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Venezia - dic.03/enero04

Sunday, January 11, 2004

Spresiano, domingo 11 de enero 04
Hola estimados y nunca bien ponderados, buenos días y respeto. El hermoso y soleado día de ayer finalmente terminó con una espesa niebla y –3 grados bajo cero a las 22.30 hs. No quieran ni saber la machaza helada con que amaneció hoy, parecía que hubiera nevado… hermanos, ni que hubieran pintado el paisaje con harina…

Voy a empezar por contarles algunas particularidades sueltas que me quedaron por ahí. Los bidets son distintos a los de allá, no tienen flor en la base; adosado a la canilla viene un cañito movible que se puede direccionar. Los baños -ignoro por qué- no tienen rejilla en el piso para escurrir el agua. Las puertas abren todas para afuera, es una medida de seguridad para facilitar la salida en caso de urgencias, incendios por ejemplo; aun las que dan a la vereda o directamente a la calle abren para afuera si la construcción es moderna. Las piletas de cocina y baño tienen solamente una canilla que girando a derecha o izquierda dan agua fria o caliente, y hacia arriba o abajo regulan el volumen del agua. Hay un auto muy feo marca Smart, chico, cuadrado, color negro y amarillo y de sólo dos asientos que para manejarlo no hace falta tener registro. La calefacción de las casas es a gas y está regulada por un sistema central electrónico que permite fijar la temperatura deseada. Todos los vidrios de puertas y ventanas que dan para afuera son dobles para amortiguar el intenso frio invernal. No dan la sensación térmica, eso no se conoce.

Marita, las tarjetas telefónicas que me encargaste para tu colección no me resulta nada fácil conseguirlas, hasta ahora agatas si pude juntar unas siete; sucede que la gente no las tira al suelo sino a los cestos habilitados para residuos, entonces no hay ni siquiera en las estaciones de trenes de las grandes ciudades. Si leés estos relatos habrás visto que acá nadie tira nada al piso.

Al respecto y como cosa general me parece que debo aclarar que todo lo que voy contando es lo que yo veo en esta ciudad y otras que he visitado, todas en el norte de Italia; no creo que se pueda extender a todo el país. Me han dicho que en el sur las cosas no son tan así, tampoco son como en Argentina.

A veces me pregunto por qué esta gente que ha pasado por infinidad de guerras, entre otras las dos “mundiales” del siglo pasado -la última hace apenas 50 años- han prosperado de tal manera y se comportan con un sentido de la cultura, la urbanidad y el orden tan distinto al que yo veo en las ciudades de mi querida Patria. A estos en la última guerra mundial los han bombardeado casi hasta la destrucción total, han pasado hambre, pestes y miseria como los peores y hoy tienen un standard de vida y un sistema de convivencia y respeto realmente envidiable.

No puedo ser tan ingenuo como para pensar que en Treviso no se afanan los maceteros del puente sobre el Sile porque tienen plata para comprarlos; no es eso, es otra cosa. ¿Por qué en la Universidad los estudiantes no rompen los bancos ni tiran las latitas de Coca Cola al piso? ¿Por qué esta gente respeta la Ley en vez de pasársela por el culo? ¿Por qué cuando vas a cruzar la calle los autos paran y nadie te putea? ¿Qué hostias nos pasó a nosotros los argentinos…? Hay pilas de cosas y situaciones simples de la vida cotidiana que me arrancan una exclamación de asombro y le digo a Zulma… ¿viste lo que hizo ese tipo…!!?? Ella hace dos años que vive acá y ya se olvidó del impacto inicial pero comprende mi asombro porque también es argentina.

Ya me había olvidado de todo esto… estuve por primera vez en Europa 43 días en enero del 97 y recuerdo que la experiencia me sacó la cabeza, me dio vuelta como una media; lo mismo me está pasando ahora. Me había olvidado que hay gente que vive de otra manera, que se puede vivir de otra manera. Habituado al cotidiano de la ciudad donde uno vive se termina por pensar que el mundo es así y uno se va acostumbrando a cualquier cosa hasta llegar a la peor de las degradaciones. Ver a esa gente dejando las bicis sin amarrar la otra mañana en la estación de Spresiano fue algo que me conmovió; no puedo dejar de comparar con Argentina y se me hace un ñoqui en el mate. Sé que en los pueblos del interior de la pcia. de Bs. As. las cosas funcionan aprox. como aquí pero el Far West en que se han transformado las urbes de mi Patria dista mucho de lo que yo veo aquí como cultura generalizada, aun en las ciudades grandes.

A las 10 hs. estábamos en la estación de Spresiano -aquí enfrente a pocos metros- esperando el tren para ir a Mogliano Véneto, al solcito, contemplando la feroz helada cercana y a los lejos la cadena de Los Alpes toda nevada. Estuvimos en la expo llamada “La luce del nero” (la luz del negro) con 80 obras de Henri Matisse, no pinturas sino litografías, aguafuertes, linóleos y dibujos a carbonilla. La intención de la muestra –con obras traídas de diversos países- es mostrar como “il maestro dei colori” lograba utilizar el negro puro como tono de luz y síntesis de todos los colores; de ahí el título de la expo. Lo consigue, se lo aprecia, indubablemente se trata de un capolavoro de la pintura; a veces con una magistral economía de trazos consigue en cinco o seis líneas sugerir un cuerpo en cierta posición.

Gerardo, vi un “incisione su carta” titulada Masque Mélancolique de unos cmts. 35 por 28, año 1947, donde Matisse dibuja en breves trazos la cara de una mujer depresiva. Es de una colección privada anónima. ¿la tenés?... me dijo el curador que si venís a buscarla te la regala para que la pongas en www.herreros.com.ar

Salimos y afuera hacía más frio que en Alaska; eran justo las 12 hs. y nos metimos en Il Duomo de Mogliano, acababa de terminar la misa dominical y los feligreses se estaban retirando. Un cartel decía que la chiesa es (era) del S.IX, fue destruida por los húngaros y reedificada en el S.XV. El chiostro (claustro) benedettino adyacente es del S.XII. De lo que había adentro no les voy a contar para no cansarlos pero sí quiero referir algo que observé.

Cerca del altar mayor, a un costado, había dos canastitas para poner la limosna; al pasar por al lado las vi y me di cuenta que estaban llenas de Euros... con veloz reflejo argentino miré para ambos lados y no había moros en la costa... otra vez me ocurrió lo que a Jesús en el Monte de Los Olivos: me tentó Satanás. Obviamente no toqué nada pero... lo pensé (habría unos Euros 200 en biletes chicos y monedas). Sigo caminando por una nave lateral y a la altura del presepio (pesebre) veo otra canastita llena de guita, vuelvo a relojear para todos lados y no había nadie... mmmmmm... tampoco toqué nada pero me di cuenta cabalmente que Satanás no es italiano, es argentino.
Allá el fraile no hubiera descuidado las tres canastitas ni un segundo, acá sabe perfectamente que nadie en su sano juicio va a meter la mano, ni se le ocurre que eso pueda llegar a pasar.

Afuera el frio era insoportable, teníamos las manos congeladas y entramos a tomar un café en el boliche de la estación. Después regresamos a casa. Va un abrazo para todos de Mario.
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