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Venezia - dic.03/enero04
Tuesday, January 20, 2004
Spresiano, martes 20 de enero 2004
Ante todo disculpen los italianos que van leyendo estas líneas porque ayer estaba bromeando y puse un par de cosas que sólo eran chistes, la gente es limpia y hay mujeres bonitas, no tantas como en Argentina pero las hay (no sigo aclarando porque oscurece).
Hoy amaneció nublado con +1 de temperatura; el paisaje de árboles -como siempre- quieto, ni la más pequeña brisa, una pintura veneciana del Cima da Conegliano. Por momentos asoma tibiamente el sol pero no consigue cambiar el tono blanco helado del cesped.
Si bien ya conocía Europa –estuve 45 días en varios países hace justo siete años- me había olvidado de cómo era ésto y la manera de vivir que llevan, tan distinta a la nuestra. En la ocasión tomo el hecho como una ventaja dado que otra vez puedo volver a sorprenderme, las diferencias me pegan fuerte y siento el golpe como primero. Camino estas calles con el OH! en la boca sorprendido por pequeñas cosas que ellos en su habitualidad las ignoran o dan por descontadas; a nosotros allá nos pasa lo mismo. Mi condición de turista me permite ver lo que esta gente ya olvidó de tanto ver; la misma Zulma, la que muy inocentemente me hizo dejar el gorrito en las calles de Venezia, la que siempre cruza por las rayas cebra y no tira los papeles al piso, ella se habituó a ésto y le parece lo más común del mundo. Pero no es lo mismo… la diferencia es notable, acá se palpa este “primer mundo” tan lejano para los argentinos, tan otro mundo.
Acá no hay pibes mangando monedas en los semáforos, no hay pobreza ni desnutrición infantil, no hay villas miseria, todos trabajan y tienen dos autos y casas de dos plantas; ojalá fuera sólo eso, ojalá porque entonces no habría secretos, sería sólo cuestión de dinero. Pero me doy cuenta que hay algo más y es ese plus lo que me rompe la cabeza, lo que me hace sentir una profunda pena por mi querida Argentina y las grandes urbes donde vivimos. Vuelvo a decirlo, hay dos cosas que estos tanos no han perdido: el respeto por el otro y por la cosa pública; acá la “civitas” funciona, los colores elementales del acuerdo social se mantienen más allá de la miseria y las guerras por las que han pasado. Es ahí donde me sorprendo, no en los autos último modelo. Hay reglas del juego, tienen consenso y son tan previsibles como que dos más dos son cuatro; a nadie se le pasa por la cabeza pasárselas por el culo, ni ebrio ni dormido, chico o adolescente (estimados amigos… les resulta conocida la conducta contraria…? –imagino que sí).
Conversamos bastante de estas cosas con Zulma, ella me dice que la diferencia pasa por la educación, que acá cuidan mucho la escolaridad primaria y allá la hemos pulverizado. Me quedo pensando en esto de la educación… y sí… es uno de los nombres que se le puede dar a esa X que me interroga permanentemente.
Cuando la Argentina andaba bien y los FFCC eran estatales (yo era usuario en esa época) funcionaban que era un desastre. En Italia la extensa red ferroviaria es estatal y es de lejos mejor que cuando allá la privatizaron. Ver a un guarda de tren cuidar el convoy como si fuera suyo te conmueve, ver a un policía municipal vigilar atentamente las calles y no vacilar en meterse donde corresponde te deja pensando, no lo podés coimear porque vas preso. El plafón básico de los derechos y deberes está conservado, el abc de la convivencia no admite discusión y la Ley se respeta aunque no haya autoridades a la vista. No se puede atribuir esto que veo y relato al bienestar económico ni a ninguna otra cosa como no sea a los más elementales principios de la cultura y la vida civilizada.
Spresiano es un pueblo pero también he estado en Venezia, Treviso, Mogliano Véneto, Mareno di Piave, Conegliano, Udine, Palmanova y otros sitios; en todos lados aprecio lo mismo, orden, prolijidad, cortesía, educación.
Estoy inquieto por la nueva visita que mañana haremos a Venezia, no sé si nos va a dar el tiempo para todo lo que queremos ver y no creo que podamos regresar una cuarta vez. En fin, ya veremos, seguro que tendremos que andar a los piques. Hace un rato fui al Tabacchino a sacar los boletos en tren; a Venezia los dos pasajes ida y vuelta, E.11.18 - $ 35 (50 kmts.), y a Vicenza tres ida y vuelta E.25 - $ 80 (80 kmts.). No los regalan.
Datos al margen. En Spresiano no hay locutorios ni cyber-cafés, en todo el pueblo hay una sóla PC de uso público y está en la Biblioteca Municipal, cobran el uso E.2 la hora. Hay muchos teléfonos públicos en la calle, todos funcionan. Hay una sóla farmacia. Pegado a la chiesa de Spresiano sobre la Av. Pontebbana hay un viejo cartel de hierro oxidado donde se lee que “E vietato (está prohibido) sacar fotografías, efectuar filmaciones, hacer relevamientos y observar con binoculares, so pena de hacerse acreedor a los castigos que consigna la Ley”; tiene fecha de julio de 1941, plena seconda grande guerra.
Cari amici, egregi Signori, domani mercoledi io e Zulma andiamo a Venezia. Vedremo delle opere d’arte. Arrivederchi !!! Mario, il tano Vitale
Ante todo disculpen los italianos que van leyendo estas líneas porque ayer estaba bromeando y puse un par de cosas que sólo eran chistes, la gente es limpia y hay mujeres bonitas, no tantas como en Argentina pero las hay (no sigo aclarando porque oscurece).
Hoy amaneció nublado con +1 de temperatura; el paisaje de árboles -como siempre- quieto, ni la más pequeña brisa, una pintura veneciana del Cima da Conegliano. Por momentos asoma tibiamente el sol pero no consigue cambiar el tono blanco helado del cesped.
Si bien ya conocía Europa –estuve 45 días en varios países hace justo siete años- me había olvidado de cómo era ésto y la manera de vivir que llevan, tan distinta a la nuestra. En la ocasión tomo el hecho como una ventaja dado que otra vez puedo volver a sorprenderme, las diferencias me pegan fuerte y siento el golpe como primero. Camino estas calles con el OH! en la boca sorprendido por pequeñas cosas que ellos en su habitualidad las ignoran o dan por descontadas; a nosotros allá nos pasa lo mismo. Mi condición de turista me permite ver lo que esta gente ya olvidó de tanto ver; la misma Zulma, la que muy inocentemente me hizo dejar el gorrito en las calles de Venezia, la que siempre cruza por las rayas cebra y no tira los papeles al piso, ella se habituó a ésto y le parece lo más común del mundo. Pero no es lo mismo… la diferencia es notable, acá se palpa este “primer mundo” tan lejano para los argentinos, tan otro mundo.
Acá no hay pibes mangando monedas en los semáforos, no hay pobreza ni desnutrición infantil, no hay villas miseria, todos trabajan y tienen dos autos y casas de dos plantas; ojalá fuera sólo eso, ojalá porque entonces no habría secretos, sería sólo cuestión de dinero. Pero me doy cuenta que hay algo más y es ese plus lo que me rompe la cabeza, lo que me hace sentir una profunda pena por mi querida Argentina y las grandes urbes donde vivimos. Vuelvo a decirlo, hay dos cosas que estos tanos no han perdido: el respeto por el otro y por la cosa pública; acá la “civitas” funciona, los colores elementales del acuerdo social se mantienen más allá de la miseria y las guerras por las que han pasado. Es ahí donde me sorprendo, no en los autos último modelo. Hay reglas del juego, tienen consenso y son tan previsibles como que dos más dos son cuatro; a nadie se le pasa por la cabeza pasárselas por el culo, ni ebrio ni dormido, chico o adolescente (estimados amigos… les resulta conocida la conducta contraria…? –imagino que sí).
Conversamos bastante de estas cosas con Zulma, ella me dice que la diferencia pasa por la educación, que acá cuidan mucho la escolaridad primaria y allá la hemos pulverizado. Me quedo pensando en esto de la educación… y sí… es uno de los nombres que se le puede dar a esa X que me interroga permanentemente.
Cuando la Argentina andaba bien y los FFCC eran estatales (yo era usuario en esa época) funcionaban que era un desastre. En Italia la extensa red ferroviaria es estatal y es de lejos mejor que cuando allá la privatizaron. Ver a un guarda de tren cuidar el convoy como si fuera suyo te conmueve, ver a un policía municipal vigilar atentamente las calles y no vacilar en meterse donde corresponde te deja pensando, no lo podés coimear porque vas preso. El plafón básico de los derechos y deberes está conservado, el abc de la convivencia no admite discusión y la Ley se respeta aunque no haya autoridades a la vista. No se puede atribuir esto que veo y relato al bienestar económico ni a ninguna otra cosa como no sea a los más elementales principios de la cultura y la vida civilizada.
Spresiano es un pueblo pero también he estado en Venezia, Treviso, Mogliano Véneto, Mareno di Piave, Conegliano, Udine, Palmanova y otros sitios; en todos lados aprecio lo mismo, orden, prolijidad, cortesía, educación.
Estoy inquieto por la nueva visita que mañana haremos a Venezia, no sé si nos va a dar el tiempo para todo lo que queremos ver y no creo que podamos regresar una cuarta vez. En fin, ya veremos, seguro que tendremos que andar a los piques. Hace un rato fui al Tabacchino a sacar los boletos en tren; a Venezia los dos pasajes ida y vuelta, E.11.18 - $ 35 (50 kmts.), y a Vicenza tres ida y vuelta E.25 - $ 80 (80 kmts.). No los regalan.
Datos al margen. En Spresiano no hay locutorios ni cyber-cafés, en todo el pueblo hay una sóla PC de uso público y está en la Biblioteca Municipal, cobran el uso E.2 la hora. Hay muchos teléfonos públicos en la calle, todos funcionan. Hay una sóla farmacia. Pegado a la chiesa de Spresiano sobre la Av. Pontebbana hay un viejo cartel de hierro oxidado donde se lee que “E vietato (está prohibido) sacar fotografías, efectuar filmaciones, hacer relevamientos y observar con binoculares, so pena de hacerse acreedor a los castigos que consigna la Ley”; tiene fecha de julio de 1941, plena seconda grande guerra.
Cari amici, egregi Signori, domani mercoledi io e Zulma andiamo a Venezia. Vedremo delle opere d’arte. Arrivederchi !!! Mario, il tano Vitale
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