Links
Archives
Venezia - dic.03/enero04
Monday, January 12, 2004
Spresiano, lunes 12 de enero 2004
Acá estoy de vuelta y los saludo nuevamente. Más de uno ha de preguntarse de dónde saco tiempo para escribir lo que voy posteando en “zulmario”... es muy sencillo. Estoy en un pueblo y hace un frio de aquellos; a las 17 hs. ya es de noche y Zulma trabaja de 19 a 24 hs. entonces en esas cinco horas no tengo otra cosa para hacer como no sea escribir, leer o escuchar radio. Afuera no se puede salir -tampoco hay donde ir- y con temperaturas bajo cero no queda nadie en las calles. He ahí la explicación.
Me divierten mucho unos carteles en italiano que los veo hasta el cansancio, los siguientes: Divieto di Affizione (prohibido fijar carteles), Vietato Fumare (prohibido fumar), Divieto di Sosta (prohibido estacionar), Attenti al cane (cuidado con el perro), Uscita (salida), Sottopassaggio (pasaje subterráneo), Vietato attraversari i binari (prohibido cruzar las vias). No sé por qué me hacen gracia pero me rio cada vez que los veo. Es muy lindo el idioma italiano, dulce y gracil, latino.
No hay planes concretos para hoy ni mañana, lunes y martes Zulma trabaja también al mediodía. Este jueves próximo vamos a ir nuevamente a Udine y tenemos pendientes un tercer viaje a Venezia; veremos de ir también a Vicenza, Castelfranco y alguna otra de las tantas milenarias ciudades que hay por aquí.
Leni y Miguel, les mando un fuerte abrazo y espero las cosas vayan marchando de la mejor manera. Alfredo, venite con el velero a Venezia, cobramos Euros 100 la vuelta por el Canal y nos llenamos los bolsillos (los ponjas hacen cola). Celi, un beso y saludos a Michel. Pablo, que lo estés pasando lindo por Bariloche. Lucía, cuando regreses sacala a pasear a Catalina. Alegría y Antonio, el mejor de mis abrazos desde esta tierra de los “pechos de lata”, JA!
Con Zulma hemos hablado bastante de la diferencia de modo de ser entre este pueblo y el nuestro, me refiero a lo ya comentado en días anteriores. Ella ve que casi todos los inmigrantes de otros países rápidamente se adaptan a las costumbres locales, aun los argentinos que somos tan díscolos; piensa que la gente se asimila al medio donde vive. Su opinión es muy atendible ya que tanto ella como tres de sus hijos son inmigrantes de años. Puede ser, tal vez sea así, no hay manera de pensar otra cosa. En todo caso el interrogante que persiste es por qué allá en las urbes Argentinas la convivencia diaria se ha salvajizado hasta extremos inentendibles. No me refiero a situaciones que pueden ser derivadas de serios problemas socioeconómicos sino a las cosas más simples de todos los días, en la clase media, en los descendientes de europeos. Hemos perdido el respeto, la tolerancia, la educación mínima, el cuidado por los espacios públicos, la estética de las ciudades, el acatamiento a las Leyes más basales de la relación con el otro, los buenos usos y costumbres. Los argentinos que estén leyendo estas líneas me entienden.
He dado muchos ejemplos de cosas que voy viendo, algunas podrían ser adjudicadas al elevado nivel de vida, otras al riguroso sistema punitivo que cohibe a los infractores; pero hay otras que dependen exclusivamente de un contexto sociocultural muy distinto al nuestro. Por tomar sólo dos de esos ejemplos, el cuidado y respeto con que los universitarios de Treviso tratan a la casa de estudios, y el gorro tirado en una vereda que Zulma me hizo dejar en Venezia. Voy a este último; hay acá una Ley no escrita o costumbre de consenso que hace que lo que se encuentra tirado en la calle porque alguien lo perdió no se lleva a casa, se lo deja en el mismo lugar donde estaba, en lo posible mejor ubicado por si el dueño regresa a buscarlo. Olvidé decir que aquel gorro de abrigo no lo dejé en el suelo, lo puse arriba de un andamio de madera bien a la vista; dos horas después volvimos a pasar por ahí y seguía estando, ningún otro de los tantos que pasaron después que yo se lo había llevado.
No es una pavada, es un fragmento de conducta social que vale oro como material de estudio y (me) pide explicación. Es muy lógica esa conducta, tanto como la nuestra de llevarnos el gorro a casa; ambas tienen sentido siendo tan opuestas. Hay pilas de esas costumbres de consenso que acá funcionan al revés que en Argentina y propician una mejor calidad de vida. Como ya he apuntado estos también pasaron por guerras, bombardeos, barbaries, pestes, hambre y miseria, y sin embargo el tejido social no está arruinado, la cultura siguió funcionando a pesar de todo, las buenas costumbres se conservaron y restablecieron. Acá no tenés que estar con la guardia en alto viendo quién te va a joder o con qué vuelto se van a quedar, no son “ligeros” ni piolas, y sin embargo viven mejor.
En fin... que me gustaría conversar de estas cosas con mis amigos argentinos, a la vuelta tendremos oportunidad de hacerlo. Mario
PD: Hoy lunes estamos de “veranito”, son las 12 del mediodía y el termómetro del balcón marca +5 grados.
Acá estoy de vuelta y los saludo nuevamente. Más de uno ha de preguntarse de dónde saco tiempo para escribir lo que voy posteando en “zulmario”... es muy sencillo. Estoy en un pueblo y hace un frio de aquellos; a las 17 hs. ya es de noche y Zulma trabaja de 19 a 24 hs. entonces en esas cinco horas no tengo otra cosa para hacer como no sea escribir, leer o escuchar radio. Afuera no se puede salir -tampoco hay donde ir- y con temperaturas bajo cero no queda nadie en las calles. He ahí la explicación.
Me divierten mucho unos carteles en italiano que los veo hasta el cansancio, los siguientes: Divieto di Affizione (prohibido fijar carteles), Vietato Fumare (prohibido fumar), Divieto di Sosta (prohibido estacionar), Attenti al cane (cuidado con el perro), Uscita (salida), Sottopassaggio (pasaje subterráneo), Vietato attraversari i binari (prohibido cruzar las vias). No sé por qué me hacen gracia pero me rio cada vez que los veo. Es muy lindo el idioma italiano, dulce y gracil, latino.
No hay planes concretos para hoy ni mañana, lunes y martes Zulma trabaja también al mediodía. Este jueves próximo vamos a ir nuevamente a Udine y tenemos pendientes un tercer viaje a Venezia; veremos de ir también a Vicenza, Castelfranco y alguna otra de las tantas milenarias ciudades que hay por aquí.
Leni y Miguel, les mando un fuerte abrazo y espero las cosas vayan marchando de la mejor manera. Alfredo, venite con el velero a Venezia, cobramos Euros 100 la vuelta por el Canal y nos llenamos los bolsillos (los ponjas hacen cola). Celi, un beso y saludos a Michel. Pablo, que lo estés pasando lindo por Bariloche. Lucía, cuando regreses sacala a pasear a Catalina. Alegría y Antonio, el mejor de mis abrazos desde esta tierra de los “pechos de lata”, JA!
Con Zulma hemos hablado bastante de la diferencia de modo de ser entre este pueblo y el nuestro, me refiero a lo ya comentado en días anteriores. Ella ve que casi todos los inmigrantes de otros países rápidamente se adaptan a las costumbres locales, aun los argentinos que somos tan díscolos; piensa que la gente se asimila al medio donde vive. Su opinión es muy atendible ya que tanto ella como tres de sus hijos son inmigrantes de años. Puede ser, tal vez sea así, no hay manera de pensar otra cosa. En todo caso el interrogante que persiste es por qué allá en las urbes Argentinas la convivencia diaria se ha salvajizado hasta extremos inentendibles. No me refiero a situaciones que pueden ser derivadas de serios problemas socioeconómicos sino a las cosas más simples de todos los días, en la clase media, en los descendientes de europeos. Hemos perdido el respeto, la tolerancia, la educación mínima, el cuidado por los espacios públicos, la estética de las ciudades, el acatamiento a las Leyes más basales de la relación con el otro, los buenos usos y costumbres. Los argentinos que estén leyendo estas líneas me entienden.
He dado muchos ejemplos de cosas que voy viendo, algunas podrían ser adjudicadas al elevado nivel de vida, otras al riguroso sistema punitivo que cohibe a los infractores; pero hay otras que dependen exclusivamente de un contexto sociocultural muy distinto al nuestro. Por tomar sólo dos de esos ejemplos, el cuidado y respeto con que los universitarios de Treviso tratan a la casa de estudios, y el gorro tirado en una vereda que Zulma me hizo dejar en Venezia. Voy a este último; hay acá una Ley no escrita o costumbre de consenso que hace que lo que se encuentra tirado en la calle porque alguien lo perdió no se lleva a casa, se lo deja en el mismo lugar donde estaba, en lo posible mejor ubicado por si el dueño regresa a buscarlo. Olvidé decir que aquel gorro de abrigo no lo dejé en el suelo, lo puse arriba de un andamio de madera bien a la vista; dos horas después volvimos a pasar por ahí y seguía estando, ningún otro de los tantos que pasaron después que yo se lo había llevado.
No es una pavada, es un fragmento de conducta social que vale oro como material de estudio y (me) pide explicación. Es muy lógica esa conducta, tanto como la nuestra de llevarnos el gorro a casa; ambas tienen sentido siendo tan opuestas. Hay pilas de esas costumbres de consenso que acá funcionan al revés que en Argentina y propician una mejor calidad de vida. Como ya he apuntado estos también pasaron por guerras, bombardeos, barbaries, pestes, hambre y miseria, y sin embargo el tejido social no está arruinado, la cultura siguió funcionando a pesar de todo, las buenas costumbres se conservaron y restablecieron. Acá no tenés que estar con la guardia en alto viendo quién te va a joder o con qué vuelto se van a quedar, no son “ligeros” ni piolas, y sin embargo viven mejor.
En fin... que me gustaría conversar de estas cosas con mis amigos argentinos, a la vuelta tendremos oportunidad de hacerlo. Mario
PD: Hoy lunes estamos de “veranito”, son las 12 del mediodía y el termómetro del balcón marca +5 grados.
Comments:
Post a Comment