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Venezia - dic.03/enero04
Friday, January 09, 2004
Spresiano, viernes 9 de enero 2004
Hola amigos! Recién arribamos de pasar todo el día en Treviso pero antes de contarles quiero continuar con lo de ayer en VENEZIA; anoche estaba muy cansado y esta mañana teníamos que madrugar de vuelta así que me fui al sobre. Sigo con lo de ayer entonces.
En Venezia no hay autos; por mi descripción ya se habrán dado cuenta que es imposible que circule un vehículo por pasadizos de un metro y monedas de ancho o por calles con puentes de escaleras cada 50 metros; entonces simplemente no hay autos, los únicos medios de transporte son las lanchas colectivas, góndolas, una que otra bicicleta y los vaporettos que sólo transitan el Canal Grande de una punta a la otra. Estos últimos funcionan exáctamente igual que allá los micros parando en los muelles cada cien metros, es similar al Tigre.
Olvidé contar que a poco de empezar a caminar la ciudad nos metimos en la chiessa di San Giovanni Crisóstomo dentro de la cual está el santuario de la Madonna delle Grazie. Es de los siglos XIII y XIV y el arquitecto que la diseñó se llamó Paolo Colluci. Adentro vimos telas de Sebastiano del Piombo y de otros no menos conocidos; un cartel decía que la había visitado Albino Luciani, el Papa anterior al actual, aquel que duró un mes. Recuerdo claramente las tumbas sobre los pisos, gente que murió hace cientos de años y consiguieron ser enterrados en una iglesia, seguramente por ser donantes adinerados o estar muy vinculados a las jerarquías eclesiásticas de las épocas. Todas las iglesias tienen tumbas en los pisos, altares y paredes, algunas con el sarcófago a la vista ricamente hecho en marmol o piedra, tallado por buenos artesanos. Sea como sea se murieron y a otra cosa.
Volviendo a la Gallería dell’Accademia estaba diciendo que es im-per-di-ble; lo sostengo y la recomiendo. La lista de pintores que mencioné ayer no es exhaustiva y cada cuadro constituye un punto de interés pero hay un problema y es lo que llamo “el efecto museo”. Uno quisiera llevarse en la retina fotografiados todos los cuadros, leer todos los nombres de obras y pintores y todos los letreros que especifican detalles de cada pala. Es francamente imposible… después de ver 100 pinturas ya se empiezan a mezclar, después de dos horas y 200 pinturas ya uno no sabe ni cómo se lllama ni qué es lo que está mirando… se torna todo empalagoso, te cansás de caminar, no te querés perder nada y tampoco podés estar ahí adentro una semana.
Habría que ir veinte días seguidos un par de horas por vez pero a menos que vivas en Venezia es imposible. Cobran la entrada Euros 11 lo cual para nosotros los argentinos es hoy una fortuna. Tratamos de aprovechar la visita todo lo que pudimos más que lo que quisimos y luego de tres horas y pico salimos con la cabeza hecha un terremoto. Es el inconveniente insalvable de todo mega-museo, salís de adentro medio loco y lleno de colores, cansado y confundido, ahogado buscando un poco de aire fresco. Bueno… hicimos lo que pudimos.
Como anécdota refiero que vi tres impresionantes cuadros muy grandes (había muchos así); uno del Veronese llamado “Convito a casa di Leví” de 13 metros por 5.60 (!!!); otro del Tizziano Vecellio de 3.35 por 7.75 titulado “Presentazione di María al Tempio”; y el tercero el “Martirio di San Marco” obra de Giovanni Bellini de 3.62 por 7.71 metros.
También retuve algunos otros, en especial “Ritratto di giovane gentiluomo nel suo studio” de Lorenzo Lotto pintado en 1528, muy bello y de una especial y enigmática intensidad psicológica; y un robusto y apuesto “San Giovanni Batistta” del Tiziano. En fin… que la riqueza de esas telas no tiene precio material, son legados de la cultura para los tiempos. Muchas de ellas son religiosas pero hay otras que pintan la vida cotidiana de la Venezia del Renacimiento y dan una clara idea de cómo se vestía la gente, qué comían, qué hacían y cómo vivían; eso es muy interesante.
Salimos de ahí y muy cerquita estaba esperándonos la Basílica di Santa María della Salute. Es una chiesa barroca de proporciones monumentales sustentada sobre el Canal Grande con más de un millón de pilotes de madera. Fue contruida por Baldassare Longhena para conmemorar el fin de la peste de 1630 (47.000 muertos); de ahí su nombre. Está ubicada casi al finalizar el recorrido de la “S” turística que lleva a la Piazza de San Marcos pero en la ribera de enfrente del Canal Grande, a unos 200 mts. de L’Accademia. Luego de esta Chiesa viene la Dogana (Aduana antigua) que termina en la punta de la tierra firme y es desde donde se sacan la mayoría de las fotos de la ribera del Palazzo Ducale, ubicado del otro lado del Canal.
Tuvimos que esperar un poco hasta que se hiciera la hora de abrir y mientras tanto nos entretuvimos tomando sol, café y galletitas. Quisimos darle de comer a un gorrión medio congelado pero las palomas afanaban todo de arrebato. Vimos una grúa trabajando en la reestructuración de la ribera que sacaba pilotes de pino de esos que hace mil años enterraron los venezianos; estaban intactos y a ojo de buen cubero creo que medían los 7.5 mts. que mencionan las crónicas.
La basílica es de planta octogonal y la estructura está hecha en piedra de Istria. Adentro es fastuosa en sus dimensiones, lo que se dice un elefantiásico monumento, muy alta y grossa, brutal. Los mosaicos del piso –que desde abajo no se pueden apreciar pero sí en las fotos tomadas desde arriba- guardan una impecable disposición circular muy pero muy bella. Comenzamos a darle la vuelta y nos queríamos comer los ocho altares que la bordean... además de las esculturas en mármol tan finamente trabajadas y los mil detalles que te emboban la vista cada uno tenía una pala pintada por algún “aprendíz”... Il Veronese, Il Tintoretto, Palma il Vecchio, Il Pordenone, Bassano, Giambattista Tiépolo, B. Strozzi y Luca Giordano. Las ves y no lo podés creer... El altar mayor –que obviamente supera largo en magnificencia a los laterales- tiene una imágen de la “Venerata Icona della Mesopanditissa trasportata da Creta nel 1670”. La imágen es de corte bizantino y resalta en vivos colores rojo y oro contrastando con el trabajadísimo altar de mármol en cuyo centro la ubicaron.
En cada iglesia que uno entra se quiere quedar todo el día para no perderse detalle, cada una es toda entera una cabal obra de arte, no alcanzan las palabras, fotos ni videos para dar cuenta de la locura y el genio de los renacentistas venezianos. No hay más de esos.
Pagando E. 1.50 bajamos a la Sacristía y fue como que nos dieran un masaso en la cabeza... adentro guardan varias telas de Luca Giordano, Il Tintoretto, Palma Il Giovane, Palma Il Vecchio, Pietro Líberi y otros; y como si esto fuera poco nada menos que 13 (trece) palas del Tiziano Vecellio (!!!). Querés pegar un grito... querés matarte... si tenía un sable me hacía el harakiri. No quieran ni pensar lo que es el resto del decorado de esa sacristía... -Yo le decía a Zulma que pensara nomás en las horas, días, semanas y meses que en ese mismo lugar donde estábamos nosotros habían estado trabajando maestros de la talla del Tintoretto y el Tiziano... Habrían comido ahí, soñado, charlado, enchastrados de pintura subidos a los andamios... es sobrecogedor... basta cerrar los ojos e imaginarse la escena para sentir escalofríos.
Noté en La Salutte y en varias otras iglesias que los pisos, además de estar muy gastados y cuarteados por siglos de pisadas, están muy combados y tienen declives o prominencias que no corresponden. Es debido lamentablemente al suelo de Venezia y a las habituales inundaciones que afectan la ciudad. Parece que se hunde cada vez más y hay en danza un proyecto faraónico para dicar (dique) todo el perímetro con un sistema de esclusas.
Al salir de La Salutte ya se nos había ido la hora al diablo de manera que emprendimos el regreso; no obstante quisimos llegarnos hasta el barrio llamado Cannaregio, uno de los siete que componen el bloque veneziano: Santa Croce y San Polo, Dorsoduro, San Marco, Castello, Cannaregio, Giudeca y San Giorgio Maggiore; aparte están las islas de San Michele, Murano, Burano y Torcello. Yo quería ir a ver la casa donde había vivido Il Tintoretto con su familia en el Nº 3399 de la calleja Fondamenta dei Mori desde 1574 hasta su muerte en 1594. Entre que se hizo de noche y que eso es un dédalo renunciamos y lo dejamos para la semana que viene. Queridos amigos, los saludo con mi más distinguida consideración, que Dios los bendiga. San Vidal
Hola amigos! Recién arribamos de pasar todo el día en Treviso pero antes de contarles quiero continuar con lo de ayer en VENEZIA; anoche estaba muy cansado y esta mañana teníamos que madrugar de vuelta así que me fui al sobre. Sigo con lo de ayer entonces.
En Venezia no hay autos; por mi descripción ya se habrán dado cuenta que es imposible que circule un vehículo por pasadizos de un metro y monedas de ancho o por calles con puentes de escaleras cada 50 metros; entonces simplemente no hay autos, los únicos medios de transporte son las lanchas colectivas, góndolas, una que otra bicicleta y los vaporettos que sólo transitan el Canal Grande de una punta a la otra. Estos últimos funcionan exáctamente igual que allá los micros parando en los muelles cada cien metros, es similar al Tigre.
Olvidé contar que a poco de empezar a caminar la ciudad nos metimos en la chiessa di San Giovanni Crisóstomo dentro de la cual está el santuario de la Madonna delle Grazie. Es de los siglos XIII y XIV y el arquitecto que la diseñó se llamó Paolo Colluci. Adentro vimos telas de Sebastiano del Piombo y de otros no menos conocidos; un cartel decía que la había visitado Albino Luciani, el Papa anterior al actual, aquel que duró un mes. Recuerdo claramente las tumbas sobre los pisos, gente que murió hace cientos de años y consiguieron ser enterrados en una iglesia, seguramente por ser donantes adinerados o estar muy vinculados a las jerarquías eclesiásticas de las épocas. Todas las iglesias tienen tumbas en los pisos, altares y paredes, algunas con el sarcófago a la vista ricamente hecho en marmol o piedra, tallado por buenos artesanos. Sea como sea se murieron y a otra cosa.
Volviendo a la Gallería dell’Accademia estaba diciendo que es im-per-di-ble; lo sostengo y la recomiendo. La lista de pintores que mencioné ayer no es exhaustiva y cada cuadro constituye un punto de interés pero hay un problema y es lo que llamo “el efecto museo”. Uno quisiera llevarse en la retina fotografiados todos los cuadros, leer todos los nombres de obras y pintores y todos los letreros que especifican detalles de cada pala. Es francamente imposible… después de ver 100 pinturas ya se empiezan a mezclar, después de dos horas y 200 pinturas ya uno no sabe ni cómo se lllama ni qué es lo que está mirando… se torna todo empalagoso, te cansás de caminar, no te querés perder nada y tampoco podés estar ahí adentro una semana.
Habría que ir veinte días seguidos un par de horas por vez pero a menos que vivas en Venezia es imposible. Cobran la entrada Euros 11 lo cual para nosotros los argentinos es hoy una fortuna. Tratamos de aprovechar la visita todo lo que pudimos más que lo que quisimos y luego de tres horas y pico salimos con la cabeza hecha un terremoto. Es el inconveniente insalvable de todo mega-museo, salís de adentro medio loco y lleno de colores, cansado y confundido, ahogado buscando un poco de aire fresco. Bueno… hicimos lo que pudimos.
Como anécdota refiero que vi tres impresionantes cuadros muy grandes (había muchos así); uno del Veronese llamado “Convito a casa di Leví” de 13 metros por 5.60 (!!!); otro del Tizziano Vecellio de 3.35 por 7.75 titulado “Presentazione di María al Tempio”; y el tercero el “Martirio di San Marco” obra de Giovanni Bellini de 3.62 por 7.71 metros.
También retuve algunos otros, en especial “Ritratto di giovane gentiluomo nel suo studio” de Lorenzo Lotto pintado en 1528, muy bello y de una especial y enigmática intensidad psicológica; y un robusto y apuesto “San Giovanni Batistta” del Tiziano. En fin… que la riqueza de esas telas no tiene precio material, son legados de la cultura para los tiempos. Muchas de ellas son religiosas pero hay otras que pintan la vida cotidiana de la Venezia del Renacimiento y dan una clara idea de cómo se vestía la gente, qué comían, qué hacían y cómo vivían; eso es muy interesante.
Salimos de ahí y muy cerquita estaba esperándonos la Basílica di Santa María della Salute. Es una chiesa barroca de proporciones monumentales sustentada sobre el Canal Grande con más de un millón de pilotes de madera. Fue contruida por Baldassare Longhena para conmemorar el fin de la peste de 1630 (47.000 muertos); de ahí su nombre. Está ubicada casi al finalizar el recorrido de la “S” turística que lleva a la Piazza de San Marcos pero en la ribera de enfrente del Canal Grande, a unos 200 mts. de L’Accademia. Luego de esta Chiesa viene la Dogana (Aduana antigua) que termina en la punta de la tierra firme y es desde donde se sacan la mayoría de las fotos de la ribera del Palazzo Ducale, ubicado del otro lado del Canal.
Tuvimos que esperar un poco hasta que se hiciera la hora de abrir y mientras tanto nos entretuvimos tomando sol, café y galletitas. Quisimos darle de comer a un gorrión medio congelado pero las palomas afanaban todo de arrebato. Vimos una grúa trabajando en la reestructuración de la ribera que sacaba pilotes de pino de esos que hace mil años enterraron los venezianos; estaban intactos y a ojo de buen cubero creo que medían los 7.5 mts. que mencionan las crónicas.
La basílica es de planta octogonal y la estructura está hecha en piedra de Istria. Adentro es fastuosa en sus dimensiones, lo que se dice un elefantiásico monumento, muy alta y grossa, brutal. Los mosaicos del piso –que desde abajo no se pueden apreciar pero sí en las fotos tomadas desde arriba- guardan una impecable disposición circular muy pero muy bella. Comenzamos a darle la vuelta y nos queríamos comer los ocho altares que la bordean... además de las esculturas en mármol tan finamente trabajadas y los mil detalles que te emboban la vista cada uno tenía una pala pintada por algún “aprendíz”... Il Veronese, Il Tintoretto, Palma il Vecchio, Il Pordenone, Bassano, Giambattista Tiépolo, B. Strozzi y Luca Giordano. Las ves y no lo podés creer... El altar mayor –que obviamente supera largo en magnificencia a los laterales- tiene una imágen de la “Venerata Icona della Mesopanditissa trasportata da Creta nel 1670”. La imágen es de corte bizantino y resalta en vivos colores rojo y oro contrastando con el trabajadísimo altar de mármol en cuyo centro la ubicaron.
En cada iglesia que uno entra se quiere quedar todo el día para no perderse detalle, cada una es toda entera una cabal obra de arte, no alcanzan las palabras, fotos ni videos para dar cuenta de la locura y el genio de los renacentistas venezianos. No hay más de esos.
Pagando E. 1.50 bajamos a la Sacristía y fue como que nos dieran un masaso en la cabeza... adentro guardan varias telas de Luca Giordano, Il Tintoretto, Palma Il Giovane, Palma Il Vecchio, Pietro Líberi y otros; y como si esto fuera poco nada menos que 13 (trece) palas del Tiziano Vecellio (!!!). Querés pegar un grito... querés matarte... si tenía un sable me hacía el harakiri. No quieran ni pensar lo que es el resto del decorado de esa sacristía... -Yo le decía a Zulma que pensara nomás en las horas, días, semanas y meses que en ese mismo lugar donde estábamos nosotros habían estado trabajando maestros de la talla del Tintoretto y el Tiziano... Habrían comido ahí, soñado, charlado, enchastrados de pintura subidos a los andamios... es sobrecogedor... basta cerrar los ojos e imaginarse la escena para sentir escalofríos.
Noté en La Salutte y en varias otras iglesias que los pisos, además de estar muy gastados y cuarteados por siglos de pisadas, están muy combados y tienen declives o prominencias que no corresponden. Es debido lamentablemente al suelo de Venezia y a las habituales inundaciones que afectan la ciudad. Parece que se hunde cada vez más y hay en danza un proyecto faraónico para dicar (dique) todo el perímetro con un sistema de esclusas.
Al salir de La Salutte ya se nos había ido la hora al diablo de manera que emprendimos el regreso; no obstante quisimos llegarnos hasta el barrio llamado Cannaregio, uno de los siete que componen el bloque veneziano: Santa Croce y San Polo, Dorsoduro, San Marco, Castello, Cannaregio, Giudeca y San Giorgio Maggiore; aparte están las islas de San Michele, Murano, Burano y Torcello. Yo quería ir a ver la casa donde había vivido Il Tintoretto con su familia en el Nº 3399 de la calleja Fondamenta dei Mori desde 1574 hasta su muerte en 1594. Entre que se hizo de noche y que eso es un dédalo renunciamos y lo dejamos para la semana que viene. Queridos amigos, los saludo con mi más distinguida consideración, que Dios los bendiga. San Vidal
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