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Venezia - dic.03/enero04

Saturday, January 31, 2004

TIZZIANO y GIORGIONE. El año 1508 es fundamental en la historia de los comienzos de Tizziano: en esta fecha es encargado con Giorgione de decorar al fresco el Fondaco dei Tedeschi. Tizziano debe pintar la fachada que da a la Mercería, mientras que a Giorgione se le confía la fachada principal, la del Gran Canal. De estos trabajos subsisten algunos fragmentos, conservados en L’Accademia y en la Sopritendenza ai Monumenti (Venecia), y la serie de grabados realizados por Zanetti en el siglo XVIII. Si juzgamos por estos escasos testimonios, Giorgione es el verdadero y principal maestro de Tizziano, al que enseña su manera de sugerir las formas más que subrayarlas, así como su sentimiento de la naturaleza. Pero es verdad también que, desde sus comienzos, el alumno se diferencia del maestro, con quien no comparte ni el lirismo contemplativo ni la indiferencia por las realidades terrestres.

Dotado de un temperamento dramático y de una fogosa energía, TIZZIANO saca provecho de la lección naturalista del siglo XVII veneciano y la aplica con fuerza a los frescos de la Scuola del Santo, en Padua (Milagro del recién nacido, San Antonio cura a un joven, El Marido celoso), realizados en 1511. En estas escenas, Tizziano organiza el espacio en una composición cadenciosa que escanda una sucesión de volúmenes envueltos en colores contrastantes y atrevidos: en ellos, hombres y mujeres «verdaderos» viven pasiones precisas en un paisaje tratado como en un decorado de teatro, en un espacio del que son amos, trascripción de un fenómeno en continuo cambio más que la atmósfera inefable de Giorgione.

La critica actual considera anteriores al período 1508-1511 o contemporáneas a éste algunas obras en las que Tizziano revela su desligamiento progresivo del mundo giorgionesco; pertenecerían a los comienzos del maestro cuatro paneles de «cassone» que representan el Nacimiento de Adonis, el Bosque de Polidora (Padua, Museo Cívico), Endimión (Menon, Penn., Barnes Foundation) y Orfeo y Eurídice (Bérgamo, Accad. Carrara). En ellos se reconoce ya una sensibilidad abierta a los efectos espaciales cromáticos, desconocida para Giorgione, con la que Tizziano explota las novedades temáticas y el descubrimiento del color «constructivo». A este período inicial pertenecen la Circuncisión (New Haven, Yale University Gal.), la Huida a Egipto (Ermitage), Jacopo Pesaro, presentado a san Pedro por el papa Alejandro VI (museo de Amberes), donde en una estructura de composición aún quattrocentesca, los personajes asumen una vitalidad nueva (aunque hay quizás que pensar en dos intervenciones) y la Virgen y el Niño con San Antonio de Padua y San Roque (Prado), de un giorgionismo tan acentuado que puede parecer intencional.

Al sentimiento patético del maestro, Tizziano opone una fuerte caracterización en los retratos (Gentilhombre apoyándose sobre un libro, Washington, N.G.; la Schiavona, Londres, NG.). En Retrato del hombre llamado Ariosto (Londres, N.G.), la presentación, aún giorgionesca, está simplificada al extremo con la ayuda de algunos planos monumentales: la ampliación de la mancha violeta, lo hinchado del ropaje de raso y la proyección de la imagen por la copa limpia de la balaustrada. Las afinidades de la Susana (Glasgow, Art Gal.) con los personajes del Milagro del recién nacido (Padua, Scuola del Santo) llevan a situar en 1510 esta obra llena de torsiones y escorzos bruscos atenuados por tintes transparentes. Con la xilografía del Triunfo de la Fe (hacia 1511), el primero de los cinco grabados y que se ha conservado en el gabinete de Estampas de Berlín-Dahlem, esta obra representa un punto culminante de la contestación antigiorgionesca.

Pero, en octubre de 1510, Giorgione muere y su otro alumno rebelde, Sebastiano del Piombo, parte para Roma, mientras que Giovanne da Udine y Mono da Feltre viajan a Italia central; Tizziano se sabe como único heredero de la lección del maestro, esto junto a la maduración natural de un temperamento destinado a permanecer fogoso, le empuja a meditar sobre el arte de Giorgione. De esta nueva actitud nacen obras en las que la línea de demarcación entre las manos de los dos artistas es difícil de fijar; para el Concierto campestre (Louvre) es probable la intervención de Tizziano para terminar la obra, dejada inacabada por el maestro, mientras que para el Noli me tangere (Londres, N. G.), el Concierto (Florencia, Pitti), la Alegoría de la vida humana (Edimburgo, N.G.), la Bohemia (Viena, K.M.) y la Carga de la cruz (Venecia, Scuola di San Rocco), todos ellos impregnados de una atmósfera aún idealmente giorgionesca, la crítica actual (Pallucchini, 1969) piensa en general que fue obra sólo de Tizziano.
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