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Venezia - dic.03/enero04

Friday, January 16, 2004

Spresiano, viernes 16 de enero 2004
Trataré de continuar contando cómo siguió la visita que ayer hicimos a ACQUILEIA con Gabriela y Yeyo; cada vez que me acuerdo se me ponen los pelos de punta. Atravesando por al lado el puerto fluvial romano sobre el antiguo rio Natiso-Torre desembocamos en una monumental basílica dedicada a la Virgen María y los Santos Ermácora y Fortunato (o Hermágoras y Fortunatus). Cuando digo “monumental” no exagero, muy por el contrario me quedo corto; muchas de las chiesas que hay en Italia son de un tamaño descomunal, en Argentina creo que no hay semejantes construcciones. Al ser muy antiguas las paredes tienen entre dos y tres metros de ancho, son de piedra y todo el momumento es francamente como un gigantesco bodoque muy alto e imponente, visualmente se te viene encima y uno no puede entender cómo hostias hace miles de años podían construir así sin maquinarias ni grúas, cemento ni todos los chiches que tenemos en la actualidad.

Esta basílica –sola en el medio del campo- es muy famosa por los recontrafamosos “mosaicos de Acquileia”. La cosa arrancó en el año 313 d.C. cuando el Emperador Constantino sacó el Edicto de Milán otorgando libertad de culto a los cristianos y poniendo fin a las persecuciones; al año siguiente en el Concilio de Arles se decide levantar una chiesa. Guerras mediante –y terremotos e incendios- el primitivo edificio fue destruido y vuelto a levantar en cinco oportunidades mejorándoselo en cada una hasta llegar al año 1031; el edificio que yo vi y en el cual entré es de ese año. En el 1348 un terremoto la afectó seriamente pero la arreglaron y reestructuraron en estilo gótico. Tal vez por no ser arquitecto ni ingeniero me resulta incomprensible entender cómo pudieron levantar una mole así y como si fuera poco reciclarla luego de un terremoto (debe pesar más que las ex Twin Towers).

No se puede pisar el pavimento interior de esta basílica, hay que recorrerla sobre unos andariveles de vidrio transparente. El motivo es el ya anticipado, los bellísimos mosaicos policromados del S.IV d.C. hechos con pequeñas piedritas que dibujan animales, peces, algunas partes de la historia sagrada, plantas, flores, etc. Por su parte, el alto techo de madera con forma de casco de buque trabajado en estilo gótico es del S.XIV (posterior al terremoto), de manera que entre piso y techo hay una diferencia de 10 centurias. Todo el piso paleocristiano de esta basílica es el más grande conservado en Europa con aprox. 760 mts.2, lo cual -unido a su belleza- lo convierte en un tesoro de la cultura occidental; ni en Roma hay algo semejante. Obviamente como chiesa está actualmente desconsagrada y no hay pinturas ni nada, es sólo un relicario arqueológico, por la antiguedad del edificio, su basamento subterráneo y básicamente por los mosaicos. El campanile -de mts. 73 de alto- lo hicieron con las piedras del anfiteatro romano. No podíamos creer lo que estábamos viendo.

Desde el S.IV el alto nivel cultural de los obispos y patriarcas de Acquileia, su gran actividad pastoral favorecida por la autoridad imperial, la importancia político-militar de la ciudad y su caracter fronterizo hicieron de ella un punto de referencia del Cristianismo y base de la evangelización de varias regiones de Europa incluyendo el área germánica y eslava. San Marcos –el Evangelista- tras la muerte de Cristo fue enviado por San Pedro a evangelizar el norte de la actual Italia; Ermácoras y Fortunatus fueron discípulos de él, razón por la cual se supone que Marcos tiene que haber andado por Acquileia predicando y convirtiendo gente.

Debajo del presbiterio (bajo tierra) se encuentra la pequeña cripta que se remonta a la época del patriarca Majencio o Massenzio (S.IX) totalmente afrescada por maestros bizantinos del S.XII. Bajamos y estuvimos ahí -casi llegaba al techo con las manos- mirando conmovidos sin atrevernos a tocar las paredes pintadas, con el OH! en la boca, extrañados, sabiendo que éramos privilegiados testigos de veinte siglos de civilización pero sin poder situarnos frente a tanta cantidad de años. No te da el mate para pensar que en ese mismo lugar donde uno está parado, pisando esas mismas piedras, en el siglo XII un tipo con un pincel pintaba al fresco episodios de la vida de Hermácoras. Jamás se hubiera imaginado que en el año 2004 un argentino venido de tierras todavía desconocidas iba a estar mirando lo que él hacía.

Seguimos recorriendo la zona y bajamos a los fundamentos de la basílica; ahí el desconcierto ya es total y no sabés si entrar o salir corriendo a comprarte una Coca Cola. Le llaman “Cripta de las excavaciones”, se entra por un lateral de la nave y al bajar las escaleras los siglos empiezan a retroceder y los números bajan velozmente hasta ponerse en negativo, o sea “antes de Cristo”. En las sucesivas capas o planos hoy descubiertos entrás a ver lo que había antes, y antes, y antes; siempre lo de más abajo es lo más antiguo, todo un trabajo arqueológico que es para sacarse el sombrero. Hay pavimentos con mosaicos de casas romanas, paredes, cocinas, sumideros, un aljibe con agua, una letrina, todo en el mismo lugar donde estaba. Se van viendo los pisos y parte de la construcción de las anteriores chiesas después reconstruidas... en fin... que te sentís un grano de arena en el desierto infinito.

No voy a seguir contando porque si no ésto se haría interminable. Estar en Acquileia te vuela los sesos, es muy difícil elaborar en el momento lo que estás contemplando, te da como una sensación rara y por momentos te parece que no hay derecho a fisgonear por la cerradura la historia de nuestros antepasados. Yo quedé muy cansado, un cansancio no habitual, raro y desconocido, tal vez producto de sentirse uno como invadiendo la intimidad de los romanos y los primeros cristianos y los que estaban antes y los que estuvieron después. Nos tomamos un café en un bolichito moderno a unos cien metros de la basílica y nos fuimos en el auto calefaccionado; el viaje en la máquina del tiempo había terminado. Creo que anoche soñé con Atila destruyendo Aquileia en el año 452. Gabriela y Yeyo: otra vez gracias! Mario y Zulma
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