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Venezia - dic.03/enero04

Wednesday, January 21, 2004

Spresiano, miércoles 21 de enero 2004
Hoy no sé ni por dónde empezar… es tal el lio que tengo en la cabeza, el cansancio, los pies como dos flanes y la sobredosis de obras de arte que ya no sé ni cómo me llamo. Estuvimos todo el día en la VENEZIA de los siglos, desde las ocho de la matina a las cinco de la tarde, nos vimos y nos caminamos todo, no almorzamos ni paramos ni nada, en una maratón digna de Filípides.

Al igual que la vez pasada arribamos a la estación terminal de Venezia-Santa Lucía a las ocho y enfilamos por la “S” rumbo a la Piazza San Marcos. Obviamente no pudimos evitar perdernos por alguno de esos mágicos callejoncitos que te invitan a entrar y ver hasta dónde llevan; es un encanto hacerlo. Los laburantes salían medio dormidos -nosotros también lo estábamos- yendo a tomar il vaporetto bien arropados ya que la humedad y el frio te calan hasta los huesos. La ciudad es muy grande, es enorme, y la diagramación de vias, calles, puentecitos, canales, campos, angostos pasillos, piazzas y piazzetas es total y absolutamente aleatoria; se torna muy difícil no perderse e ir a parar a cualquier lado o justamente adonde querías ir; fue así que entramos a la Piazza por detrás, imposible preguntarse uno cómo fue que pasó eso, si querés desandar el laberinto que hiciste te perdés de vuelta. La laguna estaba creciendo y la Piazza ya estaba medio inundada, veíamos brotar el agua de las alcantarillas pluviales.

Es la tercera vez que vamos a Venezia en pocas semanas y cada vez es única, te atrapa en una dulce magia envolvente y te dejás atrapar con el mayor de los gustos, no te quejás de nada, simplemente caminás embobado por una ciudad que no tiene paralelo con ninguna otra en el planeta. Voy a ser claro y preciso: es bella. Es un sueño que jamás imaginaste que ibas a soñar, es una hermosa mujer, no podés no enamorarte de Venezia. A poco de empezar a caminarla hiciste cien metros y ya perdiste, se transforma en una cárcel que te cautiva y si te abren la puerta no te querés ir. No tengo palabras para transmitir el voltaje de lo que significa para mí esta luna de miel con Zulma, y nada menos que en Venezia.

De todo lo que queríamos hacer nos quedó pendiente el Palazzo Ducale, buena ocasión para regresar por cuarta vez. Entramos al MUSEO CORRER que está en un lateral de la Piazza llamado “El Ala Napoleónica y las Procuradurías Nuevas”. La entrada cuesta E.11 pero permite acceder a cuatro museos, tres están dentro del Correr, el cuarto es el Ducale; durante dos meses se puede entrar y salir las veces que uno quiera. El atento empleado nos dijo: pueden estar unas tres horas en el Correr y después se van dos horitas al Ducale. Bueno… nos engañó como a dos costureritas paraguayas, todavía se debe estar riendo; para ver el Correr en tres horas ni "corriendo" lo llegás a ver. Estuvimos desde las 8.30 hasta las 13.30 hs. y nos fuimos de lo palmados que estábamos.

Este museo ocupa todo el primer y segundo piso del lateral de la Piazza que está mirando desde la Basílica hacia el fondo –o sea arriba del Café Florián- y se conecta con la Biblioteca Marciana, frente al Ducale. Es inmenso y –como dije- no es uno sino tres brutales museos (en verdad cuatro), a saber: El Museo Cívico Correr, el Museo Archeológico Nazionale y la Sala Monumentali della Biblioteca Marciana. Hay además un sector aparte dedicado a las embarcaciones venezianas, armas de época e historia de batallas.

El CORRER prop. dicho tiene 53 (cincuenta y tres) salas -digamos que inmensos salones- con una vastísima colección que ilustra ampliamente la historia y el patrimonio cultural, artístico y civil de la ciudad. Las escalinatas de entrada, tan enormes como palaciegas, te van preparando para lo que te vas a encontrar adentro; de movida nomás ya empezás a ver las obras de Cánova, el mayor escultor de la corte de Napoleón. Es un extenso recorrido por todo lo que los venezianos produjeron en todas las épocas, atravesando suntuosos salones que parecen no terminar nunca. Cartografía antigua, numismática, decorados, objetos personales de los Dux, estandartes, blasones, estatuas, pinturas, objetos de la vida cotidiana, vestidos, trajes, gigantescas arañas de cristal de Murano, bibliotecas repletas de incunables escritos a tinta, medallas, condecoraciones, mayólicas y mosaicos, instrumentos de navegación, barcos, armaduras, lanzas, rifles y pistolones, bronces, muebles, artes y oficios… cuando ya no das más te enterás que recién llegaste a la sala Nº 23 y tenés que subir al segundo piso.

A veces nos deteníamos en algún objeto cualquiera, por ejemplo una talla taraceada en madera sobre madera y nos quedábamos boquiabiertos por lo refinado del trabajo, pensando en el tremendo laburo que le habría llevado al tipo que la hizo hace 500 años atrás. Otras veces era un gigantesco lienzo bordado a mano, otras una lanza de hierro forjado tallado con evidentes señas de uso (Cuántos tipos habrá mandado para el otro lado esta lanza…?). Y así cada tanto, debiendo saltear cosas porque uno no tiene todo el día para estar ahí, lamentablemente. Cada uno de esos objetos habla, tal como las pinturas cuenta una historia; son discursos en metal, marmol, madera, hierro, historias del trabajo y el quehacer de gente que ya no está más pero que la peleó y vivió como uno.

De la sala 24 en adelante se trata básicamente de otro muy extenso recorrido por la pintura veneziana desde el S.XIII al XVIII. Cada salón está dedicado a dos o tres pintores arrancando por los véneto bizantinos; tipos de la talla de los tres Bellini, Antonello da Messina, Pietro Longhi, Paolo y Lorenzo Veneziano, Cosmé Tura, Bartolomeo y Alvise Vivarini, Jacopo Sansovino, pintores flamencos como Bruegel, Jeronimus Bosch y otros, Vittore Carpaccio, Lorenzo Lotto, y otros muchos, tantos anónimos como por mí hasta ahora desconocidos. Vimos también dos cuadros de la época juvenil del Greco en su paso por Venezia.

Hay ahí una fortuna en objetos de todo tipo y cuadros, cada salón tiene un guardia, sistemas de detección electrónica, filmadoras, vidrios blindados y reguladores de la temperatura y humedad ambiente. Si te acercás mucho a un cuadro u objeto ya viene el guardia a ponerte cinco amonestaciones.

Formando parte del Correr hay otro llamado “del Risorgimento y del siglo XIX Veneziano”. Está dedicado a la historia de la ciudad después de la caída de la República en 1797 (cuando la toma Napoleón) hasta su anexión al Reino de Italia en 1866. Cuando estábamos por las tres horas del recorrido cantamos el “no va más” y salimos a la calle a tomar un café, repusimos las pilas y volvimos a entrar.

El MUSEO ARQUEOLOGICO es otro despelote, tiene 20 salones y encierra una importante colección de esculturas griegas y romanas, fragmentos arquitectónicos, altares funerarios, bronces, pequeñas estatuitas de piedras duras y cerámica, marfil, inscripciones, restos asirio babilónicos y una colección de monedas romanas de los S.III a I a.C. Todo es de antes de Cristo. También tienen cosas egipcias, momias y tallas de hace 40 siglos atrás (2.000 a.C.) que te hacen tambalear de sólo tenerlas frente a tu propios ojos, tratando de entender qué significan 4.000 años… cuál es la diferencia entre 4.000 y 1.000 o 400 o 50.

Conectando por dentro el Correr desemboca en la BIBLIOTECA MARCIANA, también llamada Librería Sansoviniana; es uno de los edificios más representativos y ricos de la arquitectura renacentista veneziana. Se entra en el vestíbulo y no queda otra que pegar un grito, estás frente a un amplio y suntuoso salón de mts. 26 por 10 totalmente pintado por la flor y nata de los artistas del renacimiento. El techo tiene 21 lienzos realizados entre 1556 y 1559 por siete pintores elegidos por Sansovino y Tizziano; se trataba de un concurso -tres pinturas cada uno- y lo ganó Il Veronese con el tondo (pintura circular) de mts. 2.30 de diámetro titulado “La Música”, a sus 29 años. Como si eso fuera poco las cuatro paredes están decoradas con filósofos hechos por diferentes artistas, dos son del Veronese –Platón y Aristóteles- y una media docena del Tintoretto.

El cuarto museo implícito que mencioné más atrás está dedicado a cómo defendieron en Venezia las obras de arte durante la primera guerra mundial. A las 13.30 del mediodía, después de haber estado ahí dentro cinco largas horas, saturados de arte, cansados como mulas y queriendo ver un poco de cielo azul, decidimos renunciar al Ducale y salimos a la Piazza San Marcos. Habíamos llevado galletitas para comer y abrimos el paquete… para qué…!!! Se nos vinieron las palomas al humo, nos atropellaban, se nos paraban en la cabeza y los hombros, nos picoteaban las manos y nos robaban las galletitas. Tuvimos que salir corriendo pero antes tomé dos fotos de la escena.

Ahora me voy a dormir, después les seguiré contando cómo continuó la maratón de hoy en la ciudad más hermosa del mundo. Mañana nos vamos todo el día a Vicenza. Saludos y buenas noches. Mario …zzzzzzzzz…
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