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Venezia - dic.03/enero04

Saturday, January 24, 2004

GIORGIONE: EL MISTERIO DE LA LUZ
La figura de GIORGIONE se presenta llena de misterio, hasta el punto de no conocer exactamente ni la fecha de su nacimiento ni la de su defunción. Supuestamente este genial pintor veneciano habría nacido en la última década de 1470, y moriría hacia 1510 víctima de la peste que asolaba la Serenissima Repubblica di Venezia.

En las fechas de su nacimiento el liderazgo de la ilustre familia de pintores de los BELLINI se hacía patente en la decoración de iglesias y colecciones privadas de la ciudad de los canales. JACOPO BELLINI fue el patriarca de tan célebre familia, autor de los famosos Taccuini o cuadernos de voluntad arqueológica en los que representaba fielmente algunas de las manifestaciones de la plástica clásica. Su hijo GENTILE se dedicó especialmente a la elaboración de retratos de algunas de las grandes personalidades de la época, así como a realizar auténticas “fotografías” pictóricas que reflejaban, con minuciosidad flamenca, los grandes acontecimientos sociales que animaban la vida de la Serenissima. No siguió sus pasos su hermano GIOVANNI, sin duda el más importante de los pintores de la familia por sus innovaciones en el empleo de recursos cromáticos y compositivos; en lugar de Madonne de aspecto arcaico y de procesiones en las que el pueblo de Venecia era el protagonista, la labor de Giovanni se extenderá a más campos, desde la elaboración de palas de altar hasta cuadros de devoción e incluso asuntos mitológicos.

Giorgio de Castelfranco, apodado GIORGIONE por su supuesta apariencia majestuosa, fue el discípulo más aventajado de GIOVANNI BELLINI y, según nos informa Giorgio Vasari en sus Vite, prestaba un especial interés hacia artes liberales como la poesía y la música, siendo considerado miembro del círculo de humanistas de Venecia.

Tomó buena cuenta de los avances que su maestro ofrecía en lo referente al empleo de la luz, pero la obra de Giorgione no se limitó a una simple demostración de aquello que había aprendido en el taller de Bellini, sino que introdujo importantes innovaciones que serían decisivas para la forja del estilo propiamente veneciano. De este modo, se ha demostrado que no realizaba ningún dibujo preparatorio sobre la superficie del lienzo, sino que aplicaba la capa de color directamente sobre la tela. Supone ésta una concepción nueva y revolucionaria en la teoría de la pintura y que se alejaba de los procedimientos pictóricos usados en el resto de la península italiana, teniendo a la escuela florentina como máximo exponente. De esta manera, se le puede considerar el fundador de la escuela veneciana, caracterizada por el predominio del color sobre el dibujo.

Los valores lumínicos, como veremos más adelante, van a ser también objeto de dedicación especial por parte del pintor. No debemos olvidar la influencia que para el desarrollo de este estilo supone la misma ciudad de Venecia y el baile de luminosidad cambiante mediante la que el Sol y el agua de la laguna juegan a fusionarse, ofreciendo al paseante un formidable espectáculo de luz y color, todo ello combinado con un correcto difuminado de contornos. Se llega así a experimentar la fascinación sensorial de la que habla Freedberg, para la cual también se sitúa en una posición privilegiada el lujoso legado arquitectónico de la ciudad. La observación del entorno natural y urbano será, pues, una de las claves para comprender la obra del genial maestro veneciano.

Existe una preocupante confusión en la atribución de las obras de Giorgione, siendo pocas las pinturas en la que se acepta su autoría por la mayoría de los críticos. Una de ellas la constituye la decoración, hacia el año 1505-1506 del Fondaco dei Tedeschi o Lonja de los Alemanes de la ciudad de Venecia, cuyos paramentos externos serían decorados al fresco con representaciones de figuras, tanto masculinas como femeninas, de carácter claramente idealizado. Lamentablemente la extrema humedad y demás agentes atmosféricos frente a los que las pinturas se encontraban expuestas nos han privado de la posibilidad de su contemplación, conservándose únicamente unos fragmentos en la Galería dell’Academia, en Venecia, en los que podemos advertir, no sin dificultad, una cierta vivacidad en el color.
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