<$BlogRSDUrl$>

Venezia - dic.03/enero04

Thursday, August 26, 2004

Algo me esperaba en el Ducale - 26-12-1996 -
Algo me estaba esperando en el Ducale.
Nunca entendí nada de pintura y tampoco me gustaba, fue siempre para mi un territorio totalmente desconocido y carente de interés.Un buen día hace algunos años estando en Venezia entré a visitar el Palazzo Ducale, un sitio repleto de las mejores y maravillosas obras de arte imaginables. Fue residencia de los Dux del Véneto en sus mejores épocas de magnificencia y capital de la Sereníssima. La historia dice que Napoleón conquistó a la Serenissima República de Venezia el 12 de mayo de 1797 y que la cedió a la corona austríaca. Era el fin de un milenio de esplendor imperial. En 1866, Venezia se incorporó al nuevo Reino de Italia. Eramos un grupo de cinco y caminábamos atontados las estancias y salas admirando techos artesonados, esculturas, pinturas y decoraciones renacentistas mil. Es impresionante contemplar el esplendor en que vivían esos Señores, se le corta a uno la respiración de verlo.En el Palazzo Ducale -contiguo a la Piazetta de la gran Basílica de San Marcos y de frente al canal grande- trabajaron los mejores artistas que tuvo la humanidad. Algo me esperaba ahí dentro y yo no lo sabía. De pronto vi una puerta con una escalera angosta y me aparté del grupo, una corta escalera que subía hacia algún lado. Entré y subí, arriba había tres puertas con el cartel "vietatto passare", tenía que bajar entonces.Me doy vuelta para descender y algo me llamó la atención... en el rellano, ese espacio muerto que queda arriba del cajón de la escalera, tenía frente a mis ojos una enorme pintura afrescada con un señor que llevaba un chico sobre los hombros.Algo me pasó, no sé decir qué... algo me hizo detener y me senté en un escalón a ver eso... recuerdo la piernas y brazos musculosos del personaje, y el movimiento de torsión que resultaba impreso en la obra. Me pareció una pintura notable, me encandiló y dejó perplejo.No sé cuánto tiempo estuve sentado ahí, solo, tal vez 15 o 20 minutos, no importa cuánto. El hecho palmario es que había recibido el flechazo del arte y el mundo se transformó. En esos minutos me olvidé de todo y mis ojos se confundieron con esa pintura, por un momento fue todo uno, más tarde me di cuenta que había perdido la conciencia de mí mismo. Al bajar me encontré con el resto del grupo que me estaba buscando y me preguntaba dónde me había metido. No me importó ni les dije. Busqué desesperado a algún guardián de los tantos que andan por ahí y lo interrogué por quién había pintado esa maravilla que estaba ahí arriba encajonada. El buen hombre me dijo en perfecto italiano: "questo e del Tizziano Vecellio, signore".De ahí en más el fresco y su pintor fueron para mí una obsesión y al salir del Ducale compré un libro con la obra de Tizziano esperando encontrarlo pero no tuve suerte, tenía muchas estampas pero no la del atleta ese con el chico sobre los hombros.Me pregunté muchas veces qué fue lo que me pasó, qué hizo que a partir de ahí comenzara yo a apreciar el arte de la pintura... -En tren de encontrar alguna respuesta al enigma recordé las musculosas piernas de mi padre que tanto me llamaban la atención de chico, me vino también la seguridad que lleva un niño montado a hombros de un adulto y varias cosas más, todos recuerdos infantiles. Confieso que no tengo una respuesta certera, lo único que sé es que algo me estaba esperando en el Ducale y el encuentro se produjo.Ya de regreso a la patria no perdí ocasión de hurgar en las librerías especializadas tratando de encontrar lo que me había impactado pero no tuve éxito: ese fresco no aparece en los catálogos de Tizziano.Hace pocos días me volvió la pregunta y lo busqué en Internet hasta que lo encontré. Se trata del San Cristobal, pintado en el año 1524 a sus aprox. 36 años. Cierro los ojos y lo tengo presente tal como aquel día de diciembre del 96 en el Palazzo Ducale, justo el día en que mi hija la mayor cumplía 19 años.Recuerdo que -antes de saber quién era el pintor- mientras miraba embobado el fresco me lo imaginaba subido a los andamios de madera trabajando solo ahí arriba tal vez unas cuantas semanas o meses.Qué pensaría ahí encaramado pintando a la luz de hachones de fuego? Qué sentido tendría para ése hombre realizar tan ardua tarea? Cómo sería su vida cotidiana, sus comidas, su familia y amores? Por qué se dedicó a la pintura y no a cualquier otra cosa?
Hubiera imaginado tal vez que su nombre iba a quedar para los siglos y que cientos de años más adelante un turista argentino se iba a sentar justo ahí en esa banal escalera para descubrir el valor de una pintura...? Mientras tanto y absolutamente abstraído en la imagen de Cristobal cargando al niño yo hablaba interiormente con Vecellio, lo veía de espaldas a mí pintando su fresco, observando cada una de las pinceladas. Los siglos de distancia no significaron nada, el encuentro se había producido, algo me estaba esperando en el Ducale y la fortuna quiso que lo encontrara.

This page is powered by Blogger. Isn't yours?