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Venezia - dic.03/enero04
Friday, January 23, 2004
Spresiano, jueves 22 de enero 2004
Primero voy a seguir con lo de ayer en VENEZIA y si me da el tiempo luego iré a lo de hoy en Vicenza. Venimos de otra maratón y estoy nuevamente cansado como una mula de carga; son tan distintas a las nuestras las ciudades italianas que cada vez que salimos quiero ver y visitar todo lo que hay pero nunca se alcanza.
Ayer luego de salir del Correr y la Biblioteca Marciana nos fuimos a ver dos de las 300 chiesas que hay en Venezia, dos muy cuidadosamente elegidas por nosotros; El dato me lo dieron hoy y no me sorprendió: hay trescientas iglesias en Venezia. Había más pero Napoleón –tengo que averiguar el motivo- se encargó de tirar abajo unas cuantas.
Tenía una idea aprox. de dónde se encontraba SAN SEBASTIANO, como quien dice… está hacia allá, hay que cruzar el Canal Grande y caminar unos 200 o 300 metros. Bueno… lo que ya conté… es entrar a dar vueltas por los callejones, preguntarle a uno y otro, caminar en un laberinto borgeano y equivocar iremisiblemente el trayecto; no hay forma de orientarse, ni con brújula podés no perderte. Igual se lo aprovecha porque uno va conociendo las entrañas de la ciudad y se entretiene leyendo placas en marmol recordatorias de los personajes que han vivido en esos lúgubres pasadizos. Al final una doña nos dijo que bordeáramos un canal que por ahí pasaba y “sempre diritto” al llegar al próximo puente dobláramos “a sinistra”, que ahí nos íbamos a topar de frente con San Sebastiano. Dio resultado.
Se trata de la chiesa de IL VERONESE. Parece que el pintor tuvo siempre una particular predilección por esa –“su” chiesa- e hizo lo que tenía que hacer, lo que quiso, vale decir que “se” la pintó toda, toda, toda; como es de suponer pidió que lo enterraran ahí y su deseo fue cumplido. Entrar a San Sebastiano es como entrar a la casa particular de Paolo Caliari; desde 1555, año en que fijó residencia definitiva en Venezia, estuvo una parva de años trabajando en esa desconocida chiesa que terminó haciéndose famosa gracias a él. Vaya a saber uno el porqué de esa “fijación” que le agarró… el hecho es que pintó y afrescó todo el techo, las tapas del órgano por dentro y por fuera, el presbiterio, el altar mayor y casi todos los altares laterales. Hay también una pala del Tizziano (un San Nicolás hecho a sus 86 años) y dos o tres más de otros pintores pero el 90% de la decoración es obra del Veronese. La chiesa es de principios del S.XVI. y para entrar a verla hay que pagar E.2.50.-
Estoy seguro que de cada 100 personas que van a esta iglesia 95 lo hacen para ver los cuadros del Veronese y los frailes lo saben, entonces cobran. Está del otro lado del Canal Grande, alejada de la “S” turística, me costó encontrarla en el mapa de la ciudad y más llegar hasta ella. Por fuera no dice nada, aparenta ser chiquita y es una más entre las 300, arrinconada contra un canalcito de los cientos que corren por todos lados. Y sin embargo… y sin embargo es un exquisito cóctel de camarones para los que gustamos del arte renacentista. Los comerciantes del Templo inventaron un ticket especial que permite ver 15 iglesias por sólo E.8.50; ésta es una de ellas.
Por ser muchas ni voy a mencionar las palas que vimos pero puedo corroborar lo que subscriben todos los críticos de arte: no se puede apreciar cabalmente la obra del Veronese sin ver San Sebastiano; el tipo es un maestro inigualable de los colores brillantes y la perspectiva; los tres enormes cuadros del techo –"Coronación de Esther" (mts. 4.50 por 3.70), "Triunfo de Mordecai" y una tercera que ya no recuerdo- los hizo para ser vistos desde abajo y en esa misma iglesia, calculando la altura. No sé cuántas obras hay, no las conté, lo que sí hice fue intentar imaginar la cantidad de veces que este hombre había estado casi cinco siglos antes en ese mismo lugar donde yo estaba. No hay más como Caliari, el día que cayeron sus pinceles se nubló el cielo y han de haber llorado hasta los santos.
De ahí rajamos a buscar la segunda chiesa que habíamos elegido para ver: SANTA MARIA GLORIOSA DEI FRARI. El cansancio, el frio y la sobredosis de obras de arte ya ni se sentían, Venezia no tiene precio y desde Argentina no se puede ir todos los días. Andando y preguntando, preguntando y doblando cada treinta metros, cruzando incontables puentecitos y atravesando oscuros pasajes llegamos a la mole que guarda en el altar mayor la obra más célebre del Tizziano, una descomunal pala de mts. 6.68 por 3.44 titulada L’ASSUNTA, el más bello cuadro jamás hecho sobre La Asunción de La Virgen a Los Cielos. Me senté un rato largo en el primer asiento de la iglesia a contemplar esta pala que tantas veces había soñado ver. Es sublime, me resulta imposible transmitir su fina belleza y lo que impone a la vista, quedé alucinado mirándola; Canova dijo que era el cuadro más bello del mundo.
La Virgen vestida de rojo, con los brazos abiertos, está en el centro de una fulgurante luz y se eleva sobre los asombrados y gesticulantes Apóstoles mientras sube hacia lo alto; la ves subir, el Tizziano consiguió darle un movimiento envolvente que resulta increíble. Desde arriba el Padre Eterno, inclinado y también en movimiento, la recibe en el espacio infinito. Todos los críticos coinciden en forma unánime que hay tal grandiosidad de estilo, finura de composición, sublimidad de invención, audacia en la pincelada, transparencia y magia de color que hacen de ella una obra insuperable. Los colores se encienden gradualmente de abajo hacia arriba hasta estallar de luminoso esplendor en el acercamiento de la Virgen al Santo Padre. Le llevó dos años pintarla y el 19 de mayo de 1518 la colocaron en el marco que había preparado Lorenzo Bregno. En las últimas dos guerras mundiales tuvieron que desplazarla de ciudad por temor a los bombardeos.
El resto de lo que hay en la basílica es para empezar de vuelta y escribir el libro de 145 páginas que compré al salir. Tal como en las otras chiesas en esta oblás con gusto los E.2.50 que te cobran los mercaderes del Templo. Hay adentro varios Dux enterrados en suntuosos monumentos funerarios que hacen temblar a toda la Recoleta de Buenos Aires, trabajos del mejor arte renacentista veneziano. Son apabullantes las obras de Palma il Giovane, Il Sansovino, Baldassare Longhena, Andrea Vicentino, Pietro Lombardo, Donato di Niccoló detto Il Donatello, los Vivarini, Giovanni Bellini, Andrea del Cione detto Il Verrocchio (el maestro del Vinci), y sigue una lista interminable… casi todos de los S.XV y XVI. La primera edificación de esta basílica es del 1231 y la actual de 1330, el exterior es de estilo gótico tardío aunque no despampanante debido al hecho ser una chiesa de la orden franciscana.
Hay otra muy famosa pala del Tizziano del 1526 que te vuela la cabeza llamada “LA VIRGEN DE CA’PESARO” mts.4.85 por 2.70 a quien Fogolari definió como “un milagro de la pintura”. El maestro innova desplazando a la Virgen del centro del cuadro sin por eso hacerle perder el papel protagónico; el juego de miradas entre San Francisco y el Niño Jesús es para alquilar balcones. Abajo a derecha el genial pintor puso a un chico que observa a quien mira el cuadro siguiéndote con la mirada en cualquier lugar que te ubiques.
En medio del espacio y debajo del crucero está situado el coro compuesto por 124 sitiales enteramente tallado y taraceado en madera por Francesco y Marco Cozzi, de Vicenza, terminado en 1468. Mirarlo detenidamente y quedarte vizco es la misma cosa; no se puede entender cómo dos artistas de la madera pudieron realizar semejante laburo.
Dentro de la nave está supuestamente enterrado el Tizziano, muerto en Venezia el 27 de agosto de 1576. Pidió descansar ahí. El monumento funerario –enteramente en marmol de Carrara- es colosal; el centro está dominado por la estatua que representa al pintor coronado de laureles, a su lado la naturaleza universal y el genio del saber con las estatuas de la Pintura, la Escultura, la Gráfica y la Arquitectura.
También hay un fastuoso monumento neoclásico a Canova hecho por sus discípulos (en qué mármol…? … si dijo “blanco de Carrara” se ganó el premio !!!) semejando una gran pirámide con una puerta de acceso. Delante de la puerta abierta se ven avanzar figuras de mujer que representan a la Escultura llorando, la Pintura y la Arquitectura. “A Antonio Canova príncipe de los escultores de su época, la Academia Veneta de Bellas Artes con la contribución de toda Europa. 1827”. Murió en Venezia en 1822 pero descansa en la ciudad de Possagno.
Para terminar. Hay mucho más en Santa María Gloriosa dei Frari pero no voy a continuar. Cada altar lateral es para escribir un tratado, el fastuoso y barroco llamado “de las Reliquias” contiene una ampolla de cristal con gotas de la sangre de Cristo, traida de Constantinopla. Es muy bello el contraste que da el mármol blanco de Carrara contra el de color terracota de Verona. Hay contabilizadas en esta basílica 114 obras de arte a la vista, todas de primerísima línea y de hace 400 y 500 años; ante cada una te sacás el sombrero.
Después de nueve maratónicas horas y con lo que finalmente quedaba de nuestra osamenta ya de noche y nuevamente preguntando y doblando, haciendo 30 metros y volviendo a preguntar, “sempre diritto !!!” llegamos a las 17 hs. a la estación del tren, dos minutos antes que se nos fuera. Mañana les cuento Vicenza. Mario
Primero voy a seguir con lo de ayer en VENEZIA y si me da el tiempo luego iré a lo de hoy en Vicenza. Venimos de otra maratón y estoy nuevamente cansado como una mula de carga; son tan distintas a las nuestras las ciudades italianas que cada vez que salimos quiero ver y visitar todo lo que hay pero nunca se alcanza.
Ayer luego de salir del Correr y la Biblioteca Marciana nos fuimos a ver dos de las 300 chiesas que hay en Venezia, dos muy cuidadosamente elegidas por nosotros; El dato me lo dieron hoy y no me sorprendió: hay trescientas iglesias en Venezia. Había más pero Napoleón –tengo que averiguar el motivo- se encargó de tirar abajo unas cuantas.
Tenía una idea aprox. de dónde se encontraba SAN SEBASTIANO, como quien dice… está hacia allá, hay que cruzar el Canal Grande y caminar unos 200 o 300 metros. Bueno… lo que ya conté… es entrar a dar vueltas por los callejones, preguntarle a uno y otro, caminar en un laberinto borgeano y equivocar iremisiblemente el trayecto; no hay forma de orientarse, ni con brújula podés no perderte. Igual se lo aprovecha porque uno va conociendo las entrañas de la ciudad y se entretiene leyendo placas en marmol recordatorias de los personajes que han vivido en esos lúgubres pasadizos. Al final una doña nos dijo que bordeáramos un canal que por ahí pasaba y “sempre diritto” al llegar al próximo puente dobláramos “a sinistra”, que ahí nos íbamos a topar de frente con San Sebastiano. Dio resultado.
Se trata de la chiesa de IL VERONESE. Parece que el pintor tuvo siempre una particular predilección por esa –“su” chiesa- e hizo lo que tenía que hacer, lo que quiso, vale decir que “se” la pintó toda, toda, toda; como es de suponer pidió que lo enterraran ahí y su deseo fue cumplido. Entrar a San Sebastiano es como entrar a la casa particular de Paolo Caliari; desde 1555, año en que fijó residencia definitiva en Venezia, estuvo una parva de años trabajando en esa desconocida chiesa que terminó haciéndose famosa gracias a él. Vaya a saber uno el porqué de esa “fijación” que le agarró… el hecho es que pintó y afrescó todo el techo, las tapas del órgano por dentro y por fuera, el presbiterio, el altar mayor y casi todos los altares laterales. Hay también una pala del Tizziano (un San Nicolás hecho a sus 86 años) y dos o tres más de otros pintores pero el 90% de la decoración es obra del Veronese. La chiesa es de principios del S.XVI. y para entrar a verla hay que pagar E.2.50.-
Estoy seguro que de cada 100 personas que van a esta iglesia 95 lo hacen para ver los cuadros del Veronese y los frailes lo saben, entonces cobran. Está del otro lado del Canal Grande, alejada de la “S” turística, me costó encontrarla en el mapa de la ciudad y más llegar hasta ella. Por fuera no dice nada, aparenta ser chiquita y es una más entre las 300, arrinconada contra un canalcito de los cientos que corren por todos lados. Y sin embargo… y sin embargo es un exquisito cóctel de camarones para los que gustamos del arte renacentista. Los comerciantes del Templo inventaron un ticket especial que permite ver 15 iglesias por sólo E.8.50; ésta es una de ellas.
Por ser muchas ni voy a mencionar las palas que vimos pero puedo corroborar lo que subscriben todos los críticos de arte: no se puede apreciar cabalmente la obra del Veronese sin ver San Sebastiano; el tipo es un maestro inigualable de los colores brillantes y la perspectiva; los tres enormes cuadros del techo –"Coronación de Esther" (mts. 4.50 por 3.70), "Triunfo de Mordecai" y una tercera que ya no recuerdo- los hizo para ser vistos desde abajo y en esa misma iglesia, calculando la altura. No sé cuántas obras hay, no las conté, lo que sí hice fue intentar imaginar la cantidad de veces que este hombre había estado casi cinco siglos antes en ese mismo lugar donde yo estaba. No hay más como Caliari, el día que cayeron sus pinceles se nubló el cielo y han de haber llorado hasta los santos.
De ahí rajamos a buscar la segunda chiesa que habíamos elegido para ver: SANTA MARIA GLORIOSA DEI FRARI. El cansancio, el frio y la sobredosis de obras de arte ya ni se sentían, Venezia no tiene precio y desde Argentina no se puede ir todos los días. Andando y preguntando, preguntando y doblando cada treinta metros, cruzando incontables puentecitos y atravesando oscuros pasajes llegamos a la mole que guarda en el altar mayor la obra más célebre del Tizziano, una descomunal pala de mts. 6.68 por 3.44 titulada L’ASSUNTA, el más bello cuadro jamás hecho sobre La Asunción de La Virgen a Los Cielos. Me senté un rato largo en el primer asiento de la iglesia a contemplar esta pala que tantas veces había soñado ver. Es sublime, me resulta imposible transmitir su fina belleza y lo que impone a la vista, quedé alucinado mirándola; Canova dijo que era el cuadro más bello del mundo.
La Virgen vestida de rojo, con los brazos abiertos, está en el centro de una fulgurante luz y se eleva sobre los asombrados y gesticulantes Apóstoles mientras sube hacia lo alto; la ves subir, el Tizziano consiguió darle un movimiento envolvente que resulta increíble. Desde arriba el Padre Eterno, inclinado y también en movimiento, la recibe en el espacio infinito. Todos los críticos coinciden en forma unánime que hay tal grandiosidad de estilo, finura de composición, sublimidad de invención, audacia en la pincelada, transparencia y magia de color que hacen de ella una obra insuperable. Los colores se encienden gradualmente de abajo hacia arriba hasta estallar de luminoso esplendor en el acercamiento de la Virgen al Santo Padre. Le llevó dos años pintarla y el 19 de mayo de 1518 la colocaron en el marco que había preparado Lorenzo Bregno. En las últimas dos guerras mundiales tuvieron que desplazarla de ciudad por temor a los bombardeos.
El resto de lo que hay en la basílica es para empezar de vuelta y escribir el libro de 145 páginas que compré al salir. Tal como en las otras chiesas en esta oblás con gusto los E.2.50 que te cobran los mercaderes del Templo. Hay adentro varios Dux enterrados en suntuosos monumentos funerarios que hacen temblar a toda la Recoleta de Buenos Aires, trabajos del mejor arte renacentista veneziano. Son apabullantes las obras de Palma il Giovane, Il Sansovino, Baldassare Longhena, Andrea Vicentino, Pietro Lombardo, Donato di Niccoló detto Il Donatello, los Vivarini, Giovanni Bellini, Andrea del Cione detto Il Verrocchio (el maestro del Vinci), y sigue una lista interminable… casi todos de los S.XV y XVI. La primera edificación de esta basílica es del 1231 y la actual de 1330, el exterior es de estilo gótico tardío aunque no despampanante debido al hecho ser una chiesa de la orden franciscana.
Hay otra muy famosa pala del Tizziano del 1526 que te vuela la cabeza llamada “LA VIRGEN DE CA’PESARO” mts.4.85 por 2.70 a quien Fogolari definió como “un milagro de la pintura”. El maestro innova desplazando a la Virgen del centro del cuadro sin por eso hacerle perder el papel protagónico; el juego de miradas entre San Francisco y el Niño Jesús es para alquilar balcones. Abajo a derecha el genial pintor puso a un chico que observa a quien mira el cuadro siguiéndote con la mirada en cualquier lugar que te ubiques.
En medio del espacio y debajo del crucero está situado el coro compuesto por 124 sitiales enteramente tallado y taraceado en madera por Francesco y Marco Cozzi, de Vicenza, terminado en 1468. Mirarlo detenidamente y quedarte vizco es la misma cosa; no se puede entender cómo dos artistas de la madera pudieron realizar semejante laburo.
Dentro de la nave está supuestamente enterrado el Tizziano, muerto en Venezia el 27 de agosto de 1576. Pidió descansar ahí. El monumento funerario –enteramente en marmol de Carrara- es colosal; el centro está dominado por la estatua que representa al pintor coronado de laureles, a su lado la naturaleza universal y el genio del saber con las estatuas de la Pintura, la Escultura, la Gráfica y la Arquitectura.
También hay un fastuoso monumento neoclásico a Canova hecho por sus discípulos (en qué mármol…? … si dijo “blanco de Carrara” se ganó el premio !!!) semejando una gran pirámide con una puerta de acceso. Delante de la puerta abierta se ven avanzar figuras de mujer que representan a la Escultura llorando, la Pintura y la Arquitectura. “A Antonio Canova príncipe de los escultores de su época, la Academia Veneta de Bellas Artes con la contribución de toda Europa. 1827”. Murió en Venezia en 1822 pero descansa en la ciudad de Possagno.
Para terminar. Hay mucho más en Santa María Gloriosa dei Frari pero no voy a continuar. Cada altar lateral es para escribir un tratado, el fastuoso y barroco llamado “de las Reliquias” contiene una ampolla de cristal con gotas de la sangre de Cristo, traida de Constantinopla. Es muy bello el contraste que da el mármol blanco de Carrara contra el de color terracota de Verona. Hay contabilizadas en esta basílica 114 obras de arte a la vista, todas de primerísima línea y de hace 400 y 500 años; ante cada una te sacás el sombrero.
Después de nueve maratónicas horas y con lo que finalmente quedaba de nuestra osamenta ya de noche y nuevamente preguntando y doblando, haciendo 30 metros y volviendo a preguntar, “sempre diritto !!!” llegamos a las 17 hs. a la estación del tren, dos minutos antes que se nos fuera. Mañana les cuento Vicenza. Mario
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