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Venezia - dic.03/enero04
Wednesday, January 28, 2004
Spresiano, miércoles 28 de enero 2004
A más de un mes de estar viviendo en Spresiano, un pueblo de la región del Véneto en el norte de Italia, y faltando pocos días para volver a mi Patria bueno sería que dibuje unas consideraciones generales. En un corto tiempo me fui adaptando a las costumbres de acá, en general distintas a las habituales de mi medio; ya no cruzo más la Pontebbana por donde se me canta, no tiro papeles en la calle ni me voy de un comercio sin decir “Tante grazie !!! arrivederchi !!! buona giornatta !!!”. Creo que he asimilado varias buenas costumbres aunque no sé cuánto tiempo me van a durar cuando esté de regreso. Parece mentira cómo el medio lo va modelando a uno rápidamente y la gente es según el lugar donde se halla.
Mis asombros iniciales han menguado, habrán notado que dejé de hablar de los precios, del comportamiento de los conductores de autos y hasta de la antiguedad milenaria de estos pueblos y ciudades. A fuerza de ver siempre lo mismo cotidianamente uno lo va incorporando y termina por pasarlo por alto. De todos modos no dije que los asombros hayan desaparecido, siguen estando y marcan una fuerte diferencia con mis pagos, diferencia que considero nos deja en posición desventajosa. No es que estos tanos sean mejores ni peores que nosotros, simplemente son de otra manera acorde a un estandard de convivencia más respetuoso y civilizado. No me pregunten las razones porque por más que me rompí el coco en hallarlas no pude encontrar las respuestas.
En diversas oportunidades hice mención a estas cuestiones y di muchos ejemplos, no voy a abundar ahora; lo único para agregar es que no es nada facil entender las fuertes diferencias que tenemos con esta gente (diría que con los pueblos de Europa) ya que a mi entender no pasan por motivos de raza, de ideología ni de poder o reparto económico. Varios me han preguntado qué nos pasa a los argentinos y tuve que quedarme callado porque ni nosotros mismos sabemos a ciencia cierta qué diablos nos ocurre para estar siempre mal y nunca levantar cabeza.
Si bien casi siempre me refiero a la Argentina en general sin especificar demasiado debo aclarar que los téminos de las comparaciones van referidos al lugar donde habito, o sea a la ciudad de La Plata, Capital y Conurbano Bonaerense; matto grosso la mitad de la población de mi país vive en el Gran Buenos Aires. Sé que en el interior no es igual y en los pueblos de provincia siguen manteniendo al menos las costumbres propias de un estilo de vida medianamente ajustado a reglas de convivencia civilizadas.
Este es un pueblo ordenado, con leyes, respetuoso, previsible, con límites precisos y a la vista, con reglas de juego claras y acatadas. No existe el vale todo y saben que con eso no se juega; acá no se ve la “viveza criolla” ni los “piolas” que se te cuelan en la fila. Ellos son así, nosotros no. Me iré de aquí con la seguridad de que se puede vivir de otra manera y con la esperanza de que en mi tan querida Patria un cercano día podamos funcionar mejor. Saludos para todos. Mario
A más de un mes de estar viviendo en Spresiano, un pueblo de la región del Véneto en el norte de Italia, y faltando pocos días para volver a mi Patria bueno sería que dibuje unas consideraciones generales. En un corto tiempo me fui adaptando a las costumbres de acá, en general distintas a las habituales de mi medio; ya no cruzo más la Pontebbana por donde se me canta, no tiro papeles en la calle ni me voy de un comercio sin decir “Tante grazie !!! arrivederchi !!! buona giornatta !!!”. Creo que he asimilado varias buenas costumbres aunque no sé cuánto tiempo me van a durar cuando esté de regreso. Parece mentira cómo el medio lo va modelando a uno rápidamente y la gente es según el lugar donde se halla.
Mis asombros iniciales han menguado, habrán notado que dejé de hablar de los precios, del comportamiento de los conductores de autos y hasta de la antiguedad milenaria de estos pueblos y ciudades. A fuerza de ver siempre lo mismo cotidianamente uno lo va incorporando y termina por pasarlo por alto. De todos modos no dije que los asombros hayan desaparecido, siguen estando y marcan una fuerte diferencia con mis pagos, diferencia que considero nos deja en posición desventajosa. No es que estos tanos sean mejores ni peores que nosotros, simplemente son de otra manera acorde a un estandard de convivencia más respetuoso y civilizado. No me pregunten las razones porque por más que me rompí el coco en hallarlas no pude encontrar las respuestas.
En diversas oportunidades hice mención a estas cuestiones y di muchos ejemplos, no voy a abundar ahora; lo único para agregar es que no es nada facil entender las fuertes diferencias que tenemos con esta gente (diría que con los pueblos de Europa) ya que a mi entender no pasan por motivos de raza, de ideología ni de poder o reparto económico. Varios me han preguntado qué nos pasa a los argentinos y tuve que quedarme callado porque ni nosotros mismos sabemos a ciencia cierta qué diablos nos ocurre para estar siempre mal y nunca levantar cabeza.
Si bien casi siempre me refiero a la Argentina en general sin especificar demasiado debo aclarar que los téminos de las comparaciones van referidos al lugar donde habito, o sea a la ciudad de La Plata, Capital y Conurbano Bonaerense; matto grosso la mitad de la población de mi país vive en el Gran Buenos Aires. Sé que en el interior no es igual y en los pueblos de provincia siguen manteniendo al menos las costumbres propias de un estilo de vida medianamente ajustado a reglas de convivencia civilizadas.
Este es un pueblo ordenado, con leyes, respetuoso, previsible, con límites precisos y a la vista, con reglas de juego claras y acatadas. No existe el vale todo y saben que con eso no se juega; acá no se ve la “viveza criolla” ni los “piolas” que se te cuelan en la fila. Ellos son así, nosotros no. Me iré de aquí con la seguridad de que se puede vivir de otra manera y con la esperanza de que en mi tan querida Patria un cercano día podamos funcionar mejor. Saludos para todos. Mario
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