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Venezia - dic.03/enero04

Saturday, January 10, 2004

Spresiano, viernes 9 de enero 2004
Hola a todos, les escribe nuevamente San Vidal, JA! Quisiera ver quién se apunta ahora con iglesia propia pssssss. Esta mañana salimos temprano para Treviso, segunda vez que fuimos. Les voy a contar algo que vi con mis propios ojos en la estación de ferrocarril de Spresiano y algunas otras cosas que son del mismo palo. Después de obliterar los tickets (hay que pasarlos por una maquinita llamada “obliteratrice” que les pone un sello con estación, día y hora; a partir de ahí se los puede usar durante las siguientes seis horas, si te pasás va multa y no te la perdonan) bajé al Sottopasaggio (pasadizo subterráneo para atravesar las vias) y noté que había nueve bicicletas, cada una con su respectivo candado. Son de la gente que llega en bici a la estación, las deja por ahí y toma el tren. Bien, estaban con candados pero no estaban atadas a la pared o a un alambrado, un árbol u otro amarre por el estilo, no, estaban sueltas digamos, con candado pero sueltas.

De inmediato pensé dos cosas. La primera es que esa gente las deja así sabiendo que a su regreso las va a encontrar, no está en el pensamiento de ellos que se las puedan robar, eso no ocurre. La segunda es que si en la estación de La Plata yo dejo una bici atada a un árbol con siete candados y me voy a Quilmes en tren cuando vuelvo no la encuentro; ni que hablar si la dejo con candado apoyada en una pared. Quiero decir que está en el pensamiento mio que lo más seguro es que me la afanen.

No es que aquí no roben nada y en La Plata se roben todo, no es eso. Ocurre que aquí que te la roben es excepcional y en La Plata lo excepcional es que NO te la roben.

Otra. En los supermercados en el sector de verduras y frutas no hay nadie de la empresa, es autoservicio. Uno va, agarra manzanas, las embolsa, cierra la bolsa y las pesa; luego uno mismo les pega el ticket que entregó la máquina y las lleva a la caja, paga y se va. Imaginemos la misma escena en el Carrefour. Uno agarra manzanas, NO cierra la bolsa, las pesa, les pone el ticket y antes de cerrar la bolsa pone adentro dos manzanas más. Bien, creo que se entiende, es lo mismo que lo de las bicicletas. No está en el pensamiento de nadie la piolada de meter dos manzanas más antes de cerrar la bolsa. De hecho en el Carrefour el ticket no lo pone uno; uno cierra la bolsa y el ticket lo pega una empleada.

Otra. Ayer en Venezia me encontré un gorro de abrigo tirado en el piso en una calle y lo levanté, obviamente me lo llevaba. Zulma me dijo: dejalo donde estaba, puede que la persona que lo perdió vuelva para buscarlo. Le hice caso, lo puse en un lugar visible y lo dejé ahí.

Otra. Hoy estando en Treviso pasaba por un puente sobre el rio Sile y vi unos lindos portamacetas para jardineras en los pasamanos del puente, había como treinta de cada lado. Imaginé con argentina imaginación que estarían soldados a la baranda o al menos sujetados con alambre o tornillos. Tomé uno por el costado, lo levanté y salió; sorprendido me fijé en los otros y estaban todos sueltos, entonces me dije: si quiero vengo esta noche y me llevo estos sesenta lindos portamacetas... Por ese puente pasan cientos de personas a diario y a nadie se le ocurre llevárselos; es más, están todo el invierno ahí esperando que llegue la primavera y les coloquen las macetas.

Otra. Por los canales de Treviso –de agua limpia, hermoso color y transparente hasta el fondo- navegan elegantes cisnes blancos y patos de todos los colores. Bien, nadie los toca ni les tira piedras, molesta o mata. A los italianos ni se les cruza por la cabeza cometer semejante tropelía.

Otra. También hoy dentro del Duomo (catedral) de Treviso en un sitio apartado había a la venta tarjetas postales de casi todos los cuadros sitos en la Capella Malchiostro, cada una costaba E. 0.40. No había nadie cerca ni lejos, estábamos las hermosas ocho postales que quería comprar, un simple cajoncito de madera con una ranura, y yo. Al toque me salió el argentino de adentro, miré de reojo para todos lados y pensé... “E. 3.20... $ 10... mmmmmm... ma! sí! yo me las agarro...”. Durante algunos segundos la satánica tentación me tuvo a mal traer, parecía Jesús en el Huerto de los Olivos... No pude, me dio verguenza ajena, conté las monedas hasta llegar a E. 3.20 y las dejé caer en el cajoncito; abajo escuché un sordo ruido a metal chocando contra madera. Un italiano no hubiera dudado.

Otra. Para la época de las Fiestas y Navidad los comerciantes ponen en sus veredas alfombras rojas. Con mentalidad argentina imaginé que estarían pegadas a las baldosas con algún cemento de contacto... pues no, no están pegadas, están sueltas y si querés cuando el negocio cierra te las podés llevar. Nadie se las lleva.

De estos ejemplos podría seguir dando unos cuantos, los veo todos los días. La gente deja en las puertas de sus casas las macetas con violetas de Los Alpes y a la mañana siguiente siguen estando ahí, a nadie se le pasa por la cabeza piantárselas.

Se puede andar tranquilo por cualquier lado con la casi total seguridad que nadie te va a robar ni arrebatar nada; puede ocurrir pero sería muy raro. Es decir, lo que allá es el estilo acá es la excepción, y viceversa. Yo no salgo de mi asombro.

Spresiano queda en tren a exáctos 11 minutos de Treviso, es como ir a Villa Elisa. Venezia queda a 45 minutos, como ir a Quilmes.

Había olvidado contar que en La Gallería dell’Accademia habían compuesto un sector especial dedicado a Giorgio Zorzi detto Il Giorgione (1477-1510) (murió a los 33 años). A decir verdad no tenían muchos cuadros del célebre pintor de Castelfranco pero los pocos que había valían la pena: “Laura” de 1506, “Tre filosofi” de 1508, la famosa “Vecchia” que tiene el papelito que dice... “Col Tempo”, “La tempesta” de 1506, y no podía faltar la pala de Castelfranco: “Madonna col Bambino tra i Santi Liberale e Francesco”. También estaba lo que queda del fresco “Nudo di giovane donna”. Me encanta Il Giorgione.

La cantidad de pinturas con los temas de la anunciación de María, la presentación al templo, la ascensión a los cielos y la Virgen con el Bambino es infinita; ningún pintor se privó de hacer unas cuantas, las ves a repetición hasta el hartazgo aunque no haya dos iguales.

Bueno, ahora voy a intentar contarles el paseo de hoy a TREVISO. Es preciso decir que Milano y Treviso constituyen la zona más rica de Italia, entrambos concentran la mayor parte de la industria italiana (estoy hablando de un país que es una de las primeras potencias del mundo). Por segunda vez Treviso me descolocó por su elegancia y prolijidad, su antiguedad y esa particularidad de ser una muy bonita ciudad serpenteada por los rios Sile y Cagnán. No quiero repetir lo ya comentado el 4 de enero de manera que diré otras cosas; esta vez la caminamos más despacio y pudimos apreciarla detenidamente. Hay muchos palacios y casas de corte bizantino –lo mismo pasa en Venezia- con las típicas ventanas arriba trilobadas o en arco ojival. Es muy difícil ubicarse en estas ciudades donde las angostas calles van dando vuelta como en una calesita, se camina 200 metros y ya no se sabe adónde fue uno a parar; muchas veces queriendo ir a algún lado se termina donde se empezó, ni con el plano te arreglás.

Primero entramos a tomar un café a un barcito cuyos dueños son un romano casado con una gallega de Santiago de Compostela. Me presenté a la señora y charlamos un rato de gallego a gallego, JA! Al irnos no nos quiso cobrar (modestia aparte los gaitas somos así).

Después Zulma me llevó a la Universidad. Fue fundada en 1314 con las cátedras de derecho civil, canónico, medicina y física. En el acta constitutiva se invita a los cuatro docentes designados a cultivar la virtud moral que la ciencia jurídica alimenta y que en lugar de las armas las gentes sean capaces de construir la ciudad. Es un edificio muy antiguo, ahora perfectamente reciclado y moderno. Una vez más me llamó la atención la limpieza, prolijidad y cuidado en aulas, pasillos y por donde andes. No hay paredes con graffitis ni ensuciadas con pintadas o carteles, la pulcritud es monacal, los pisos brillan, no hay un sólo papel ni colilla de pucho en el piso. Vi a varios estudiantes que salían de un aula a fumar en un espacio habilitado, todos tiraban la ceniza en los ceniceros y apagaban el pucho ahí... yo no lo podía creer... me acordaba de la Facultad de Humanidades de la UNLP y pensaba que la Universidad de Treviso estaba en el planeta Marte.

Tiene pegada e integrada al edificio la chiesa desconsagrada di Santa Crocce que la utilizan para dar conciertos, pero estaba cerrada y no pudimos entrar. De una sóla nave, guarda en su interior varias obras de arte y un órgano de 1750 en actual funcionamiento.

Rumbeamos para el centro histórico (toda la ciudad –que es muy pequeña comparada con las nuestras- es un centro histórico), pasamos por la Loggia dei Cavalleri y llegamos a la Piazza dei Signori. De ahí nos fuimos al Duomo y entramos; antes Zulma me sacó una foto en el pórtico del Battistero di San Giovanni -pegado al Duomo y construido en el S.XII sobre planta del S.VIII- que protegía las reliquias (restos) de los Santos Fiorenzo y Vendemiale. Desde que estoy identificado con San Vidal me saco fotos con todos los Santos.

Il Duomo di Treviso es otra chiesa para pegar un grito... y van... Es imponente, tiene tres inmensas naves y siete cúpulas que se te caen las medias cuando levantás la cabeza (eso sí, no están afrescadas ni pintadas). Hay obras de arte para rifar, eso es un despelote. Entrando a la derecha te desayunás con una urna funeraria que conserva el cuerpo intacto del Beato Henrici C. (nacido en Treviso en 1240 y muerto en 1315) con un vidrio transparente. Bueno... lo de siempre... lo que vengo contando desde que empecé con este extenso relato... los altares laterales, esculturas, pinturas, mármoles, trabajos de orfebrería en madera hechos por exquisitos artistas, taraceas de las que pidas... no tendo manera de explicar una y otra vez la magnificencia de las miles y miles de iglesias italianas, ya no sé más que adjetivos utilizar para referirme a cada una, creo que los estoy cansando con mis exclamaciones.

En una columna de las tantas que hay vi empotrado y medio escondido un pequeño altorrelieve en mármol titulado La Visitazione hecho por un tal Lorenzo Bregno en el año 1400. Me lo quedé mirando perplejo, pensé en el paciente laburo que se habría tomado ese tipo para pulir finamente cada una de las figuras representadas, en cuánto le habrían pagado, en su vida cotidiana y su familia. Tanto trabajo y esa riquísima obra estaba ahí desapercibida entre miles de otras como si fuera un trasto viejo o una porquería. Es muy difícil concebir una época donde había artistas y artesanos para tirar al techo, a cual mejor y más refinado en su mettier, gente que hoy ganaría fortunas con el trabajo que salía de sus manos y oficio.

A derecha del altar mayor del Duomo de Treviso se encuentra la Capella Malchiostro; es célebre por la pala dell’Annunziata pintada en 1520 por el Tizziano, la del enanito que fisgonea la escena. Es bella, sin duda que lo es; tuvimos que poner una moneda para que las luces la iluminaran durante un par de minutos. En esa misma Capella hay otras maravillas, un San Lorenzo pintado por París Bordone en 1562, la Madonna del Fiore de Girolamo da Treviso Il Vecchio de 1487 y tres palas más, en total seis con la del Tizziano; también hay frescos.

Il Duomo visto desde afuera mucho no dice, es liso sin altorelieves, seis columnas corintias de cemento sostienen un clásico capitel triangular; adentro está partido al medio por el transepto quedando en cruz simétrica.

En Treviso hay muchos palazzos o casas señoriales, unos tres o cuatro por cuadra; algunos de los que vi y se me ocurrió tomar nota son los siguientes: Casa da Noal, grande casa gótica facciata con decori in cotto e affreschi a tappezzería; dañado seriamente en los bombardeos de 1944 y reconstruido parcialmente. Casa Robegan, S.XVI. Una Casa Medievale de S.XIII a XV, costruzione románica in stile gótico verso il fiume. Hay pilas de esos, a veces tienen bajo la recova de la angosta vereda las paredes afrescadas y el techo ricamente policromado en madera de siglos. Casi toda la ciudad tiene veredas con recova.

Tanto en Treviso como en otras ciudades al no ser las calles rectas sino muy sinuosas cambian de nombre cada 200 o 300 metros; o sea que la misma calle por ahí tiene cinco o seis nombres.

El alto poder adquisitivo de la población hace que los negocios sean sumamente elegantes y caros; las vidrieras compiten en su presentación y arreglos y se ven casi todas las marcas famosas de ropa, joyas y perfumería. Da una rara sensación ver un moderno boliche de Gucci o Armani montado en un local de 500 años. Las librerías no tienen mesa de saldos y es difícil ver un libro de menos de E. 10.

Pasado el mediodía nos fuimos bordeando el Sile hasta la estatua del Dante, la pusieron en el mismo sitio donde el Sile se junta con el Cagnán, lugar mencionado por Dante en “El Paraíso” de la Divina Comedia. Nos sacamos una foto y otra cosa que sacamos fue el termo con el café y las galletitas, al fin parábamos para comer algo y combatir un poco el intenso frio.

Por la tarde mientras Zulma hacía unos trámites me fui a caminar solo tratando de dejar las miguitas atrás para no perderme. Me topé con la chiesa de San Gaetano S.XVI pero estaba cerrada. Cien metros luego desemboqué en la piazza Santa María Maggiore en la cual se encuentra la chiesa homónima del S.XV, también llamada Chiesa della Madonna Granda. Un cartel explicativo agrega... “fondatto nel 780” lo cual quiere decir que si bien S.M.Maggiore es del siglo XV, fue hecha sobre otra chiesa anterior que era del S.VIII. Acá los siglos los regalan... la historia de la ciudad de Treviso es dos veces milenaria. También estaba cerrada pero supe que tiene adentro una immagine miracolosa della Madonna hecha por la scuola di Tomaso da Módena en el siglo XV. Por fuera es monumental, toda en ladrillo antiguo visto, con el campanile al lado. No seguí alejándome, le temí al dédalo, si me perdía no hubiera sabido cómo reencontrarme con Zulma; por fortuna las palomas no se comieron las miguitas. Bueno, hoy dejo acá; mañana sábado toca descanso. Mario
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