitage), Jacopo Pesaro, presentado a san Pedro por el papa Alejandro VI (museo de Amberes), donde en una estructura de composición aún quattrocentesca, los personajes asumen una vitalidad nueva (aunque hay quizás que pensar en dos intervenciones) y la Virgen y el Niño con San Antonio de Padua y San Roque (Prado), de un giorgionismo tan acentuado que puede parecer intencional.

Al sentimiento patético del maestro, Tizziano opone una fuerte caracterización en los retratos (Gentilhombre apoyándose sobre un libro, Washington, N.G.; la Schiavona, Londres, NG.). En Retrato del hombre llamado Ariosto (Londres, N.G.), la presentación, aún giorgionesca, está simplificada al extremo con la ayuda de algunos planos monumentales: la ampliación de la mancha violeta, lo hinchado del ropaje de raso y la proyección de la imagen por la copa limpia de la balaustrada. Las afinidades de la Susana (Glasgow, Art Gal.) con los personajes del Milagro del recién nacido (Padua, Scuola del Santo) llevan a situar en 1510 esta obra llena de torsiones y escorzos bruscos atenuados por tintes transparentes. Con la xilografía del Triunfo de la Fe (hacia 1511), el primero de los cinco grabados y que se ha conservado en el gabinete de Estampas de Berlín-Dahlem, esta obra representa un punto culminante de la contestación antigiorgionesca.

Pero, en octubre de 1510, Giorgione muere y su otro alumno rebelde, Sebastiano del Piombo, parte para Roma, mientras que Giovanne da Udine y Mono da Feltre viajan a Italia central; Tizziano se sabe como único heredero de la lección del maestro, esto junto a la maduración natural de un temperamento destinado a permanecer fogoso, le empuja a meditar sobre el arte de Giorgione. De esta nueva actitud nacen obras en las que la línea de demarcación entre las manos de los dos artistas es difícil de fijar; para el Concierto campestre (Louvre) es probable la intervención de Tizziano para terminar la obra, dejada inacabada por el maestro, mientras que para el Noli me tangere (Londres, N. G.), el Concierto (Florencia, Pitti), la Alegoría de la vida humana (Edimburgo, N.G.), la Bohemia (Viena, K.M.) y la Carga de la cruz (Venecia, Scuola di San Rocco), todos ellos impregnados de una atmósfera aún idealmente giorgionesca, la crítica actual (Pallucchini, 1969) piensa en general que fue obra sólo de Tizziano.
TIZZIANO. Figura principal de la escuela veneciana del siglo XVI y configurador de su tradición colorística y pictórica. Tizziano, cuyo nombre completo era Tizziano Vecellio, nació en Pieve di Cadore, al norte de Venecia, en 1477, aunque algunos especialistas fechan su nacimiento diez años después, en 1487.

En Venecia, fue condiscípulo de Giorgione en el taller de los Bellini. Giovanni Bellini dejó una destacada impronta en su obra. Las obras juveniles de Tizziano se confunden a veces con las del pintor veneciano Giorgione, creando problemas a los especialistas.

La primera referencia documental que poseemos de Tizziano data de 1508, a raíz del encargo de los frescos para el exterior del Fondaco dei Tedeschi (Lonja de los alemanes), en colaboración con Giorgione. Por desgracia, los frescos nos han llegado sólo de modo fragmentario. Los especialistas disienten sobre las obras de principios del siglo XVI que deben adscribirse a Tizziano. Entre estas primeras obras deben citarse la Natividad Allendale (National Gallery, ciudad de Washington), todavía atribuida a Giorgione por muchos autores, y El concierto campestre (hacia 1510, Museo del Louvre, París), atribuida por lo general a Giorgione, aunque hoy se piensa que es obra de Tizziano o una obra de colaboración entre ambos. Del mismo modo, los estudiosos del tema muestran unanimidad a la hora de atribuir a Tizziano la Virgen gitana (hacia 1510, Kunsthistorisches Museum, Viena). Esta pintura es una adaptación de una composición de Giovanni Bellini, pero la Virgen presenta aquí un tipo más realista y los colores y texturas tienen una calidad que preludia la obra posterior de Tizziano.

En Padua, Tizziano realiza en 1511 los frescos de los Milagros de san Antonio para la Scuola del Santo. Estas narraciones demuestran su capacidad para dotar a las figuras de un sentimiento de aflicción convincente, de vida impulsiva, al tiempo que ordena los hechos con realismo en el marco de paisajes de gran viveza.

Tizziano poco a poco enriqueció el idílico estilo de Giorgione. Los cuerpos y los objetos adquieren progresivamente una sensual densidad y esplendor, los paisajes se vuelven más resonantes, la gama cromática gana en intensidad y profundidad pero también en armonía como se observa en Las tres edades del hombre (hacia 1513, Galería Nacional de Escocia, Edimburgo) y Amor divino y amor profano (hacia 1515, Galería Borghese, Roma). El proceso culminó en las bacanales que Tizziano pintó para el duque Alfonso d´Este en una estancia de su palacio de Ferrara entre 1518 y 1522 (Bacanal y La ofrenda a Venus del Museo del Prado, Madrid, y Baco y Ariadna, hoy en la National Gallery de Londres).

Estas obras se consideran las más famosas e influyentes del renacimiento, y transforman la idílica Arcadia de Giorgione en celebraciones dionisíacas. Están basadas en la literatura clásica y adaptan personajes de la estatuaria antigua y de Miguel Ángel; sin embargo, reproducen un mundo de vital sensualidad, belleza y contemporaneidad. Las dinámicas vibraciones de estas piezas tienen su paralelo en su obra de temática religiosa correspondiente al mismo periodo.

Entre las primeras obras sobre este tema destaca la Asunción de la Virgen (1516-1518) sobre el altar de Santa María dei Frari en Venezia, que destaca por la maestría en la composición y movimientos de un nutrido número de personajes tratados con un sorprendente sentido de la monumentalidad. Diseñados para ser vistos de lejos, sobresale también su fuerte colorido y luz dorada. Al destaparse la obra causó una gran sensación.

La misma tónica de monumentalidad se observa en la Virgen de Pésaro (1519-1526) del mismo templo, donde Tizziano realiza un cambio crucial en el modelo renacentista de sacra conversazione (pinturas de la Virgen con el Niño entre santos, estableciéndose alguna relación entre los personajes sagrados), situando a la Virgen, tradicionalmente colocada en el centro de la composición, en la parte derecha del cuadro, y pintando tras ella dos enormes columnas en perspectiva que se elevan más allá del espacio pictórico. Este nuevo esquema fue adoptado por artistas posteriores, como Paolo Veronés o los Carracci, abriendo el camino del estilo barroco por su sentido de movimiento y de infinito.

La más dinámica de las obras de Tizziano de este periodo fue la colosal Muerte de san Pedro mártir (1530, destruida), en donde la acción violenta encuentra eco en la convulsión de los árboles y del cielo. Estas obras, religiosas y profanas, revelan el conocimiento de Tizziano de los logros alcanzados por el renacimiento en Roma y Florencia.

Antes de que visitara Roma en 1545-1546, el conocimiento de estos trabajos lo realizaría el artista a través de dibujos y grabados, que actuarían como un estímulo y ayuda para crear un equivalente veneciano: un estilo renacentista de igual forma complejo, monumental, dinámico, pero con la particularidad de explotar al límite los recursos cromáticos tradicionalmente venecianos, la pincelada suelta, impresionista en el caso de Tizziano, y la creación de efectos atmosféricos.

Sus obras de la década de 1530 están traspasadas por una relativa serenidad, sutileza y refinamiento cromático, como se observa en su Venus de Urbino (1538-1539, Uffizi, Florencia), que hace una revisión de la Venus dormida de Giorgione (hacia 1510, Gemäldegalerie, Dresde). No obstante, un nuevo ímpetu de energía se plasma en La batalla de Cadore (hacia 1540, en su época en el Palacio Ducal de Venecia y hoy conocida a través de copias) y en tres grandiosas pinturas de techos (1543-1544, Santa María della Salute, Venezia), en las que escorzos violentos y figuras titánicas indican el conocimiento del estilo manierista por parte del pintor. (Estos cuadros los vimos en Santa María della Salute, Venezia el 8 de enero)

Tizziano es un retratista de primera calidad y sus innovaciones más importantes se centran en este campo entre las décadas de 1530 y 1550. En 1516 había sido nombrado pintor oficial de la República Veneziana, y trabajó a partir de aquí en las cortes de Ferrara y Mantua. En las décadas de 1530 y 1540 viajó a Bolonia para realizar los retratos del emperador Carlos V y del papa Pablo III, y visitó Roma por orden de este último, donde conoció a Miguel Ángel.

Entre 1548 y 1550 consta su permanencia en la corte de Carlos V en Augsburgo, Alemania, lo que le proporcionaría el encargo de multitud de retratos. Tizziano crea como retratista un tipo de descripción solemne y opulenta, realizando una síntesis entre la captación de la psicología y temperamento del personaje y la atención a los detalles de vestuario y al escenario, que definen a su vez la categoría social de la persona retratada. Entre sus numerosos retratos cabe destacar el del Caballero del guante (hacia 1520, Museo del Louvre, París), y la significativa colección que posee el Museo del Prado de Madrid: Federico Gonzaga (hacia 1526), el famoso Autorretrato (entre 1560-1566) del pintor a los 80 años, con una técnica casi impresionista; Carlos V en la batalla de Mühlberg (1548), que es un retrato ecuestre; los dos de Felipe II, uno de joven con armadura (1551) y otro de gran tamaño, muy parecido en la composición al de Carlos V en Mühlberg; La emperatriz Isabel de Portugal (hacia 1548), de medio cuerpo y el del Marqués del Vasto arengando a sus tropas.

Frente a los fondos neutros de sus primeros cuadros de este género, introduce en la mayoría de estos retratos cortesanos algún detalle de ambientación como puede ser una columna, una cortina o una vista del paisaje.

Por otro lado, en algunos retratos de la década de 1540, como en el de Pietro Aretino (Colección Frick, Nueva York) o el del papa Pablo III (1543, Museo Capodimonte, Nápoles) utiliza su inigualable maestría para hacer partícipe al espectador de la vida interior del retratado.

A partir de 1550, de vuelta a Venezia, su estilo ha cambiado de nuevo. En las series de pinturas mitológicas realizadas para el rey Felipe II de España, las formas pierden de forma gradual solidez, diluyéndose parcialmente en vagas texturas y pinceladas vibrantes, a la vez que el color se hace más intenso. Ejemplos de ello son La ninfa con el pastor (Kunsthistoriches, Museo de Viena) y El rapto de Europa (hacia 1559-1562, Museo de Isabella Stewart Gardner, Boston). El punto culminante se alcanza en la violenta Muerte de Acteón (hacia 1561, National Gallery, Londres), con su tonalidad broncínea y texturas espejeantes. De mayor profundidad es Marsias desollado (hacia 1570-1576, Kromeriz, Checoslovaquia).

Dentro del capítulo de la fábula pagana llevada a sus máximos extremos de sensualidad y magnífica interpretación del desnudo femenino tenemos Danae recibiendo la lluvia de oro, uno de los más hermosos desnudos salidos de su pincel; Venus y Adonis, y Venus y la música, pintadas en la década de 1540 por encargo de Felipe II y hoy en el Museo del Prado. Tizziano utilizó el término "poesías" para denominar estas pinturas mitológicas.

Estas obras son contemporáneas de una serie de pinturas religiosas en las que se observa la misma disolución progresiva de las formas a través del color y la luz. A menudo en escenarios nocturnos, destacan La Anunciación (1560-1565, San Salvador, Venecia) y La coronación de espinas (c. 1570, Pinacoteca de Munich). En estas obras el estilo desmaterializado de Tizziano busca crear un ambiente trascendente.

Este estilo tardío, como fenómeno asombroso en el contexto del arte renacentista, tiene su última manifestación en la Piedad, realizada por Tizziano para su propia capilla sepulcral, obra que dejó inacabada y que hoy se conserva en L’Accademia de Venezia.

Tizziano murió en Venecia en 1576. Su obra, que afectó de manera decisiva a la evolución de la pintura europea, proporcionó una alternativa igualmente poderosa y atractiva que la lineal y plástica tradición florentina seguida por Miguel Ángel y Rafael. Esta alternativa, que sería tomada por Petrus Paulus Rubens, Diego Velázquez, Rembrandt, Eugène Delacroix y los impresionistas, sigue viva en la actualidad. Por derecho propio, la obra de Tizziano se considera en la cima de los logros y éxitos en el campo de las artes visuales.
GALLERIA DEGLI UFFIZI – FIRENZE - ITALIA
Algunos de los pintores que ofrecen, sólo algunos.

Andrea del Castagno (1421-1457)
Andrea del Sarto (1486-1530)
Guido di Pietro detto Beato Angelico (1395-1455)
Giovanni Bellini (1425-1516)
Sandro Botticelli (1445-1510)
Agnolo di Cosimo Tori detto Il Bronzino (1503-1572)
Giovanni Antonio Canal detto Il Canaletto (1697-1768)
Michelangelo Merisi detto Il Caravaggio (1571-1610)
Cenni di Pepo detto Cimabue (1240-1302)
Antonio Allegri detto Il Correggio (1489-1534)
Lukas Cranach el Viejo (1472-1553)
Eugene Delacroix (1798-1863)
Domenico di Bartolomeo detto Domenico Veneziano (1410-1461)
Alberto Durero (1471-1528)
Bartolomeo della Porta detto Fra Bartolomeo (1472-1517)
Gentile da Fabriano (1370-1427)
Domenico Bigordi detto Domenico Ghirlandaio (1449-1494)
Ridolfo Bigordi detto Ridolfo del Ghirlandaio (1483-1561)
Giorgio Zorzi detto Il Giorgione (1477-1510)
Agnolo di Bondone detto Il Giotto (1267-1337)
Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)
Hans Holbein el Joven (1497-1543)
Leonardo da Vinci (1452-1519)
Filippino Lippi (1457-1504)
Filippo Lippi (1406-1469)
Ambrogio Lorenzetti (1519-1548)
Lorenzo Lotto (1480-1556)
Andrea Mantegna (1451-1506)
Tommaso di Giovanni Cassal detto Masaccio (1401-1428)
Memmi Lippo (1517-1544)
Miguel Angel Buonarotti (1475-1564)
Andrea di Cione detto Il Orcagna (1545-1568)
Paolo di Dono detto Paolo Uccello (1397-1475)
Francesco Mazzola detto Il Parmigianino (1504-1540)
Pietro Vannucci detto Il Perugino (1448-1525)
Pietro di Benedetto detto Piero della Francesca (1416-1492)
Antonio Benci detto Antonio del Pollaiolo (1451-1498)
Jacopo Carucci detto Il Pontormo (1494-1556)
Rafael Sanzio detto Rafael de Urbino (1483-1520)
Rembrandt (1606-1669)
Cosimo Roselli (1459-1507)
Giovan Battista di Jacopo detto Rosso Fiorentino (1494-1540)
Rubens Pieter Paul (1577-1640)
Francesco de Rossi detto Cecchino Salviati (1510-1565)
Sebastiano Luciani detto Sebastiano del Piombo (1485-1547)
Luca Signorelli (1445-1525)
Jacopo Robusti detto Il Tintoretto (1518-1594)
Tizziano Veccelio (1488-1576)
Hugo Van Der Goes (1440-1482)
Giorgio Vasari (1511-1574)
Diego Rodrigo de Silva y Velazquez (1599-1660)
Paolo Caliari detto Il Veronese (1528-1588)
Andrea di Cione detto Il Verrocchio (1435-1488)
Etc. etc. etc.
Spresiano, sábado 31 de enero 2004
Hola; continúo con el relato del segundo y final día en la ciudad de las bellas artes por excelencia. En 1966 Firenze sufrió una catástrofe natural casi peor que si la hubieran bombardeado; se desbordó el fiume Arno como nunca en su historia y prácticamente la dejó bajo las aguas hasta la mitad de las paredes de las casas. Los florentinos recuerdan la fecha con amargura y hay muchas paredes donde grabaron en la piedra la marca del agua. Las pérdidas materiales y de obras de arte fue demoledora, como si la hubiera saqueado Atila. Miles de libros incunables medievales, tallados en madera, pinturas, etc. etc. navegaban entre un fangal a la deriva. La fecha quedó para la historia: el 4 de noviembre de 1966.

Dormimos 10 hs. como los dioses bien cuidados por San Pietro in Gattolino. Desayunamos en el hotel, pagamos la cuenta (E.65, un regalo) y salimos de pique para la GALLERIA DEGLI UFFIZI donde estuvimos seis horas y media, de las 9 a las 15.30 hs. El día estaba soleado y Uffizi totalmente calefaccionado. Yo ya había estado en Firenze tres días en enero del 97 pero Zulma no la conocía; bueno, se quedó medio atontada tanto con la ciudad como con los Uffizi, nunca se había imaginado lo que iba a contemplar ahí adentro.

Solamente voy a mencionar los principales artistas de las obras que se pueden apreciar en los Uffizi, con eso alcanza para dar una somera aproximación de los que este museo –uno de los principales del mundo- y el por qué nos quedamos tantas horas. Cobran la entrada E.6.50 pero si cobraran 20 ahí no te queda otra que pagarlos: los vale. Son 42 bellísimas salas y ocupa con dos plantas en forma de U todo el lateral del Palazzo Vecchio hasta el Arno. Antes de mencionarlos quiero decir que los artistas que trabajaron en la Toscana -Firenze está en esa región meridional de Italia- son en su mayoría distintos a los mencionados en los relatos de Venezia; eran dos escuelas de pintura con sus rasgos distintivos y sus rivalidades. Unos pocos pintores –extranjeros- no trabajaron en la zona pero sus cuadros fueron comprados para la colección de la Gallería. Voy a colocar aparte los nombres de algunos de ellos, los más conocidos.

Esta vez respecto de cuando estuve en los Uffizi en el 97 me encontré con una agradable novedad, han restaurado muchas pinturas utilizando lo mejor que tiene la técnica moderna al respecto. Dos ejemplos: hoy se pueden apreciar La Medusa del Caravaggio y La Anunciación de Leonardo como si hubieran sido pintadas la semana pasada; la otra vez estaban tan oscuras que eran casi inapreciables. Han aplicado el restauro a cientos de pinturas y si uno piensa que para eso usan la plata que te cobran, bueno… están disculpados.

Luego de Uffizi y faltando dos horas para el tren de regreso paseamos un poco al azar por las callecitas. En una de esas nos topamos con la casa donde había nacido y vivido el Dante, es chiquita y está en un callejón angosto que tiene delante una pared de siglos. Te comociona pararte en la puerta de la casa y saber que por ahí entraba y salía a diario unos de los escritores más laureados de todos los tiempos. Zulma me sacó una foto en la puerta y mientras disparaba el flash por unos breves segundos me sentí el mismísimo Dante Alighieri. JA! En otra vueltita de esas y mirando distraídamente vi una placa en una pared donde decía que ahí se había alojado entre 1868 y 1869 Dostoievsky mientras escribía “El Idiota”; es justo frente al Palazzo Pitti.

Firenze no es como Spresiano ni como el norte de Italia, ahí la gente no respeta las líneas cebra de las calles y la infinidad de motos que circulan se te vienen encima y tenés que correr; si ponés un pie en la calle te lo pisan. Pasamos varias veces por el archifamoso Ponte Vecchio con sus decenas de comercios que venden las joyas de marca más caras que existen; es un infierno de joyerías y de perlas, diamantes, marfiles, rubíes… qué sé yo… el día que se venga abajo va a llorar más de uno… van a tener que desviar y dragar el Arno para recuperar la merca. Salutti !!! Mario Vidal detto Il Marione
Spresiano, sábado 31 de enero 2004
Buenos días a todos. Sigo con lo de anteayer en FIRENZE. Santa Ma. del Fiore es una chiessa austera; exceptuando las cosas que conté –que no son pocas- está bastante despojada de oropel, artesonados y altares laterales, es sobria comparada con otras. Estando en Il Duomo se había largado a llover y al salir caían esos putos pedazos de hielo que te congelaban hasta el culo, hacía rato que estábamos ateridos de frio pero igual seguimos adelante. Hicimos otros 300 metros y caímos en la PIAZZA DELLA SIGNORIA… OHHHH !!! Estábamos en el centro cívico y político del Ducado Mediceo, piazza que quedó tal cual era en los siglos del renacimiento (las pinturas de época dan fe de ello), hasta el pavimento es original; mires para donde mires te invade el asombro, dejás volar la imaginación 300, 400, 500 años atrás y los ves a Maquiavelo, el Giotto, Petrarca y su Laura, el Dante y su Beatrice, Leonardo, Miguel Angel, … caminando esas mismas calles, viendo lo que vos estás viendo, conversando entre ellos en las mismas baldosas donde vos estás parado en ese momento. No hace falta mucho vuelo para imaginar la pira donde lo quemaron vivo a Savonarola en un rincón de esa piazza o verlo a Lorenzo de Médicis atravesarla raudo a caballo.

La imponente mole del Palazzo Vecchio, la fuente de Neptuno, la estatua de Cosme I, la Loggia dei Lanzi con el inigualable Perseo de Benvenuto Cellini y el Rapto de Las Sabinas de Giambologna, El David y etc. etc. (dije que no iba a abundar). Por supu que la mayoría de las estatuas al aire libre son copias, los originales están dentro de los museos a salvo de la contaminación ambiental.

Me vuelve una vez más lo que decía mi amiga Ruth: el que más sabe es el que más ve. Para visitar una ciudad como Firenze y tantas otras de esta varias veces milenaria Italia, para poder apreciar lo que ven tus ojos metro a metro y darte cuenta dónde estás parado tenés que conocer previamente algo de la historia de la humanidad o irlo leyendo durante el viaje, de lo contrario es un lamentable desperdicio. Por ejemplo, si no tenés una cierta dosis de conocimiento sobre historia sagrada y mitología griega y romana te perdés mucho en la posibilidad de apreciar pintura y escultura renacentista. Si mínimamente uno no distingue en arquitectura los estilos románico, bizantino, gótico, renacentista y barroco (no es difícil) se te pasa por alto el abc de una ciudad y su historia de siglos. En mi parecer no es preciso ser universitario ni especialista aunque sí tener acreditado un buen secundario o una mínima inquietud por el vasto campo de la historia y el arte.

De la Piazza dei Signori, empapados y corajeándole a la adversidad climática fuimos hasta la BASILICA DE LA SANTA CROCE (S.XIV). Otra puteada: E.4 la entrada (son unos h.de p.). Voy a darle la razón total a un italiano que me dice que acá el Estado no pone un sólo Euro en la conservación y restauración de obras de arte, todo sale de las cuantiosas fortunas que dejamos los turistas. En Santa Crocce estuvimos dos horas; si no estuvimos más fue porque el frio nos tenía contra las cuerdas al borde del desmayo. Es la iglesia franciscana más grande del mundo y está considerada “Panteón de las glorias italianas” ya que ahí descansan en monumentales sepulcros los restos de Nicolás Maquiavelo, Ugo Foscolo, Lorenzo Ghiberti, Galileo Galilei, Gioaccino Rossini, Miguel Angel Buonarotti, Giorgio Vasari, Vittorio Alfieri y el Dante. Los artistas que trabajaron ahí son de la talla de Cimabue, Giotto, Brunelleschi, Donatello, Vasari, Ghiberti, Orcagna, los Gaddi, los Della Robbia, Giovanni da Milano, Bronzino, Michelozzo, Domenico Veneziano, Maso di Banco, Giuliano da Sangallo, Benedetto da Maiano, Antonio Canova, y la lista sigue…

Salimos de la Santa Crocce con el K.O. polar bien puesto y rajamos para el hotel Bóboli sito en la Via Romana N 63 del otro lado del Arno, de manera que cruzamos el hermoso Ponte Vecchio y “sempre diritto” unos 200 mts. después del Palazzo Pitti nos zambullimos en el hotel para no volver a salir. Eran las 17 hs., había planes pero los cancelamos, era imposible seguir bancando las patas congeladas. Ya en la pieza del primer piso abro la ventana y veo a un tipo que me mira fijamente a pocos metros de distancia; me llamó la atención porque tenía una aureola en la cabeza, entonces me di cuenta que era un busto de marmol. Me dije… la que me faltaba… un beato frente a mi ventana… a este me lo pusieron los frailes a propósito. Bueno, lo presento… se trataba del bueno de San Pietro in Gattolino cuya pequeña chiessa está frente al hotel Bóboli; el busto está sobre el tímpano de entrada y entonces estábamos a la misma altura cruzando la angosta callejuela. Al día siguiente supimos que es la chiessa más antigua de Firenze y ya se encuentra citada en documentos del S.IX, también pudimos entrar a verla por curiosidad. Sigo con lo de ayer en otro relato. Mario

Friday, January 30, 2004

Spresiano, viernes 30 de enero 2004
Buenas noches a todos, aquí estoy, recién llegado de FIRENZE y todavía alucinado (dije “alucinado”) por lo que implica haber caminado dos poquísimos días la increíble ciudad de los Médicis. Esta vez no voy a intentar contar todo lo que vimos y sentimos por un par de motivos; el uno es que tendría que escribir un libro y el otro es la imposibilidad de transmitir lo que es Firenze para quien nunca tuvo la oportunidad de estar ahí. Me animé a hacerlo con Venezia y me salió mal, no logré dar la idea; esta vez renuncio a ello, veré de orientarme más por el lado de lo anecdótico.

Fueron dos días disímiles. Ayer el frio nos jugó una mala pasada, nunca pensé que las bajas temperaturas iban a poder más que mi entusiasmo pero comprobé que estaba equivocado, el frio me ganó, y por varios cuerpos. Era verdaderamente insoportable caminar con las manos, la cara y los pies congelados casi hasta la insensibilidad; a las 17 hs. enfilamos para el hotel jurando no volver a salir. Llegamos a las 9 de la mañana a la estación de tren “Firenze Santa María Novella” y a las 10 estando en Il Duomo vi que afuera empezaba a llover lento y groso, nunca había visto llover así, caían unos gruesos goterones pero lentamente, parecía una lluvia torrencial en cámara lenta. No era nieve ni nevisca, estaba cayendo hielo, gruesos copos de hielo que al tocar el suelo se disolvían. Hoy en cambio amaneció lindo, con menos frio y un poco de sol tibio.

De manera entonces que ayer de 9 a 17 hs. fue una tortura intentar caminar Firenze y ver algunas cosas, tanto frio te pone molesto y no podés ver nada ni pensar ni hablar, es lo mismo que un persistente dolor de muelas. Lo primero que hicimos fue entrar a la chiessa de Santa María Novella, pegadita a la estación de trenes. Estuvimos en tres iglesias, las tres sin calefacción, tres desperdicios por culpa del maldito frio y esa lluvia congelada.

En SANTA MARIA NOVELLA (S.XIII) ahora te cobran para entrar, ya me está pareciendo que a estos tanos se les va la mano, realmente me empezó a dar bronca; E.2.50 por cabeza como quien dice “pasá nomás… qué te voy a cobrar…”. No voy a contar lo que vimos adentro, pueden imaginarlo, venir aquí a verlo, buscarlo en Internet o en libros especializados; disculpen que lo diga de esa manera pero es que hay libros de cientos de páginas dedicados sólo a esta basílica. Es apabullante la cantidad de obras, un portentoso compendio de las bellas artes. Lo único para comentar como anecdótico es que una vez visitada la basílica te permiten pasar a la sacristía y luego al chiostro (claustro); después siguen unas estancias enormes –que son unas cuantas- y que te hacen pensar de dónde sacan el lugar porque desde afuera no parece tan grande.

De ahí caminamos unos 300 metros y entramos en el Duomo de Firenze, la inigualable Cattedrale de SANTA MARIA DEL FIORE (S.XIII) con el baptisterio octogonal adelante (acá no nos cobraron). De esta inmensa basílica –creo que la segunda más grande del mundo después de San Pedro- sobresalen cuatro cosas. -El tamaño del edificio… mts. 153 por 90 y una altura de 90 mts. en la cúpula; son como dos canchas de fútbol y me saco el sombrero ante los arquitectos que la diseñaron, en particular frente a Arnolfo di Cambio y Filippo Brunelleschi. -La historia que tiene, los visitantes y personajes que por ahí han andado y los hechos que ocurrieron (Ej. la conspiración de los Pazzi) que no los ves pero se los puede leer en los libros dedicados y olfatear en el aire. -Los mármoles policromados del pavimento. –Y la descomunal cúpula diseñada por Brunelleschi y pintada entre 1572 y 1579 por Giorgio Vasari y Federico Zuccari con el tema iconográfico del Juicio Universal; nada menos que 3.600 mts. cuadrados de superficie pintada a 90 mts. de altura. Levantás la cabeza y pegás un enmudecido grito, se te viene la cúpula encima; es algo colosal, inimaginable, digno de dos artistas enloquecidos.

Vale la pena añadir un comentario sobre estos edificios. Seguramente en otras épocas los frailes los llenaban con creyentes y feligreses pero –para bien o para mal- los tiempos cambiaron y hoy en día de cada 100 personas que entran 99 no van para rezar sino para ver lo mejor del arte renacentista. Entonces ya más que iglesias son museos (ni siquiera son iglesias de peregrinación como por ej. San Marcos en Venezia), a tal punto que les han sacado los bancos y señalizaron las obras de arte para ver. En muchas han dejado un pequeño altar lateral para rezar alguna misa, bien sectorizado para que los turistas no rompan los cocos. Si no tuvieran dentro obras de arte en pintura, escultura, madera, etc. igual valdría la pena entrar para ver la grandiosa arquitectura que despliegan. Por cansado hoy dejo aquí, mañana sábado les sigo contando. Buenas noches. Mario

Wednesday, January 28, 2004

TIZZIANO VECELLIO, pintor italiano (Pieve di Cadore 1488/89-Venecia 1576). Segundo de los cinco hijos de Gregorio Vecellio, notario de origen cadorino, Tizziano nació en 1488 o 1489 según Dolce (1557) y Vasari (1568). La crítica reciente (Morassi, 1966; Palluccbini, 1969) prefiere esta fecha a la tradicional anterior (1477), procedente de otras fuentes (Anónimo del Tizianello, 1622; Ridolfi, 1648) y aceptada más tarde por Cavalcaselle (1877-78), porque corresponde de forma plausible a la evolución del estilo de Tizziano. Siempre según Dolce, Tizziano llegó a Venecia «a la edad de nueve años» y empezó su aprendizaje junto a Sebastiano Zuccato; una vez adquiridos los primeros rudimentos, pasa al taller de Gentile Bellini. Sin embargo, le “repugnaba seguir el estilo seco pasado de moda de Gentile”, y el joven Tizziano “se acerca, en el mismo taller, a Giovanni Bellini” (Dolce), del que aprecia su gusto más moderno.
Spresiano, miércoles 28 de enero 2004
Sin pensarlo ni quererlo hoy pudimos conocer ODERZO, y vaya la sorpresa que nos llevamos; es una ciudad construída casi en su totalidad sobre otra importante ciudad romana que se llamó “Opitergium”. Lo de “importante” viene en razón de un camino que el consul romano Spurio Postumio Albino mandó construir con fines militares en el año 148 a.C. y que se llamó Via Postumia. Dicho camino iba desde la costa Liguria hasta el Adriático pasando por ciudades como Génova, Tortona, Piacenza, Cremona, Vicenza, Oderzo, Acquileia y otras. El tramo que iba desde Verona hasta Acquileia tenía 200 kmts. En Postioma se cruzaba con otro largo camino denominado Via Claudia Augusta que iba desde el Altino hasta Trento.

De manera entonces que Oderzo estaba muy bien ubicada y los romanos pusieron ahí un pie grande, era una buena posición estratégica; la dotaron de foro, basílica y circo además de todas sus otras instituciones. Caído el Imperio, Oderzo –tal como Vicenza- fue objeto de presa de cuanto ejército bárbaro cruzaba por ahí; la destruyeron varias veces, la última de las cuales fue a manos de Atila en el año 452.

El hecho es que hoy día todo Oderzo es una torta de varias capas con restos de las distintas civilizaciones que hicieron de ella su morada, incluyendo asentamientos palafíticos pre romanos. Lo notable es que no han construido lo moderno tapando lo que estaba sino que han removido y dejado a la vista lo que está más abajo colocando vidrios irrompibles. Hay edificios enteros que comienzan a dos metros del piso, asentados en columnas, que dejan ver debajo los restos de las edificaciones romanas (!!!). Estuvimos caminando por la Piazza del Foro Romano y yo no podía creer estar viendo un muy moderno Banco recostado contra una muralla medieval y asentado sobre pavimento romano a la vista.

Todo el centro histórico es impresionante, hay vidrio en los pisos por todos lados y podés ver lo que hay abajo. Por lo demás son todos palacios y casas afrescados de los S.XV y XVI, uno al lado del otro. Nunca me imaginé semejante orquesta de 30 ejecutantes uno de cada siglo… es de locos… saqué varias fotos pero no van a dar ni la más pálida idea de lo que hoy vi.

Entramos al Duomo y es otro despelote, casi todo es del S.X con mármoles taraceados de todos los colores, frescos medievales y como si fuera poco las palas renacentistas (Jácopo Palma il Giovane, etc. etc.). Es producto de un adaptamiento hecho en el S.XVI de otro edificio gótico fundado en el primer siglo del cristianismo.

Si te querés subir a la máquina del tiempo primero andá a Acquileia y después venite para Oderzo. Gracias Virginia y Mauro por tan hermoso e instructivo paseo. Mañana jueves nos vamos dos días a Firenze. Saludos para todos. Mario
Spresiano, miércoles 28 de enero 2004
Hoy salimos temprano para CONEGLIANO y estuvimos unas tres horas paseando por la ciudad del Cima. Volvimos a hacer casi el mismo recorrido que la primera vez: Gradinata degli Alpini, Piazza Cima con el Teatro dell’Accademia y el Palazzo del Comune, la callecita donde vivió el Cima da Conegliano (justo detrás del Duomo), la Casa Sbarra (S.XVI); nos entretuvimos viendo los modernos negocios bajo las recovas de palacios casi todos del S.XV con sus fachadas afrescadas. Nuevamente entramos al Duomo pero estaba el fraile en misa dando un sermón sobre San Agustín así que salimos disparando. De ahí nos fuimos al Convento di San Francesco (S.XII, pero bombardeado) a ver una excavaciones arqueológicas actuales donde han encontrado un pozo cisterna, mármoles grabados y varias sepulturas, y finalmente recalamos a tomar un café en un bolichito que está en la esquina de la Via 20 de Setiembre (el día de mi cumpleaños) y el Fiume (rio) Monticano.

Cruzamos el Monticano y entramos a la Chiessa di SS Martino e Rosa da Lima, pegadita al rio, en Via Fenzi N 28. Lo de siempre… una montaña de obras de arte y la vista que pide a gritos una filmadora para poder mostrarle a tus amigos las maravillas que estás viendo. Atrás y arriba el órgano empotrado en un gigantesco mueble de madera de todo el ancho de la chiessa labrado como para ganar el campeonato mundial de los ebanistas. En el altar mayor una pala de “La Ultima Cena” pintada en 1615 por Sante Peranda (1566-1638) nacido y muerto en Venezia. En alguno de los tantos altares laterales otra de Antonio Zanchi –nacido en la ciudad de Este en 1631 y muerto en Venezia en 1722- titulada “I Santi Martino e Rosa da Lima” (1701). En otro “Il Miracolo di Soriano”, pintado en 1686 por Ambrogio Bon, nacido en Venezia en 1645 y muerto no se sabe cuándo ni dónde. Un descomunal púlpito totalmente tallado en madera por un tal Frate Elía Biondo entre aprox. los años 1722 y 1729 (aunque seguramente le llevó esos 7 años realizar semejante obra de arte). Una “Adorazione dei Pastori” pintada en el año aprox. de 1530 por Francesco Pagani da Figini detto Francesco da Milano, “documentato in Véneto e Friuli entre los años 1502 y 1548”.

Y lo de siempre… mármoles de todos los colores y regiones, taraceas de la que pidas, pisos gastados por zapatos de siglos, tumbas de cientos de años, frescos y decorados increíbles, un techo de madera trabajada que de mirarlo se te cae la baba, etc. etc. Estoy describiendo de un plumaso una desconocida iglesia de las tantas que hay en Conegliano, una ciudad que muy pocos saben que existe en el mapa del planeta. Ricardo B.: para entrar a esta iglesia no nos cobraron… para mi que lo agarramos al fraile durmiendo !!!

De Conegliano nos fuimos en bus a casa de Virginia y Mauro en MARENO DI PIAVE. Almorzamos ahí los manjares que le prepara Mauro a las visitas y gentilmente nos ofrecieron alcanzarnos hasta Spresiano no sin antes dar una vuelta por Oderzo. Por supuesto que aceptamos.

Ya en camino y a sabiendas de nuestras inquietudes artísticas y antropológicas Mauro quiso mostrarnos una chiessa perdida en medio del campo que había pertenecido a la Orden de Los Caballeros Templarios y creo que también a la Orden de Malta. Queda en un sitio llamado "Tempio", o sea templo, probablemente debido a esa aislada chiessa que es lo único que hay por ahí además de viñedos; pero la localidad se llama ORMELLE. Estaba cerrada pero el sacerdote tuvo la amabilidad de abrirla para nosotros. Es chiquita y está remodelada pero su antiguedad se remonta al S.XII; pudimos ver tanto dentro como fuera unos cuantos fragmentos de frescos de época. Siglo XII… yo no estaba en los planes de nadie en el siglo XII… Adyacente está el cimittero, tal la costumbre antigua.

Aquí Mauro me explicó una cosa tan plausible como interesante. No es que esa chiessa fue siempre un edificio cuidado y habitado por monjes y/o caballeros templarios; lo habrá sido en alguna época hasta que vaya a saber uno porqué se fueron y la dejaron abandonada. Quedó ahí y entraron a pasar los siglos, a los campesinos de la región poco habría de interesarles ese edificio abandonado; tal vez en algún siglo lo habrán utilizado de granero o vivienda, o para hacer reuniones y fiestas, o lo que sea. Es posible que recién en el siglo pasado con la estabilización de las naciones, la ciencia, la antropología, la división clara de los terrenos, etc. tanto los estamentos oficiales como la Iglesia se hayan ocupado y hecho cargo de eso que –hoy día- es una reliquia histórica. En todo caso, esta chiesa tuvo suerte porque quedó, es de imaginar que muchas otras las han de haber tirado abajo por ser molestas para el trabajo de la tierra (interrumpe el terreno), o para utilizar los materiales en la construcción de casas. Pasó con el Coliseo Romano y con muchas obras de la antiguedad, son pocas aquellas a las que los siglos le perdonaron la vida. Saqué dos o tres fotos y de ahí seguimos camino a Oderzo. Mario
Spresiano, miércoles 28 de enero 2004
A más de un mes de estar viviendo en Spresiano, un pueblo de la región del Véneto en el norte de Italia, y faltando pocos días para volver a mi Patria bueno sería que dibuje unas consideraciones generales. En un corto tiempo me fui adaptando a las costumbres de acá, en general distintas a las habituales de mi medio; ya no cruzo más la Pontebbana por donde se me canta, no tiro papeles en la calle ni me voy de un comercio sin decir “Tante grazie !!! arrivederchi !!! buona giornatta !!!”. Creo que he asimilado varias buenas costumbres aunque no sé cuánto tiempo me van a durar cuando esté de regreso. Parece mentira cómo el medio lo va modelando a uno rápidamente y la gente es según el lugar donde se halla.

Mis asombros iniciales han menguado, habrán notado que dejé de hablar de los precios, del comportamiento de los conductores de autos y hasta de la antiguedad milenaria de estos pueblos y ciudades. A fuerza de ver siempre lo mismo cotidianamente uno lo va incorporando y termina por pasarlo por alto. De todos modos no dije que los asombros hayan desaparecido, siguen estando y marcan una fuerte diferencia con mis pagos, diferencia que considero nos deja en posición desventajosa. No es que estos tanos sean mejores ni peores que nosotros, simplemente son de otra manera acorde a un estandard de convivencia más respetuoso y civilizado. No me pregunten las razones porque por más que me rompí el coco en hallarlas no pude encontrar las respuestas.

En diversas oportunidades hice mención a estas cuestiones y di muchos ejemplos, no voy a abundar ahora; lo único para agregar es que no es nada facil entender las fuertes diferencias que tenemos con esta gente (diría que con los pueblos de Europa) ya que a mi entender no pasan por motivos de raza, de ideología ni de poder o reparto económico. Varios me han preguntado qué nos pasa a los argentinos y tuve que quedarme callado porque ni nosotros mismos sabemos a ciencia cierta qué diablos nos ocurre para estar siempre mal y nunca levantar cabeza.

Si bien casi siempre me refiero a la Argentina en general sin especificar demasiado debo aclarar que los téminos de las comparaciones van referidos al lugar donde habito, o sea a la ciudad de La Plata, Capital y Conurbano Bonaerense; matto grosso la mitad de la población de mi país vive en el Gran Buenos Aires. Sé que en el interior no es igual y en los pueblos de provincia siguen manteniendo al menos las costumbres propias de un estilo de vida medianamente ajustado a reglas de convivencia civilizadas.

Este es un pueblo ordenado, con leyes, respetuoso, previsible, con límites precisos y a la vista, con reglas de juego claras y acatadas. No existe el vale todo y saben que con eso no se juega; acá no se ve la “viveza criolla” ni los “piolas” que se te cuelan en la fila. Ellos son así, nosotros no. Me iré de aquí con la seguridad de que se puede vivir de otra manera y con la esperanza de que en mi tan querida Patria un cercano día podamos funcionar mejor. Saludos para todos. Mario

Tuesday, January 27, 2004

Spresiano, martes 27 de enero 2004
Hoy –27 de enero- día en que hablamos por teléfono, les mando por este medio un saludo grandote y un abrazo para mis parientes gallegos por la rama de mi abuelo JOSE VIDAL de Carreira. Para María y Antonio; para Tucho, Nita, Beti, la pequeña Iraide y el hno. de Beti que es quien seguramente va a leer estas líneas; para todos Ustedes querida familia que tengan un muy buen año. Jose Mario Vidal
PD: María, pronto te voy a visitar para que me prepares los calamares prometidos.
ANDREA PALLADIO (Padova 1508 – Vicenza 1580) Estilo: arquitectura manierista. Arquitecto italiano del renacimiento tardío, está considerado como uno de los más importantes de la historia de la arquitectura occidental.

Nació en Padua el 30 de noviembre de 1508 y comenzó su formación como simple cantero. Su nombre auténtico era Andrea di Pietro dalla Gondola, pero cambió su apellido por el de Palladio (en honor de Palas Atenea, diosa griega de la sabiduría) a partir de la tutela del poeta Gian Giorgio Trissino, quien supervisó sus estudios de arquitectura. Trissino lo llevó a Roma, donde Palladio analizó las ruinas clásicas y estudió a fondo los tratados de Vitrubio, el único legado teórico de la arquitectura romana. El fruto de sus investigaciones fue la publicación del libro Le Antichità di Roma (1554), considerado durante más de dos siglos como la mejor guía sobre las ruinas de la ciudad eterna.

Una de sus primeras obras de gran envergadura fue la transformación (comenzada en 1549) del recinto exterior del palacio della Ragione o Basílica, el ayuntamiento de Vicenza. En esta ciudad y sus alrededores construyó numerosos edificios residenciales y públicos. Entre ellos destacan los palacios Chiericati, Thiene y Valmarana, y las villas Badoer, Barbaro (en Maser), Emo, la Rotonda y Foscari, en Malcontenta di Mira. Entre 1560 y 1580 también construyó varias iglesias en Venecia, entre las que sobresalen San Francesco della Vigna, San Giorgio Maggiore e Il Redentore. Su última gran obra fue el teatro Olímpico de Vicenza, que finalizó Vincenzo Scamozzi después de su muerte.

Aunque su estilo arquitectónico tiene sus antecedentes inmediatos en la obra de los maestros del alto renacimiento, como Donato Bramante (que a su vez se inspiró en la tradición constructiva de la antigua Roma), Palladio siempre cultivó una interpretación propia de los motivos romanos, derivada del estudio directo de la arquitectura antigua. Combinó libremente muchos de los elementos del lenguaje clásico, de acuerdo con las exigencias del emplazamiento o de las necesidades funcionales de cada edificio, y en este sentido se le puede considerar como un arquitecto manierista. Sin embargo, al mismo tiempo compartió la búsqueda renacentista de las proporciones armónicas, y sus fachadas se caracterizan por una excepcional elegancia basada en la sencillez —casi austera— y la serenidad compositivas.

Palladio fue el primer arquitecto que desarrolló un sistema organizado para la disposición de las habitaciones privadas. También fue el primero que ubicó en edificios residenciales pórticos con frontones, propios de los templos clásicos, como los que se pueden contemplar en las cuatro fachadas idénticas de la villa Rotonda, compuestas por seis columnas jónicas sobre un elevado podio precedido por una escalinata.

Los edificios de Palladio a menudo incorporaban soluciones ingeniosas, en ocasiones para facilitar la entrada de luz o para hacer más cómodos los tránsitos entre distintas estancias. En la Basílica de Vicenza, por ejemplo, proyectó una elegante fachada formada por dos pisos de arquerías donde empleó la ventana o motivo serliano, conocido también como palladiano (un vano tripartito compuesto por una parte central arqueada y más ancha que las dos laterales, separadas por delgadas columnas), gracias al cual pudo estrechar los pilares estructurales y con ello captar mucha más luz para el espacio interior.

Otra de sus aportaciones a la historia de la arquitectura fueron los tratados, entre los cuales destaca I quattro libri dell'Architettura (1570, segunda edición en 1580), que se convirtió en un canon para la arquitectura occidental de los siglos venideros. Esta influencia se extendió sobre todo por Inglaterra, donde apareció una corriente llamada palladianismo, que seguía fielmente sus preceptos y reglas compositivas. Entre los seguidores de esta tendencia se hallaban arquitectos de la importancia de Iñigo Jones o sir Christopher Wren, que a su vez fueron antecesores de algunos estilos neoclasicistas, como el neopalladiano o el georgiano ingleses y el federal de Estados Unidos.

A diferencia de las casas de campo romanas y florentinas, las villas de Palladio están rodeadas de campos y viñas que pertenecían al propietario y que daban considerables beneficios. La finca incluye además de la villa, utilizada por el dueño para disfrutar de la vida al aire libre cuando llegaba el buen tiempo, casas de jornaleros, graneros, bodegas, silos y cuadras. La casa del señor, normalmente era de dos pisos, aunque a veces podía tener solo uno, y con una anchura de entre cinco y siete calles, se levanta por lo general sobre una pequeña elevación del terreno. Suele caracterizarse por tener un frontón sobre un salón con columnas o pilares, y a los lados o en cualquier lugar que permita el terreno, tiene alas de pequeña altura que conducen a las dependencias secundarias.

La situación de las logias y los frontones de cada villa palladiana presenta una nueva variante. El frontón puede elevarse por encima del tejado o estar situado delante de el. Hay logias de dos cuerpos u órdenes colosales delante de los dos pisos. Las alas de servicio pueden ser paralelas o perpendiculares al eje de la casa, o desplegarse en semicirculo frente a esta. Las plantas de todas ellas, al igual que las habitaciones, su geometría, están determinadas por un sistema de proporciones racionales, derivado de Vitrubio y Alberti, que es característico de la arquitectura de Palladio y que se advierte con especial claridad en las villas.

Uno de los motivos mas característico de las construcciones palladianas es el motivo serliano, constituido por la secuencia de arco-dintel-arco, cuyos orígenes se encuentran en el mundo de la Antiguedad clásica y cuyo conocimiento se debe a la difusión del Tratado de Serlio.
Spresiano, martes 27 de enero 2004
Buenos días para todos. Buenoooooo…!!! anoche a las 23 hs. me llamó Zulma desde su trabajo para avisarme que estaba neviscando, al rato ya era algo más que nevisca y esta mañana al abrir la ventana del balcón me encontré con un espectáculo muy lindo… estaba todo el paisaje blanco. En efecto, finalmente nevó sobre Spresiano y aquí estoy mientras les escribo estas líneas mirando a mi izquierda el campito y los pinos nevados. No es frecuente que nieve aquí y no fue mucho lo que cayó pero más que suficiente para pintar la ciudad.

Hemos cambiado de planes. Mañana miércoles no vamos a ir de paseo a Castelfranco, lo habíamos cambiado por Oderzo pero tampoco nos combinan los horarios de los trenes y buses; a veces se complican un poco las cosas con el transporte público. Iremos a dar una vueltita por Conegliano –hay un par de cosas que nos quedaron por ver- y luego a Mareno di Piave; nos esperan Virginia y Mauro para almorzar.

Virginia me prestó un libro muy interesante titulado “Ville Venete” acerca de las “villas” que hay por esta región con fotos y descripción de una cuantas. Hay un famoso arquitecto del Renacimiento al que apenas si he nombrado hasta ahora; fue en su época una suerte de Le Corbussier y tal vez algo más. Su nombre es ANDREA PALLADIO (1508-1580) y son incontables los edificios, villas, casas y chiesas que salieron de su iluminada creatividad. Vicenza es considerada “La ciudad de Palladio”. Va aparte un breve resumen de su obra tomado de Internet.

Hoy estuvimos averiguando en la Biblioteca de Spresiano por la palabra “Sereníssima” que se anteponía a “Repúbblica de Venezia”. Parece que es un antiguo adjetivo calificativo de enaltecimiento, como decir “nobilísima” o “excelentísima”.

Unos breves párrafos sobre la historia de Venezia. En su milenario recorrido fue siempre un estado autónomo (una nación diríamos hoy), independiente del Imperio Romano de Occidente y de Oriente, jamás sometida a la autoridad de un rey extranjero, de otro imperio o de una única Casa hereditaria. En el S.XIV "il secolo d’oro" Venezia estaba en el apogeo de su potencia política y económica, se había convertido en un imperio colonialista con dominio sobre el Adriático, el Levante, la costa griega e innumerables islas, así como también en dirección al interior de la Península Itálica.

La declinación comienza con la expansión del Imperio Turco que en 1453 conquista Bizancio y sigue con el avance turco sobre las posesiones venezianas en el Mediterráneo y el Adriático. Venezia ofrece resistencia y mal no le va, hasta que en 1503 le conviene firmar la paz con “i Turchi”. Al interrumpirse entonces el comercio con Oriente La Sereníssima entra en apuros y el severo golpe dado a su economía cobra la forma de una grave crisis. Al mismo tiempo se abren nuevas rutas marítimas hacia la India y el Nuevo Mundo mientras los Turcos siguen avanzando y conquistando otras tierras. El año de 1500 marca el comienzo del sereno declinar de la estrella veneziana.

El 14 de mayo de 1509 tiene lugar la catástrofe de Agnadello, importante batalla que los venecianos pierden a manos de la Liga de Cambray. La hasta ese momento expansión triunfante de la Sereníssima hizo que se juntaran los Estados Italianos, Francia, España y el Papado en la Liga de Cambray y le ofrecieran batalla. Derrotada Venezia la obligan a no expandirse más, de esa manera comienza su lenta decadencia.

En 1571 tiene lugar la Batalla naval de Lepanto para la cual Venezia presta su todavía poderosa flota e inflige una severa derrota a los Turcos, pero no puede sacar ventaja de la victoria.

Luego de Agnadello y gracias a la habilidad de sus diplomáticos consiguió que a cambio de no seguir expandiéndose la dejaran en paz arreglándose con sus propios recursos; claro está que al tener que prescindir de los mercados extranjeros (ahora enemigos) los venecianos no pudieron seguir sosteniendo el nivel al que estaban acostumbrados. Manteniéndose neutrales en varios conflictos ajenos se hicieron firmes en el Véneto, trataron de arreglarse como pudieron y lograron un lento y digno tobogán de caída de 200 años que finaliza en 1797 cuando Napoleón obliga a renunciar al Dux Ludovico Manin. La Sereníssima caía después de más de 1000 años de historia independiente; la habilidad para el comercio y la diplomacia fueron siempre sus principales armas ganadoras.

La historia es mucho más extensa y compleja pero para tener una visión a vuelo de pájaro creo que con lo anterior alcanza, entre nada y algo mejor lo último. Queridos y estimados amigos, los dejo por ahora; tal vez esta noche vuelva a nevar, no lo sé, pero el frio va a seguir. El próximo lunes por la mañana estaré llegando a Buenos Aires y me tocará pasar sin escalas desde este alto y crudo invierno al más calidito verano rioplatense… snifff… Chau. Mario
Titulo: LA TEMPESTAD, 1505-10
Autor: IL GIORGIONE
Museo: Galería de los Uffizi
Caracteristicas: Oleo sobre tabla
(Este cuadro lo vimos en la Gallería dell’Accademia el 8 de enero)

LA TEMPESTAD es un título que se le asignó a esta tabla mucho tiempo después de que su autor, Giorgione, muriera prematuramente. El misterio rodea tanto su vida como su obra, escasa por desgracia y de atribución en muchos casos confusa. El título se le adjudicó debido al rayo que rompe un cielo pesado que amenaza tormenta. Bajo tan tétrico dosel se observa la figura de una joven madre desnuda con su bebé y, al otro lado, un caballero vestido de manera principesca. Incluidos en un paisaje silvestre, a la manera veneciana, un fondo urbano amurallado y con torres cierra la visión a manera de telón. Las figuras están separadas por un elemento absurdo: un podio con dos columnas truncadas, que no sujetarían nada estando, como se encuentran, al aire libre; evidentemente, la presencia de estos elementos soporta un trasfondo simbólico que se nos escapa. Con toda probabilidad se trata de un código criptográfico, acorde con los estudios cabalísticos y sobre magia oriental que la Venecia de la época cultivaba. Esta dedicación se explica por la entrada masiva de estudiosos exiliados del Mediterráneo oriental tras la caída de Constantinopla y el avance de los turcos.

Acerca de LA TEMPESTAD de IL GIORGIONE
La idea humanista de la ventana renacentista asume varios aspectos sobre el espectador. Por una parte, piensa en la obra de arte como si fuera una ventana al interior de las ideas del artista. Esto es, en el concepto humanista del arte la intención del artista es entendida por todos de la misma manera. Se asume al artista como un creador capaz de construir realidades paralelas a través de la perspectiva. La Tempestad de Giorgione es un ejemplo clásico de la problemática a la que nos enfrenta la ventana renacentista.

Se conocen muy pocas obras de Giorgione debido a que murió muy joven, a los 32 años, durante una de las pestes que azotaban Venecia. A pesar de eso aseguró su fama como uno de los mejores pintores renacentistas.

En su forma la pintura es una construcción de lo más clásica, donde se pueden apreciar claramente diferentes planos y la perspectiva como herramienta de trabajo del artista. El primer plano está determinado por un hombre sosteniendo un palo, el segundo por la mujer y así sucesivamente el espacio se complementa hacia atrás con una ciudad y una tormenta que se aproxima en el cielo. La representación de los elementos apunta claramente a la idea de la mimesis (imitación), donde toda forma en el cuadro corresponde a su equivalente en la naturaleza. Para aclarar, los colores y las proporciones corresponden caramente a la idea de hombre y mujer.

La tormenta fue pintada entre 1505 y 1510, y es probablemente una de las obras mas extrañas que existen. Su significado se ha perdido en el tiempo y no existe ninguna referencia histórica, ni documento que hable sobre su significados. Por tanto, la podemos reinterpretar a placer y el hecho de estar equivocados poco importa ya que la pintura es enigmática en sí misma. El humanismo plantea exactamente lo contrario, la filosofía dice que toda obra de arte es como extensión de la ideas y que de alguna forma es entendida por todos, analicemos si es cierta la premisa .

Debido a la falta de documentación, se le conoce también con otro nombre, El soldado y la gitana, pero tampoco eso es seguro. El puede ser un soldado por el arma que tiene, pero también puede ser un pastor, como se ha sugerido, pero el palo que sostiene es un palo muy extraño, que no corresponden ni a un arma ni al bastón de un pastor.

Ella como gitana y madre también es extraña, su papel de madre amamantando es dudoso. Las miradas guían nuestra atención en la composición y son elementos dinámicos. Ella sugiere e invita a la escena con la mirada. Involucra al espectador casi por casualidad, pero el hecho de estar detrás de unos matorrales sugiere que nuestra presencia no ha sido descubierta, la actitud es de una mujer tranquila que no muestra ninguna actitud de pudor, como lo haría aquella que se ve sorprendida desnuda en el campo. Pareciera que el único que esta consiente de la presencia del espectador es él, su actitud y la pose que toma nos invita a mirarla a ella.

Rayos X revelaron que antes de pintar al pastor/soldado, Giorgione había dibujado abajo otra mujer bañándose. Luego, las columnas son un elemento simbólico de fortaleza, aquí aparecen rotas y la pintura se pone más enigmática ¿La fortaleza de quién se rompió? ¿Ella, Él? No sabemos.

La ciudad parece desierta ya que no existe ningún otro ser a la vista y una tormenta –de ahí el nombre- se aproxima por detrás de nuestros participantes, aparentemente ninguno es consciente de que pronto estarán empapados. El único ser vivo, a parte de ellos, es una cigüeña sobre las tejas de la ciudad, símbolo cristiano de: castidad, pureza y vigilancia. Pero eso tampoco nos dice mucho y se presta a múltiples interpretaciones, como no existe el referente histórico, el humanista diría tajante hay una respuesta y lo que sucede es que no hemos dado can la clave del enigma, el pensamiento contemporáneo asume varias posibles reinterpretaciones todas válidas.

En su forma, la pintura está elegantemente construida y los elementos blancos, la camisa de él, el manto de ella, las columnas y rayo en el cielo, dirigen la atención del espectador unificando la composición. La vertical del arma se repite en los árboles y contraponiéndose a la verticales de las columnas y las horizontales del puente creando ritmos interesantes.

En resumen, la obra es bella y el misterio que la envuelve no resuelve la problemática del contenido en una ventana renacentista, sin embargo esto la hace más interesante todavía y a lo mejor, si algún día se descubre su verdadero significado, ya no gustará tanto.

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