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Venezia - dic.03/enero04
Tuesday, January 13, 2004
Spresiano, martes 13 de enero 2004
(Cagamos... hoy es martes 13...)
En una de las referencias que hice acerca de la visita del 8 de enero a la Gallería dell’Accademia en Venezia agregué a la ligera y sin mayores detalles lo siguiente...
“Como anécdota refiero que vi tres impresionantes cuadros muy grandes (había muchos así); uno del Veronese llamado “Convito a casa di Leví” de 13 metros por 5.60 (!!!); otro del Tizziano Vecellio de…”
La otra vez que había estado por estos países me pegó fuerte un pintor llamado Paolo Caliari, detto IL VERONESE, nacido en Verona en 1528 y muerto en Venezia a la edad de 60 años en 1588. He vuelto a reencontrarme con él y aprovecho los momentos libres para interesarme por su obra.
El mencionado y gigantesco cuadro que afortunadamente pude contemplar merece una aclaración. Por esa pintura en 1573 Il Veronese fue citado por el Santo Tribunal de La Inquisición para rendir explicaciones; los frailes consideraron que la obra –hasta ese momento titulada “La Ultima Cena”- era indecente, blasfema y altamente ofensiva. Le hicieron juicio y el pintor tuvo que defenderse. En sus 13 metros de largo, bajo tres grandes arcos que sugieren un proscenio de la época clásica, se desarrolla La Ultima Cena de Jesús con sus discípulos con una particular característica: más que la Cena Sagrada es una bacanal. En las minutas escritas del juicio -que se conservan- quedó registrado que con mucha serenidad, calmo y seguro, Il Veronese respondió audazmente... “Nosotros los pintores nos tomamos la misma licencia que se toman los poetas y los locos”. No lo mandaron a la hoguera de casualidad o tal vez porque ya era un prestigioso artista.
Hay muchas figuras representadas en el cuadro, además de Jesús y los doce apóstoles está lleno de gente; bufones, pobres, borrachos, soldados, lisiados, mujeres, etc. El problema se zanjó de la siguiente manera: el irreverente pintor tuvo que cambiarle el nombre al cuadro; desde entonces se llamó “Fiesta en casa de Leví”.
Más de la mitad de la tan vasta como magnífica producción artística de este pintor está en Venezia desparramada por todos los palazzos e iglesias, ciudad donde se estableció desde 1555 en adelante. Sus restos descansan en la chiesa di San Sebastiano, completamente pintada por él. En la próxima ida a Venezia vamos a entrar a San Sebastiano y al Palazzo Ducale donde también hay muchas pinturas y frescos de este hombre al que admiro profundamente.
La mayoría de sus obras son de gran tamaño y no fueron hechas para ser comerciadas, Il Veronese no quiso entrar nunca en el mercado privado. Quedan más de 300 de sus trabajos con temas alegóricos, sagrados y mitológicos; otros se perdieron en incendios de chiesas, villas y palazzos.
A propósito de esto último apunto que es impresionante la cantidad de obras de arte que se han perdido por incendios, guerras, saqueos y –desde el siglo pasado- bombardeos a ciudades. Luego de la segunda guerra mundial Europa quedó destruida por las bombas aéreas y quien ha visto fotos y filmaciones de cómo quedaron las ciudades se asombra de no encontrar hoy un sólo rastro de semejante destrucción. Reconstruyeron absolutamente todo; es más, lo dejaron como estaba antes volviendo a colocar piedra sobre piedra, sin dudas un trabajo titánico. He visto aquí fotos de Treviso bombardeada y me resulta difícil creer que sea la misma ciudad donde estuve dos veces hace pocos días.
Leyendo sobre historia del arte -aquí tengo tiempo- me voy enterando de cosas. Increíblemente Venezia no está preparada para resistir un incendio de grandes proporciones que, de llegar a ocurrir, sería una catástrofe cultural e irreparable injuria para la memoria del arte bizantino y renacentista. De hecho el Teatro La Fenice se incendió en enero de 1996. También Il Palazzo Ducale sucumbió a un incendio en 1577, época de pleno apogeo artístico. Hay en Vicenza un cuadro del Veronese titulado “La fiesta de San Gregorio” de casi mts. 5 por 9 que en 1848 fue cortado y gravemente dañado por las bayonetas de los soldados austríacos (dicho sea de paso Il Veronese se especializaba en pintar fiestas). Los desastres que han hecho las tropas de los sucesivos ejércitos acampando en grandes templos repletos de obras de arte es tristísimo; después continuaron con los saqueos y finalmente para completarla aparecieron los aviones. Aún así lo que queda es vastísimo y merece ser cuidado y protegido.
Este es un país de muchísimo recurso económico; al margen de eso y considerando que su cultura de base y estilo de vida son muy dispares al nuestro, por comparación parecen dos planetas distintos. Es increíble la millonada de Euros que gasta (o invierte) Italia en la restauración y conservación de su inmenso patrimonio cultural; si los Euros fueran agua yo diría que las cantidades puestas son navegables por un transatlántico. Por todos lados se ven trabajos de restauración altamente calificados y con toda la maquinaria moderna.
Me voy arreglando bien con el idioma, Zulma me está enseñando algo y aunque no lo hablo lo entiendo bastante bien. Ante cualquier interlocutor lo primero que le digo es... “Buon giorno, per favore, parle molto piano, io sono spagnolo e non parlo l’italiano”, entonces los tipos me hablan pausadamente tratando de que les entienda y acompañan con grandes movimientos de manos. “Capito signore...?” ... “Sí, io capito, tante grazie e buona giornatta, arrivederchi !!!” Zulma se mata de risa y dice que me faltan cinco cmts. para que nadie se de cuenta que soy argentino, JA!
No puedo con la puta manía de cruzar las calles por cualquier lado sin respetar las líneas cebra. Esta mañana fui de compras al centro solo y tuve que cruzar la Pontebbana –por dar una idea diría que es como allá la Av. Calchaquí- bueno... me sigo sorprendiendo porque pongo un pie en la calle y se para Italia para dejarme pasar aunque esté cruzando por donde no corresponde. Nadie pone mala cara ni me putea; al llegar a la otra vereda medio avergonzado suelo decirle al automovilista que tengo más cerca “escusi signore”.
En Spresiano no hay viento; en su momento me llamó la atención y me lo han confirmado. El paisaje de árboles que veo a diario desde la puerta ventana del balcón está siempre quieto, como dibujado, es raro ver moverse un poquito la arboleda. No sé por qué motivo es ni si es así en toda la llanura padana (o véneta). Dentro de todo menos mal porque si hubiera viento con las bajas temperaturas que reinan nos congelaríamos sin vueltas. Dejo aquí. Salutti per tutti. Mario
(Cagamos... hoy es martes 13...)
En una de las referencias que hice acerca de la visita del 8 de enero a la Gallería dell’Accademia en Venezia agregué a la ligera y sin mayores detalles lo siguiente...
“Como anécdota refiero que vi tres impresionantes cuadros muy grandes (había muchos así); uno del Veronese llamado “Convito a casa di Leví” de 13 metros por 5.60 (!!!); otro del Tizziano Vecellio de…”
La otra vez que había estado por estos países me pegó fuerte un pintor llamado Paolo Caliari, detto IL VERONESE, nacido en Verona en 1528 y muerto en Venezia a la edad de 60 años en 1588. He vuelto a reencontrarme con él y aprovecho los momentos libres para interesarme por su obra.
El mencionado y gigantesco cuadro que afortunadamente pude contemplar merece una aclaración. Por esa pintura en 1573 Il Veronese fue citado por el Santo Tribunal de La Inquisición para rendir explicaciones; los frailes consideraron que la obra –hasta ese momento titulada “La Ultima Cena”- era indecente, blasfema y altamente ofensiva. Le hicieron juicio y el pintor tuvo que defenderse. En sus 13 metros de largo, bajo tres grandes arcos que sugieren un proscenio de la época clásica, se desarrolla La Ultima Cena de Jesús con sus discípulos con una particular característica: más que la Cena Sagrada es una bacanal. En las minutas escritas del juicio -que se conservan- quedó registrado que con mucha serenidad, calmo y seguro, Il Veronese respondió audazmente... “Nosotros los pintores nos tomamos la misma licencia que se toman los poetas y los locos”. No lo mandaron a la hoguera de casualidad o tal vez porque ya era un prestigioso artista.
Hay muchas figuras representadas en el cuadro, además de Jesús y los doce apóstoles está lleno de gente; bufones, pobres, borrachos, soldados, lisiados, mujeres, etc. El problema se zanjó de la siguiente manera: el irreverente pintor tuvo que cambiarle el nombre al cuadro; desde entonces se llamó “Fiesta en casa de Leví”.
Más de la mitad de la tan vasta como magnífica producción artística de este pintor está en Venezia desparramada por todos los palazzos e iglesias, ciudad donde se estableció desde 1555 en adelante. Sus restos descansan en la chiesa di San Sebastiano, completamente pintada por él. En la próxima ida a Venezia vamos a entrar a San Sebastiano y al Palazzo Ducale donde también hay muchas pinturas y frescos de este hombre al que admiro profundamente.
La mayoría de sus obras son de gran tamaño y no fueron hechas para ser comerciadas, Il Veronese no quiso entrar nunca en el mercado privado. Quedan más de 300 de sus trabajos con temas alegóricos, sagrados y mitológicos; otros se perdieron en incendios de chiesas, villas y palazzos.
A propósito de esto último apunto que es impresionante la cantidad de obras de arte que se han perdido por incendios, guerras, saqueos y –desde el siglo pasado- bombardeos a ciudades. Luego de la segunda guerra mundial Europa quedó destruida por las bombas aéreas y quien ha visto fotos y filmaciones de cómo quedaron las ciudades se asombra de no encontrar hoy un sólo rastro de semejante destrucción. Reconstruyeron absolutamente todo; es más, lo dejaron como estaba antes volviendo a colocar piedra sobre piedra, sin dudas un trabajo titánico. He visto aquí fotos de Treviso bombardeada y me resulta difícil creer que sea la misma ciudad donde estuve dos veces hace pocos días.
Leyendo sobre historia del arte -aquí tengo tiempo- me voy enterando de cosas. Increíblemente Venezia no está preparada para resistir un incendio de grandes proporciones que, de llegar a ocurrir, sería una catástrofe cultural e irreparable injuria para la memoria del arte bizantino y renacentista. De hecho el Teatro La Fenice se incendió en enero de 1996. También Il Palazzo Ducale sucumbió a un incendio en 1577, época de pleno apogeo artístico. Hay en Vicenza un cuadro del Veronese titulado “La fiesta de San Gregorio” de casi mts. 5 por 9 que en 1848 fue cortado y gravemente dañado por las bayonetas de los soldados austríacos (dicho sea de paso Il Veronese se especializaba en pintar fiestas). Los desastres que han hecho las tropas de los sucesivos ejércitos acampando en grandes templos repletos de obras de arte es tristísimo; después continuaron con los saqueos y finalmente para completarla aparecieron los aviones. Aún así lo que queda es vastísimo y merece ser cuidado y protegido.
Este es un país de muchísimo recurso económico; al margen de eso y considerando que su cultura de base y estilo de vida son muy dispares al nuestro, por comparación parecen dos planetas distintos. Es increíble la millonada de Euros que gasta (o invierte) Italia en la restauración y conservación de su inmenso patrimonio cultural; si los Euros fueran agua yo diría que las cantidades puestas son navegables por un transatlántico. Por todos lados se ven trabajos de restauración altamente calificados y con toda la maquinaria moderna.
Me voy arreglando bien con el idioma, Zulma me está enseñando algo y aunque no lo hablo lo entiendo bastante bien. Ante cualquier interlocutor lo primero que le digo es... “Buon giorno, per favore, parle molto piano, io sono spagnolo e non parlo l’italiano”, entonces los tipos me hablan pausadamente tratando de que les entienda y acompañan con grandes movimientos de manos. “Capito signore...?” ... “Sí, io capito, tante grazie e buona giornatta, arrivederchi !!!” Zulma se mata de risa y dice que me faltan cinco cmts. para que nadie se de cuenta que soy argentino, JA!
No puedo con la puta manía de cruzar las calles por cualquier lado sin respetar las líneas cebra. Esta mañana fui de compras al centro solo y tuve que cruzar la Pontebbana –por dar una idea diría que es como allá la Av. Calchaquí- bueno... me sigo sorprendiendo porque pongo un pie en la calle y se para Italia para dejarme pasar aunque esté cruzando por donde no corresponde. Nadie pone mala cara ni me putea; al llegar a la otra vereda medio avergonzado suelo decirle al automovilista que tengo más cerca “escusi signore”.
En Spresiano no hay viento; en su momento me llamó la atención y me lo han confirmado. El paisaje de árboles que veo a diario desde la puerta ventana del balcón está siempre quieto, como dibujado, es raro ver moverse un poquito la arboleda. No sé por qué motivo es ni si es así en toda la llanura padana (o véneta). Dentro de todo menos mal porque si hubiera viento con las bajas temperaturas que reinan nos congelaríamos sin vueltas. Dejo aquí. Salutti per tutti. Mario
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